Hoy lunes 7 de diciembre, tendremos misa a las 20:00 después celebraremos la Vigilia de la Inmaculada Concepción. La palabra vigilia procede del latín y significa estar despierto o en vela, María es el principal y mejor ejemplo de confianza en Dios.
«Bendita sea tu Pureza y eternamente lo sea pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, Celestial princesa, Virgen Sagrada, María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, ¡no me dejes, Madre mía!«
Mañana, Inmaculada Concepción tendremos misa alas 9:00h, 12:15h y 20:00h.
En este segundo domingo de Adviento continuamos decorando nuestro templo, colgando un nuevo lienzo con nuevo rótulo que viene a ampliar al del domingo anterior: “¡OH DIOS! RESTÁURANOS, PARA VOLVER A TI”
Encendemos también la segunda vela de la corona de adviento como expresión de que poco a poco nos vamos acercando al Señor que viene a salvarnos. Esta esperanza nos hace encontrarnos con el Señor que viene a nuestros corazones y a nuestras vidas en medio de nuestras realidades, de nuestra cotidianeidad, de nuestro día a día.
El mensaje central en este segundo domingo de Adviento: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos” Voz que grita en el desierto de esta pandemia, que nos invita a hacer un esfuerzo de conversión, de cambio de vida, para volver al Señor.
Este es un Adviento un tanto especial, vivimos en plena pandemia, que ha originado una crisis sanitaria y otras crisis paralelas generadas por misma pandemia. Se trata de un tiempo de travesía por el desierto, donde hacemos nuestras las palabras del profeta Isaías: “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén”. Aquí Jerusalén, es nuestra sociedad, donde Dios se revela al corazón del hombre como el Padre lleno de afecto.
Hoy la Palabra nos interpela a escucharla con un corazón sencillo y abierto para conseguir una verdadera renovación, una restauración interior que nos ayude a vivir estos momentos duros, de falta de empleo, de crisis económica, de situaciones difíciles de muchos hermanos nuestros que necesitan mantener una esperanza, que necesitan de nuestro acompañamiento, de ánimo de que esta situación se va a superar, como tantas otras que hemos superado.
Tenemos como comunidad una tarea: consolar, ayudar y hacer presente a Dios en realidad de nuestra sociedad, preparando en este desierto un camino al Señor, en pocas palabras, anunciar a Jesucristo y allanar los senderos para que este anuncio llegue a todos.
Tras el paso de nivel de alerta a 2 del Distrito del Valle del Guadalhorce, en el que se encuentra Alhaurín de la Torre, el aforo en las ceremonias religiosas se ha aumentado al 50%.
Seamos responsables, y sigamos guardando las medidas de seguridad, higiene y distanciamiento.
Hoy domingo 22 de noviembre, los cristianos celebramos la Solemnidad de Cristo Rey, con la que finaliza el año litúrgico.
«Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?». Y el rey les dirá: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicistéis»
A traves de las lecturas de hoy, reflexionemos si dejamos que Jesucristo sea el rey, el centro, de nuestras vidas. Vivamos mirando al que tenemos a nuestro lado, al prójimo, con quién el mismo Jesús se identifica.
«No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí»
En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice: – Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: – Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Evangelio de hoy, 2 de noviembre – SAN JUAN 14, 1-6