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SOLEMNIDAD MADRE DE DIOS 01/01/2021

El Señor con su misericordia, en este año que acabamos de comenzar, nos bendiga a nosotros, a nuestras familias y todos los que amamos. Así comienzan las lecturas, hablando de bendiciones, de cómo bendecir y de cómo tenemos que bendecirnos unos a otros:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz” Dios nos bendice y nos llama a bendecir, queremos que este año que comienza sea bendecido por el Señor. Este año la felicitación de Feliz Año Nuevo resulta rara y extraña por muchos motivos.

Atrás dejamos un año marcado por una epidemia a escala mundial, y marcado también con la llegada de unas vacunas con las que esperamos que a lo largo de este año desaparezca el virus, o al menos lo haga en gran medida.

Hoy concluimos la octava de Navidad, ocho días llenos de celebraciones. Dedicamos a las celebraciones una octava, ochos días, una semana completa, cuando los misterios que reflexionamos, oramos, meditamos y contemplamos son tan grandes que no lo alcanzamos a celebrar en un solo día. La liturgia actualmente tiene dos octavas: la de Pascua, que va desde el domingo de Resurrección al domingo de la Misericordia, y la octava de Navidad, que va desde el día de Navidad hasta el día primero de año, día de la solemnidad de Madre de Dios.

En la octava de Navidad comenzábamos celebrando a Jesús, hijo de María, y terminamos la octava celebrando a María Madre de Jesús. En esta octava reflexionamos el misterio de la irrupción de Dios, de la mano de María, en nuestra misma humanidad, en nuestra historia. Es la fiesta mariana más importante del año, todo lo que se pueda decir de María depende de un hecho, que no es otro que la vocación y llamada a ser Madre del Mesías, Madre de Nuestro Señor. Madre de Dios argumenta los demás dogmas marianos.

Madre de Dios es una expresión que puede suponer establecer un origen humano al mismo Dios. En realidad, la expresión Madre de Dios no es una expresión mariana, sino cristológica, pues lo que quiere expresar es que en Dios, en la persona de Cristo, se une divinidad y humanidad. No se trata simplemente de un hecho biológico, “Nacido de mujer, sometido a la ley”, ser madre no es solo alojar en el útero al bebe durante aproximadamente cuarenta semanas, sino que es dar vida en sentido pleno, es interesarse y desvivirse por su crecimiento y desarrollo. Con este mismo realismo tenemos que ver a María frente a Jesús y desposada con un hombre justo, José, que es el que mejor podemos observar que ser padre/madre no se resume al hecho biológico. Sin ser padre biológico, José participó en la formación, crecimiento y educación de Jesús.

El evangelio de hoy nos resalta que, a los pastores, a los más sencillos, a los más humildes, son los primeros a los que el ángel les anuncia la Gran Noticia y ellos van a toda prisa a contemplar lo que el ángel les había anunciado, y son ellos a su vez anunciadores que causan admiración dando testimonio de lo que han visto y han contemplado. Del mismo modo nos tenemos que acercar al Niño, con sencillez y humildad, con oración como hacía María, como nos dice el evangelio que mientras esto sucedía “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”, y al mismo tiempo ser nosotros también anunciadores de esa Gran Noticia.

Un hecho importante, es el hecho de poner el nombre Jesús al Niño, que significa Dios salva. Es lo que el ángel dijo a María en el momento de la Anunciación y en sueños a José. Es importantísimo el hecho de poner nombre, tarea, que, en el mundo judío, recae en el padre, es el padre quien pone nombre, y es José quien pone nombre a Jesús. Este año que comenzamos, a petición del Papa, es un año dedicado a San José, con motivo del 150 aniversario de su declaración como patrón de la Iglesia universal; también un año especial dedicado a la familia, al cumplirse los cinco años de la publicación de la encíclica Amoris Laetitia. Ambas conmemoraciones convergen, pues san José es modelo de esposo amante, respetuoso de su esposa; y modelo de padre.

Hoy en un día en el que también celebramos La Jornada Mundial de la Paz, cuyo mensaje no podemos ignorar, pues debemos trabajar encarecidamente por la paz, que se encuentra amenazada en muchos lugares del mundo. No olvidemos que todos formamos, parte de una familia y al mismo tiempo que todos formamos parte de la única familia humana. Por eso, esta dedicación del año a la familia es una llamada para acoger y tener presente a los migrantes, José junto a María y el Niño tuvo que migrar y huir a Egipto, estaban amenazados, buscaban al Niño para matarlo.  El Papa propone a san José como patrono de los migrantes: “santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria”.

Feliz Año Nuevo y que María nos acompañe siempre.

DIA DE LA SAGRADA FAMILIA

Hoy domingo 27 de diciembre, los cristianos celebramos  la fiesta de la Sagrada Familia, que nos lleva a reflexionar y hacer nuestras las vivencias de la familia en donde creció y se desarrolló Nuestro Señor.

Dios quiso nacer en el seno de una familia, formada por José, María y Jesús. Familia dondeel Hijo de Dios fue acogido con gozo y alegría, donde nació pobre y humilde, donde creció y se educó como hombre, obediente a Dios, a María y a José. Celebramos la doble dimensión de la Familia de Nazaret, su dimensión divina y su dimensión humana. Dios quiso nacer bajo una humilde familia para hacer brillar su luz a todas las naciones.

Somos seres sociales, incapaces de vivir sin familia, nacemos completamente desvalidos, desde que somos concebidos necesitamos de relaciones, toda familia está constituida por relaciones: la relación entre los esposos; entre los padres y los hijos; entre los abuelos y los nietos. La pandemia se ha cebado con los miembros más mayores de nuestras familias. Las lecturas nos invitan a reflexionar sobre ellos, padres para unos, abuelos para otros. Son a los que más afectan los acelerados cambios sociales, cambios que han traído consigo nuevos problemas como: soledad, marginación, el descarte a los mayores, …

En la primera lectura oímos: “Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza”.  Los cambios sociales conllevan que el prestar el cuidado y la atención necesaria a nuestros mayores suela delegarse en terceros, bien dentro o fuera del hogar familiar. De nuestra parte está no causarles tristezas, hacerles sentirse amados y unidos a la familia, nos lo recuerda S. Pablo en la segunda lectura: “Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”, y en la relación con todos los miembros de la familia “Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia”

En el Evangelio de hoy, ellos prevalecen de forma especial en las figuras del anciano Simeón y de Ana, de ambos aprendemos una virtud: la esperanza. Simeón había esperado toda la vida poder ver al Mesías, cercano a su fin, parecía todo acabado; y en la espera un día le llegó la alegría de estrechar entre sus brazos al Niño Jesús. Ana, a pesar del peso de los años, no cesa de servir a Dios y hablar del Niño a todos. Son transmisores de la fe a las generaciones más jóvenes, a sus nietos.

Sigamos esperando como Simeón y como Ana continuemos hablando de Jesús.

Feliz domingo.

NOCHEBUENA Y NAVIDAD 2020

Este año, celebraremos la Nochebuena en nuestra parroquia a las 23:30h. No habrá misa a las 20:00h

El día de Navidad, 25 de diciembre, las Eucaristías se celebrarán alas 9:00 12:15 y 20:00h.

Siempre guardaremos las medidas higienicosanitarias y de distanciamiento social.

Sigamos siendo responsables.

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Completamos los rótulos colocando el último lienzo, terminamos nuestra frase o antífona: “¡Oh Dios! restáuranos, para volver a ti y redescubrir la alegría de la salvación”.

Encendemos la cuarta vela, que expresa que el Señor ya está cerca, que nos prepararemos para celebrar ese momento en que la Palabra que acompañó a los patriarcas, la Palabra que se reveló a Moisés y que acompañó al pueblo de Israel, la Palabra que llegada la plenitud de los tiempos se hace hombre, se mete de lleno y de pleno en nuestra historia para salvarnos. Celebrar esto es tomar en serio que si Dios se hizo hombre y se embarcó en nuestra historia fue para nuestra salvación, por eso estamos invitados a redescubrir la alegría de la salvación.

La primera lectura del libro de Samuel, nos relata que una vez libre el rey David, después de vencer a sus enemigos y de las campañas militares, el rey David tiene su conciencia intranquila, vive en un gran palacio rodeado de todo lujo, mientras el Arca de la Alianza estaba en una tienda de campaña. El rey David quiere construirle un templo al Señor. Por medio de Natán Dios le dice al rey David que no se preocupe por eso. David se estableció, Dios no, Dios no necesita templos, su presencia no se puede encerrar en lugares, es Dios de la vida y acompaña a los hombres en los acontecimientos de la vida, no está sujeto ni aun lugar ni al tiempo. El Señor dice a David: “Yo te daré una casa a ti”, en ese mismo sentido leemos el salmo: “Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades” de ahí brota la promesa davídica que marcará toda la historia. Por eso, ese mismo Dios es el que nos acompaña hoy, en este tiempo de pandemia, Dios sigue en camino, se hace presente en las personas, en nuestra historia y en especial en los necesitados, en los pobres, en los enfermos.  El templo de Dios son las personas, somos llamados a ser presencia y templos de Dios en nuestras vidas.

S. Pablo, prorrumpe en la segunda lectura en un cántico de alabanza porque el proyecto salvífico de Dios, oculto desde la eternidad, ha sido ahora revelado en Cristo: “revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente por las Escrituras que lo predicen”

En el evangelio, el sí que María, su respuesta afirmativa al plan salvífico de Dios, le lleva concebir en su seno, a dar a luz un hijo y al que pondrá por nombre Jesús, “se llamará Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David” cumpliéndose la promesa davídica, la promesa de salvación. Es el Espíritu de Dios quien lleva la iniciativa y dirige los hilos de la historia, sirviéndose de personas.

Feliz domingo.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

Seguimos decorando nuestro templo, hemos colgado un nuevo lienzo con un
nuevo rótulo, que viene a ampliar los rótulos de los domingos anteriores de
este Adviento:

“¡OH DIOS! RESTÁURANOS, PARA VOLVER A TI Y REDESCUBRIR
LA ALEGRÍA”

También encendemos la tercera vela de la corona de adviento, de este tercer domingo de Adviento, conocido y llamado también como domingo de Gaudete, del gozaos, de la alegría, que viene a expresar y significar que el Señor está cerca. El color morado tiene un significado de penitencia, de llamada a la conversión, en la liturgia de este tercer domingo el color morado
se relaja, que se torna más suave, toma un tono rosado, como símbolo de esa alegría, del gozo por la cercanía del Señor. La reforma de nuestro interior, la conversión, nos va llevando al encuentro con el Señor, que ya está cerca, que viene a nuestros corazones y a nuestras vidas. La primera lectura del profeta Isaías nos recuerda al inicio de ministerio de Jesús, es el texto que lee en la sinagoga de Nazaret, ha venido a proclamar la Buena Noticia a los pobres, a los ciegos, a los oprimidos, es proclamado el Evangelio. El Magnifica sustituye al salmo en esta ocasión, mientras en la segunda lectura S. Pablo nos anima a estar siempre alegres, a perseverar y ser constantes hasta la venida de Nuestro Señor.
El evangelio nos invita a descubrir las semejanzas y las diferencias entre Juan el Bautista y Nuestro Señor, las cuales podemos resumir en: voz y palabra, bautismo de agua y de espíritu, y misión. Mientras Juan es la voz que clama y que pasa, Nuestro Señor es la Palabra que permanece. Nosotros estamos llamados a ser precursores del Señor, a preparar sus caminos. Juan bautizaba con agua, pero como el mismo dice viene otro tras de mi que bautiza con fuego. Mientras el agua limpia, quita la suciedad, el fuego transforma. Mientras el bautismo de Juan es para el arrepentimiento, el bautismo de Nuestro Señor nos otorga la gracia, nos transforma en nuevas criaturas. La misión de Juan era buscar en nosotros el arrepentimiento, la misión del Señor es que pongamos nuestra confianza en la gracia que Dios nos da a través de Nuestro Señor.
Feliz domingo y feliz semana.