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II Domingo del Tiempo Ordinario

18/01/2026

Tras las fiestas navideñas entramos en el Tiempo Ordinario, la vida normal en el ámbito eclesial y cotidiano, lo cual no significa que sea un tiempo poco importante; al contrario, es la oportunidad de vivir nuestra fe en medio de la rutina diaria: en el trabajo, con la familia, …. Hoy, la Palabra de Dios funciona como un eco de la Epifanía, invitándonos a reconocer quién es Jesús y cuál es nuestra misión.

Coincide en este domingo el inicio de la semana de oración por la unión de los cristianos, cuyo lema para este año es “Un solo Espíritu, una sola Esperanza” una semana carga de celebraciones ecuménicas. También en nuestra parroquia celebramos la renovación de las promesas matrimoniales y oración especial por los matrimonios. Y la Jornada de la Infancia Misionera, que bajo el lema “Tu vida, una misión” nos recuerda que todos somos enviados por Dios desde nuestro bautismo. La misión no requiere cosas extraordinarias; comienza en lo pequeño: ayudando en casa, siendo amables o compartiendo nuestra alegría con gestos sencillos de servicio.

En el Evangelio escuchamos el testimonio de Juan el Bautista; Jesús, el Cordero. Al ver a Jesús, no habla de sí mismo, sino que lo señala y dice: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Para los contemporáneos de Jesús, el cordero recordaba el sacrificio pascual que marcó la liberación de la esclavitud; ahora, Jesús es quien nos reconcilia con Dios de forma definitiva.

Pero Jesús no es solo el Cordero, como dice el profeta Isaías, Él es la “Luz de las naciones”. Su salvación no es para un grupo cerrado, sino que debe llegar hasta los confines de la tierra. Él es el Hijo de Dios sobre quien descansa el Espíritu, enviado para iluminar cualquier oscuridad de nuestro corazón.

Aquí estoy, nuestra respuesta personal ante Jesús que se nos manifiesta, el Salmo nos da la clave para responder: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Ser cristiano no es solo saber cosas sobre Jesús, sino dejar que su Palabra nos modele y transforme. San Pablo nos recuerda que hemos sido santificados en Cristo y llamados a ser su pueblo santo. Esto significa que, al igual que Juan el Bautista, cada uno de nosotros tiene una vocación única y una misión; nuestra vida no es una casualidad.

Que llenos de su fuerza seamos testigos convencidos, y que durante toda la semana  ayudemos a otros a encontrar el camino hacia la Luz. Señor, aquí estoy, cuenta conmigo para llevar tu amor a los demás.

Feliz domingo y feliz semana.

Regalos al Niño de Dios.  Candelaria

En la mañana del pasado domingo 11 de enero, tras la celebración de la Santa Misa, se han bendecido con mucho cariño dos regalos ofrecidos al Niño de Dios.

La bendición fue realizada por nuestro querido cura párroco, don Manolo Córdoba, en un acto lleno de emoción y recogimiento.

La ráfaga (diadema) y el orbe sobre su pecho, representando la realeza de Jesús sobre el Universo, han sido regalados en nombre de las madrinas de 2025: Gimena Cerdán Vega, Sofía Rebollo Vallejo, Victoria Mata Mestanza y Ana Santana Sánchez.

Con el paso del tiempo, cada año, las madrinas continúan aportando su cariño y sus obsequios; enriqueciendo nuestra hermosa costumbre.

Agradecemos profundamente a las madrinas por su generosidad; y seguimos celebrando juntos nuestra fe y tradiciones.

Os dejamos algunas fotos,

Solemnidad Bautismo del Señor

11/01/2026

La Solemnidad del Bautismo del Señor marca el final del tiempo de Navidad y comienza el tiempo ordinario, el tiempo de la misión y enseñanzas de Jesús.

La primera lectura, del profeta Isaías, nos presenta la figura del “Siervo de Yahvé”, a quien Dios sostiene y en quien se complace. Este Siervo no es un líder que se impone por la fuerza o el grito, sino que actúa con una gentileza extrema: “la caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará”. Su misión es universal, destinado a ser luz de las naciones para abrir los ojos de los ciegos y liberar a los cautivos.

El salmo nos invita a aclamar la gloria y el poder del Señor, cuya voz potente resuena sobre las aguas. Esta imagen recuerda no solo el poder creador, sino también el escenario del Jordán donde la voz del Padre se manifestará. El estribillo central, “El Señor bendice a su pueblo con la paz”, resume el objetivo de la misión que Jesús inaugura, traer una prosperidad duradera y una reconciliación profunda entre Dios y la humanidad.

San Pedro, en su discurso en casa del centurión Cornelio, proclama una verdad revolucionaria: Dios no tiene favoritos; acepta a quien practica la justicia sin importar su raza o nación. Pedro resume la vida de Jesús de Nazaret como el “Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo”, señalando que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos”. Este texto confirma que el bautismo de Jesús fue el momento de su investidura para una misión de solidaridad y sanación universal.

El relato del evangelista Mateo nos muestra a Jesús viniendo desde Galilea para ser bautizado por Juan. Ante la resistencia inicial del Bautista, Jesús insiste para cumplir toda justicia, lo que significa obedecer plenamente el plan salvador del Padre. Al sumergirse en el agua, Jesús se pone en la fila de los pecadores, no porque tenga pecado, sino por solidaridad con nuestra debilidad y condición humana. El momento culmina con una teofanía: El Espíritu de Dios desciende como una paloma sobre Él. La voz del Padre resuena desde el cielo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

El Bautismo del Señor nos recuerda que, por nuestro propio bautismo, hemos sido incorporados a esta misma familia y misión. Ya no somos esclavos, sino hijos y herederos. Como bautizados, llevamos al Espíritu Santo en el corazón, lo que nos da la fuerza para hacer el bien y vencer las dificultades

Feliz domingo, Solemnidad del Bautismo del Señor, y feliz semana.