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XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO31/07/2022

Seguimos tras las huellas del Maestro que continúa camino hacia Jerusalén. Jesús va instruyendo a sus discípulos y, dos mil años después, hace los mismo con nosotros, primero nos llamó a seguir su mismo camino, nos enseñó quien es nuestro prójimo.

Ya en casa de Marta y María nos aleccionó a estar a la escucha de las enseñanzas y la pasada semana hizo lo propio con respecto a la oración. Este Domingo XVIII del tiempo ordinario nos instruye acerca de las riquezas.

Una semana más seguimos lamentado la ola de incendios y nuestra geografía y las de nuestros países vecinos. También en esta semana, el pasado miércoles, orábamos por nuestro párroco Reinaldo en las bodas de plata de su ordenación, celebrábamos la eucaristía de acción de gracias por este gran evento el pasado viernes.

Un pequeño compendio o síntesis de las lecturas puede quedar así: en la primera lectura, del libro del Eclesiastés o Qohelet, no viene a decir que las riquezas no dan sentido a la vida del hombre, es vanidad, vaciedad sin sentido “tienen que dejarle su porción a uno que no ha trabajado”. El salmo es la contrapartida “Señor, tú has sido nuestro refugio”, todo es caduco, pero Dios es eterno “mil años en tu presencia son un ayer que pasó” y el hombre por el contrario es “como hierba que florece y se renueva por la mañana y por la tarde la siegan y se seca” San pablo en la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, nos exhorta a buscar los bienes de arriba, no los de la tierra, nos invita a dar muerte a las idolatrías que nos atan e impiden el seguimiento de Jesús “revestirnos de la nueva condición”. Jesús en el Evangelio nos avisa del peligro de las riquezas y la necesidad del desprendimiento para seguirle “guardaos de toda clase de codicia”

De la primera lectura, del libro de Qohelet, es muy conocida la expresión de este gran libro de la sabiduría judía, libro sapiencial “¡Vanidad de vanidades: todo es vanidad!” el esfuerzo no siempre recibe recompensa. Nos preocupamos, nos fatigamos, y a veces no sirve para nada. Qohelet relativiza los diversos afanes que solemos tener, incluido el trabajo “¿qué saca el hombre de todos los trabajos que lo fatigan bajo el sol?” Nos dice que el hombre no saca nada, tan solo penas e insomnios, “De día su tarea es sufrir y penar; de noche, no descansa su mente” nos da una visión viva de la caducidad del ser humano. El salmo nos recuerda que la vida es como la hierba, que por la mañana esta fresca y por la tarde está seca, en el mismo salmo cantamos al Señor pidiéndole que “Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prosperas las obras de nuestras manos”

En la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, San Pablo nos muestra los valores importantes, los trascendentes “los bienes de arriba”. Nos presenta una lista de actitudes a evitar, nos invita a vivir unos valores que van mas allá de la moral individual, unos valores que tienen incidencia social.

Propone un nuevo modo de vivir con propósito de cambio, nos invita a “despojarnos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestirnos de la nueva condición”.

Se abandona el hombre viejo, se adquiere una nueva condición “y os habéis revestidos de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo, libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos”

En el evangelio, Lucas, como en otras ocasiones, ante la pregunta de uno de sus oyentes aprovecha la ocasión para desarrollar su enseñanza e instrucción. En esta ocasión es a raíz de uno que le pide que le ayude a resolver una cuestión o problema de herencia, algo muy frecuente entre hermanos de antes y de ahora. Jesús se opone porque no tiene autoridad oficial para dar una sentencia, pero si tiene autoridad moral y desde ella interviene, señalando la causa de este conflicto y en consecuencia interviene para resolverlo. La causa, lo dice bien claro, es la avaricia, pues aparentemente la posesión de bienes parece garantizar un buen porvenir, pero de hecho no aseguran nada, todo lo contrario, hacen que nos olvidemos de Dios, que es realmente el Señor de la vida y el que asegura un futuro feliz. Jesús nos avisa contra la excesiva ambición y deseo de tener “guardaos de toda clase de codicia”, porque nuestra vida “no depende de nuestros bienes”. Con la parábola del hombre que se enriquece queda claro, la gran cosecha recogida hace creer al hombre rico que tiene garantizado un futuro feliz, llegando incluso a decirse a si mismo “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años, descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

El hombre se habla a si mismo, convencido, pero engañado, vive a espaldas de Dios y no tiene en cuenta su finitud, de hecho la misma noche de la gran cosecha le llega la muerte. Los bienes no libran de la muerte, ni de la muerte prematura.

El único que puede asegurar la vida es Dios, por eso el mejor uso que se puede hacer de los bienes es ser rico para Dios, compartir los bienes con los pobres, que es el modo de depositar los bienes en el cielo, la única banca segura. Amontonar bienes es un engaño, la verdadera felicidad la da Dios y se consigue compartiendo.

Busquemos la autentica felicidad, que no está en los bienes de este mundo, sino en seguir a Jesús, ayudando siempre a los hermanos, sobre todo a los más necesitados, buscando siempre la justicia, la solidaridad, la paz y el amor. Pedimos al Señor por la extinción de los incendios forestales y le damos gracias por los 25 años de sacerdocio de Reinaldo.

Feliz domingo y feliz semana.

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO24/07/2022

Domingo XVII del tiempo ordinario, el pasado domingo invitábamos a Jesús a nuestra casa, escuchamos y vivimos de su Palabra como verdaderos discípulos, ahora Jesús nos enseña a orar, a llamar a Dios Padre Nuestro, Abba. Nos enseña a hablar con un Padre que sabemos que nos quiere, que nos escucha, rezar no es hablar mucho sino confiar plenamente como hijos.

Coincide este domingo con la II Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores cuyo lema para este año es: “En la vejez seguirán dando fruto” (Sal 92,15).

Damos gracias a Dios por extinción del incendio que hemos padecido en nuestra sierra, y no sumamos a la petición por la extinción de los incendios que azotan nuestra geografía y la de los países vecinos.

Una síntesis de las lecturas puede ser esta: en la primera lectura, vemos cómo, por la oración de Abrahán, Dios está dispuesto a perdonar a las habitantes de Sodoma “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más”. Y habiendo experimentado la misericordia de Dios, podremos proclamar y cantar como lo hacemos en el salmo: “Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. […] Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” En la segunda lectura, Pablo en la carta a los Colosenses, nos dice que nosotros, que estábamos muertos por nuestros pecados, recibimos de parte de Dios la vida en Cristo recibiendo el perdón por el bautismo “Os vivificó con él, perdonándoos todos los pecados”. Y Jesús, en el evangelio, nos enseñó lo que debemos pedir, con el Padrenuestro, y nos insiste en que pidamos con fe lo que necesitemos: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.

La primera lectura, tomada del libro del Génesis, es continuación del leído la semana pasada, el episodio de Mambré en el que Abrahán y Sara fueron visitados por tres personajes divinos. Tras la visita se dirigen a Sodoma y Abrahán, que continua con la hospitalidad, los acompaña para despedirse de ellos. La lectura de este domingo nos habla de la intercesión de Abrahán “Insistió Abrahán” en favor de una ciudad pecadora llamada Sodoma. Pone a Abrahán como ejemplo de persona que tiene una profunda confianza en Dios, es un hombre justo y fiel “es que vas a destruir al inocente con el culpable”, que exige fidelidad a los designios de Dios, y se atreve a insistir en la oración, a pedir cada vez más, porque sabe que el Señor es bueno Abrahán continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?. Contestó el Señor: En atención a los diez, no la destruiré”.

El relato destaca la desproporción: a pocos inocentes que haya, Dios inclina la balanza, perdonando a un número de culpables mucho mayor.

La segunda lectura, de la carta a los Colosenses, destaca la generosidad de Dios, que nos dio vida en Cristo, perdonándonos todos nuestros pecados “Canceló la nota de cargo que nos condenaba”. Dios nos ha perdonado todos los pecados por medio de la muerte y resurrección de su Hijo. Jesús nos tomos a todos en su misterio pascual, no volviéndolo de un modo individualista, sino que dando su vida como rescate por todos nosotros. Con el bautismo que hemos recibido los creyentes morimos a la antigua condición de pecadores “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo” y hemos renacido a una nueva condición “habéis resucitado con él”

Lucas, en el evangelio, nos muestra en primer lugar, que el ejemplo de Jesús suscita en el corazón de los discípulos el deseo de orar como Él.

Jesús oraba con frecuencia y en la soledad, a veces se levantaba muy temprano para orar tranquilamente. Su ejemplo hace que los discípulos tengan el deseo ardiente de ser instruidos en la oración “Señor, enséñanos a orar”.

Jesús anima a sus discípulos en la oración poniendo unos ejemplos sugestivos. Dice que, si un hombre se deja convencer con una petición insistente, con mayor razón Dios, que es tan bueno, no puede dejar de escuchar nuestras oraciones. Por eso tenemos que tener confianza en que Dios nos escuchará y la misma oración nos permite tener una relación más fuerte y profunda con Dios. Jesús, en su instrucción de la oración, nos enseña a orar bien, nos da una fórmula de oración, el Padre nuestro, que contiene toda la sustancia de nuestra relación con Dios y en la que nos unimos a nuestro prójimo para dirigir nuestras peticiones al Padre. Las primeras peticiones están relacionadas con el Padre, “Padre, santificado sea tu nombre” la segunda parte del Padre nuestro tiene que ver con nuestras necesidades “danos cada día nuestro pan cotidiano” También nos hace pedir por el perdón de los pecados, pero con condición “porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe” Jesús insiste muchas veces en el Evangelio en la necesidad del perdón que debemos dará nuestro prójimo si queremos tener el perdón del Padre. La última de las peticiones es que nos libre de caer en la tentación y en el mal “no nos dejes caer en la tentación”. El Padre nuestro es toda una enseñanza en la que tenemos que profundizar e intentar comprender mejor y acogerlo en nuestros corazones de tal manera que los deseos que expresa Jesús se conviertan en nuestros deseos más profundos, para que nuestras vidas sean lo más fecunda para el mundo que nos rodea.

Que el Señor nos enseñe a rezar, con insistencia como Abrahán, dándole gracias por el don de la vida en Cristo, su Hijo, sin mucha palabrería, confiando plenamente en Él, como hijos. Con la fuerza del Espíritu, con Jesús, le decimos Padre nuestro queremos hacer todo lo posible para que su voluntad se cumpla en todos sus hijos.

Feliz domingo y feliz semana.

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO17/07/2022

XVI domingo del tiempo ordinario, celebrar la Eucaristía es invitar a Jesús a nuestra casa y escuchar y vivir en su Palabra, como verdaderos discípulos.

Si la semana pasada acompañábamos a nuestros vecinos de Sta. Amalia en sus fiestas patronales en honor a la santa que da nombre a la barriada, en este decimosexto domingo del tiempo ordinario hacemos lo mismo con la barriada de Torrealquería y Barrio Viejo que celebran sus fiestas en honor a la Virgen del Carmen. Desde la comunidad parroquial felicitamos a todos estos nuestros vecinos y por supuesto a todas las Carmen.

La síntesis de las lecturas puede quedar de esta manera: en la primera lectura, sacada del libro del Génesis, nos invita a estar atentos al paso del Señor por nuestras vidas para pedir como Abrahán “Señor, no pases de largo junto a tu siervo”, y cantar como en la antífona del salmo “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?” De la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, oímos como el conocimiento del misterio de Cristo nos lleva a la madurez de nuestra vida cristiana, y que la riqueza de este misterio está en que Él, es para nosotros la esperanza de la gloria “El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos”. Conocer el misterio de Cristo es conocer el amor que Dios nos tiene, crecer en él y responder con amor. Y en el evangelio vemos a Marta y María que saben escuchar y acoger al Señor: “Marta lo recibió en su casa” y “María, pues, ha escogido la parte mejor” dos actitudes necesarias para abrirnos a la salvación.

La primera lectura, del libro del Génesis, nos cuenta una teofanía sorprendente, Dios se hace presente en un momento de la vida de Abrahán y Sara “el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Manbré, mientras el estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día” por medio de la visita de tres peregrinos “Alzó la vista y vio tres hombres frente a él”.

Los tres hombres se presentan ante Abrahán en lo más caluroso del día, a medio día, mientras este estaba sentado a la sombra junto a la puerta de la tienda.

Abrahán práctica la hospitalidad como hay que hacerlo con todo el que viaja y no tiene techo, ofrece a los invitados lo mejor que tiene, se deshace en detalles ofrece agua, pan, ternero guisado, cuajada y leche, les ofreció todo un manjar. Practicar la hospitalidad, abrir las puertas de la propia casa a los extraños y extranjeros es toda una bendición. Los visitantes no son una amenaza ni seres inoportunos, sino que son el medio para que se cumpla la promesa hecha por Dios a Abrahán de tener descendencia, “Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre Sara habrá tenido un hijo” a pesar de ser Sara y él ancianos.

El texto de la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, aparece superadas las dificultades de los primeros momentos en cuanto a compartir la fe y vivirla los que son de procedencia judía con los que no lo son, es decir los gentiles, los procedentes de la gentilidad. Pablo dice que sufre por el Evangelio, por las comunidades fundadas por él, a quienes sirve con entrega. Pablo resalta la idea de la revelación “llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” La voluntad de Dios era un misterio que finalmente se ha dado a conocer. Pablo distingue entre el periodo del antiguo Israel, tiempo del misterio escondido, frente al tiempo del nuevo Israel, el misterio revelado. Y son los santos, esto es la comunidad cristiana, quienes han llegado al conocimiento.

El evangelio, de Lucas, Jesús sigue de camino a Jerusalén, hace un alto en el camino y entra en una casa de una aldea que, aunque el texto no dice su nombre, por otros textos del evangelio de Juan, sabemos que es Betania, donde vivían una familia de conocidos y amigos de Jesús, estos son Lázaro y sus hermanas Marta y María.

Marta recibió a Jesús y se afanó en los muchos servicios. María, por el contrario, se sienta a los pies de Jesús en actitud de discípula, algo poco común e inusual en la época en que solo los hombres eran discípulos, en textos anteriores ya se han presentado a mujeres en el seguimiento de Jesús, ahora se da un paso más, es discípula, se sienta a los pies para escuchar las enseñanzas del maestro.

A Marta le viene muy grande, le desborda, su afán por atender a Jesús y necesita que su hermana le ayude. Por ello pide a Jesús que le diga que le eche una mano y que deje de escuchar, pero Jesús le replica “solo una cosa es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada” No se trata de oponer vida contemplativa a vida activa, el domingo pasado, en la parábola del Buen Samaritano, nos manda a todos “hacerse prójimo” de todo necesitado. Se trata de un “servir al Señor” que absorbe, impide escuchar su palabra y tener una relación personal con Él, que realmente la mejor parte, lo único importante, escuchar la palabra como discípulo es lo realmente necesario. El servicio a Jesús es necesario, pero antes que el servicio, esta la amistad con Él, alimentada constantemente con la escucha de su palabra, pues sin la escucha el servicio tiene pocas garantías de perseverar. La escucha es la mejor parte. Por ello la vida contemplativa está justificada en el seguimiento de Jesús.

Señor, que nuestro afanarse no nos haga perder el norte, que sepamos escuchar tú Palabra. Y como dice ese eslogan, de Sto. Tomás de Aquino, de la orden de predicadores “contemplar y dar a los demás lo contemplado” contemplemos y demos lo que hemos contemplado.

Feliz domingo y feliz semana.

Ante el incendio.

Palabras de nuestro párroco Reinaldo ante la situacion en las que estamos viviendo por el incendio declarado en la sierra.

«Hermanos de comunidad, si alguna persona necesita cualquier tipo de ayuda, conocéis de alguien, o nos llega alguna información, que hiciera falta nuestra colaboración, no dudéis en comunicarlo a cualquier grupo de la parroquia, a mí personalmente o por cualquier otro medio.
Todos rezamos para que muy pronto quede controlado y extinguido este incendio, a la vez que pido al Dios Creador que nos ayude a todos a estar en primera línea en cuidar la creación ,procurando que este maravilloso y bellísimo mundo cada vez se parezca más a lo que Dios quiere de él y para él.
Por supuesto que tenemos presente a tantas personas que están dándolo todo ahora frente al fuego, los que luchan con él en primera línea y los que gestionan y organizan. Rezamos por ellos.
Dios os bendiga a todos; no perdamos el ánimo ni la esperanza.»