En estos tiempos tan difíciles hemos querido facilitaros la oportunidad de participar en Misa de domingo y en las Misas de Pascua desde casa.
Pasado ya este tiempo de Pandemia y vuelta a la normalidad, aunque todavía debemos tener cuidado y seguir cuidando de los más vulnerables para evitar posibles contagios de Covid, se ha tomado la decisión de retransmitir por Facebook las misas quincenalmente, es decir, la primera y la tercera de cada mes.
Finalizamos la octava de Pascua, ochos días seguidos en los cuales hemos celebrado la Resurrección de Nuestro Señor.
En este segundo domingo de Pascua nos encontramos con la incredulidad del apóstol Tomás, que nos viene a decir que fe, necesita de la comunidad, no cree uno solo, no es algo personal y exclusivo. Se asiente personalmente, pero se vive en comunidad.
En la primera lectura, del libro de los Hechos, los apóstoles con su fe y sus carismas hacían signos y prodigios y por eso crecía el número de los creyentes “Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor”. El salmo es continuación del pasado domingo “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. La segunda lectura está tomada del libro del Apocalipsis que nos acompañará todos los domingos de Pascua, nos da testimonio de que el Señor sigue presente entre nosotros “Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos”. El evangelio se encargará de recordarnos que el domingo es el día del Señor “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa […] A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos”
Lucas, en la lectura del libro de los Hechos, presenta a los fieles que se reunían en el pórtico de Salomón, es decir, dentro del Templo. El cristianismo nace en el interior del judaísmo, pero a la vez con rasgos de identidad propios. Los habitantes de Jerusalén son conscientes de que se trata de algo nuevo, distinto, pues si bien admiraban a los discípulos del Nazareno “no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor”. También hoy hay muchos que no se atreven a decir abiertamente que son cristianos por temor al que dirán. El poder de la Resurrección de Jesús es patente en la adhesión de nuevos miembros y en el poder de los signos. La Iglesia comienza con la fuerza de la Resurrección, no con el poder que se impone a la fuerza; entre los más necesitados, los enfermos, los poseídos, etc., no en los círculos legalistas. Lucas sitúa el nacimiento de Iglesia en el corazón de los pobres y necesitados de la ciudad, sobre los que irrumpe la fuerza del Resucitado.
El Apocalipsis nos habla, en la lectura de hoy, presentando a Cristo resucitado. El que habla, ya no se trata de Dios ni de uno de sus ángeles, sino de Cristo mismo. Él es quien se revela y quien comunica su verdadero misterio: “estaba muerto y estoy vivo”. Sus títulos son novedosos: “soy el primero y el último”, en Cristo llega a cumplimiento toda la historia.
“Soy el viviente”, su vida no es como la de los mortales, sino la de aquel que ha vencido a la muerte: “Tengo las llaves de la muerte y del abismo”, su vida es Buena Noticia para toda la humanidad sometida a la finitud. Cristo resucitado se revela como horizonte definitivo del hombre.
El evangelio se puede dividir en tres partes, la primera y última inician con la indicación de los discípulos reunidos el primer día de la semana, nuestro domingo, en ellas Jesús se presenta con el saludo “Paz a vosotros” y en medio de las apariciones tenemos la ausencia de Tomás. La actitud de Tomás nos presenta las dificultades a la que nuestra fe está expuesta. Es un apóstol que fue llamado por Jesús, que recorrió con Él Jerusalén, Galilea, Samaría, vio signos y señales que realizó Jesús. Fuera y al margen de la comunidad no cree en la resurrección del Señor “Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo” No estaba presente cuando Jesús se hizo presente al resto de discípulos, lo que nos quiere decir es que la fe, vivida desde el personalismo, está expuesta a mayores dificultades, al margen de la comunidad no hay camino para ver a Dios que resucita y salva y quiere creer desde el mismo, desde sus posibilidades.
Tomas se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres, al decir “Señor mío y Dios mío” acepta que la fe deje de ser puro personalismo, algo personal, para ser comunión.
Pidamos a Nuestro Señor por la intercesión de su madre, María, que nos ayude a vivir nuestra fe dentro comunidad, desde la Iglesia.
Joven, para tí que tienes entre 15 y 35 años, es esta llamada. Vente al próximo Encuentro Diocesano de la Juventud. Será en Benalmádena, aquí cerquita, sábado 14 de mayo a partir de las 9:30 y hasta las 17:00h.
Os dejamos la carta donde podéis informaros de todo, 👇
«Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, … Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo…”,
estas palabras expectantes y exuberantes que dan paso a los gozos de la Pascua, con ellas se inician los cincuenta días pascuales. Son parte del pregón pascual que fue proclamado en la Vigilia Pascual en la noche de ayer, anunciando la Resurrección de Jesús. Alegría y Paz hermanos el Señor resucitó, no podemos comenzar el día de hoy sino felicitándonos por tan monumental y grandioso acontecimiento. El de hoy es un amanecer festivo y alegre, de encuentro con el Resucitado. La Pascua no es una fiesta más, es la fiesta de las fiestas, la solemnidad de las solemnidades.
Es la única fiesta vivida domingo tras domingo sin interrupción desde hace ya veintiún siglos. Es tan grande este día que así lo cantamos en la antífona del salmo “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” Es la celebración del triunfo de Jesús sobre el dolor y la muerte.
En la Vigilia Pascual, las siete lecturas del Antiguo Testamento son un recorrido por la Historia de la Salvación: hemos recordado la creación, el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar, dos poemas del libro de Isaías sobre el amor de Dios a Jerusalén y la eficacia de su palabra, una reflexión del libro de Baruc y para concluir con las lecturas del Antiguo Testamento, la promesa de un agua pura que nos purificará, un corazón nuevo y un espíritu nuevo que nos trae la lectura del profeta Ezequiel. A estas lecturas le sigue un texto de la carta de San Pablo a los romanos, relacionada con el bautismo. Nosotros al recibir el bautismo, participamos de la muerte de Cristo y de su resurrección.
Si en la vigilia Pascual hemos leído el evangelio según San Lucas sobre la resurrección “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” en el evangelio de hoy Domingo de Resurrección, las palabras más repetidas echar a correr para anunciar que “Cristo ha resucitado” “Dios ha resucitado a Jesús” María Magdalena echo a correr, al ver que el sepulcro estaba vacío, fue a donde están los discípulos a llevarles la noticia. Estos discípulos, Pedro y del discípulo amado que nosotros identificamos con Juan el evangelista, echaron a correr, para verificar la vedad de las palabras de la Magdalena. El discípulo amado, caracterizado por el amor, el discípulo ideal modelo de creyente en el Evangelio de Juan, llega primero, espera pacientemente sin entrar a que llegue Pedro y lo deja pasar antes, reconociendo así su autoridad. El discípulo más joven no dudó ni un momento, el discípulo amado ve los signos, que no son obvios, evidentes, ni inequívocos, y cree. Este es el mensaje de Juan: aprender a ver lo que no es evidente, atisbar en medio de la niebla, creer en la vida y presencia de Jesús. Hoy el evangelio de Juan, que suele ser enrevesado en sus discursos, ofrece en el texto de hoy un mensaje claro, las posturas que podemos tener ante la resurrección de Jesús: podemos pensar que es un fraude, es la postura de María Magdalena “Se han llevado del sepulcro al Señor y pero no sabemos dónde lo han puesto” O bien no saber que pensar, la postura de Pedro “entro en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario…” pero no saca ninguna conclusión, no sabe que decir.
Y por último la postura del discípulo amado: “Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.” Con quién nos identificamos: ¿con María Magdalena, con Pedro o con Juan?
En la lectura de Hechos encontramos un episodio capital del cristianismo primitivo, el anuncio del evangelio. Los apóstoles, continuadores de Jesús, siguen con su obra “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.” Pablo en la carta a los Colosense subraya el cambio que debe producirse en nosotros el hecho de que Cristo ha resucitado y como cambia esto nuestras vidas. La carta invita a buscar los bienes de arriba y dejar las mundanidades. “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.” No está demás preguntarnos que buscamos en la vida o a que aspiramos, cuando hayamos respondido nos sorprenderá el texto de la carta. Feliz Pascua de Resurrección, que esta Pascua traiga la Paz al mundo, y un fuerte abrazo.