XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 07/11/2021

Domingo y día y colecta de la Iglesia Diocesana, trigésimo segundo del tiempo ordinario. La generosidad hasta el extremo y la confianza en Dios es el tema fundamental de este domingo. Este domingo es una invitación, una llamada a poner a Dios por encima del dinero y de los bienes materiales y a fomentar la disponibilidad para darlo todo, sabiendo que al Señor no vamos a ganarle en generosidad.

La viuda de la lectura del primer libro de los Reyes confía en la palabra del profeta Elías y le entrega lo único que tenía para comer, un panecillo. Y, por esa confianza en el Señor, habiendo hecho caso al profeta, no le faltó para comer en adelante “la orza de harina no se vaciará y la alcuza de aceite no se agotará …” y así lo cantamos en el salmo “El Señor sustenta al huérfano y a la viuda” La segunda lectura, en la misma línea del domingo pasado, leemos “Cristo se ofreció una sola vez, …” En el Evangelio, Jesús alaba a una pobre viuda que dio de limosna para el templo lo poco que tenía para vivir. Así demostraba su confianza en Dios.

En tiempos del profeta Elías, la religión de Israel se encontraba en grave crisis debido a la religión de los cananeos y a su dios Baal, al que le atribuían muchos dones, entre ellos la fecundidad, la lluvia, la abundancia en la siembra, etc. Elía muestra que esos dones son de Dios, por ello la orza de harina que no se vacía nunca y la alcuza de aceite que no se agota son dones de Dios. En el texto se captan dos detalles importantes, la extrema pobreza de la viuda, que junto a su hijo se encuentran al borde de la muerte “… entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos”. Y por otro su fe que, a pesar de su pobreza de solemnidad, “Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia” obedecen a Elías y por mucho tiempo los dones de la harina y el aceite no se agotaron. Y así se cumple lo que dijo el Señor por boca de Elías “El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente”, lo cual cantamos en el salmo.

La segunda lectura sigue en la línea, como tema central que es, del sacerdocio de Cristo. En este caso, la comparación en el número de sacrificios, los sacerdotes realizan muchos sacrificios y con sangre ajena.

Cristo se sacrifica así mismo una sola vez por todos, “De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de los tiempos, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo”. Siendo nuestro destino morir una sola vez y luego el juicio.

El Evangelio, comparado con el de la semana pasada cuya postura ante los escribas fue positiva, esta semana avisa “¡Cuidado con los escribas!” que desconciertan al mejor de nosotros. Lo que Jesús denuncia, tanto de los fariseos como de los escribas y doctores de la ley, es su doble moral. En el Evangelio de hoy compara la moral de aquellos escribas que devoran los bienes de las viudas frente a la viuda que da todo lo que tiene para vivir. Los escribas eran especialistas que desde pequeños están dedicados al estudio de la Torá, estos gozaban de un gran respeto entre los judíos. Pero Jesús no se fija en su ciencia y conocimientos, sino en su apariencia externa y sus motivaciones, su forma de vestir, gusto por las reverencias en la calle, la búsqueda de los primeros puestos, la codicia y la hipocresía de la que hacían gala los escribas.

La viuda, no tiene preocupaciones teológicas ni teóricas, por el estudio de la Torá, solo se preocupa de que hay gente pobre a la que ella puede ayudar con lo poco que tiene. Debemos recordar en aquellos tiempos ser viuda o huérfano es ser de los más marginados y pobres de aquella sociedad al igual que los enfermos y desvalidos.

Lo que llama la atención es la generosidad de la viuda pobre que da lo poco que tiene, y que no busca llamar la atención de sus semejantes, sino la de Dios que mira complacido la piedad que nace del corazón. Jesús deja claro que lo importante no es la cantidad, pues la viuda siendo pobre de solemnidad ha entregado lo poco que tenía, sin más la viuda sigue la lógica del Reino de Dios, mientras los escribas que entregaron lo que les sobraba, siguiendo la lógica de este mundo.

Que el Señor nos ayude a seguir la lógica del Reino, y que nuestra generosidad brote de nuestros corazones.

Feliz domingo y feliz semana.

Mira el evangelio aquí 👇

Rompe la indiferencia, saca tus manos de los bolsillos, actívate 🖐

OREMOS JUNTOS

El Papa Francisco nos acerca en este mes de noviembre a una situación muy común en nuestra sociedad.

Nos invita a orar por las personas que sufren depresion.

Para verlo, pulsa en el siguiente enlace  👇

Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

PADRE TRABAJADOR

Seguimos reflexionado sobre de S. José de la mano del Papa Francisco en la encíclica Patris Corde, Corazón de Padre. Reflexionamos este mes el punto “San José, padre trabajador” “Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás” (Gen 2, 17-19).

San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.
El trabajo está unido al obrar humano, se inserta en la relación del hombre con la naturaleza y entre los mismos seres humanos.

La persona que trabaja colabora con Dios mismo, da continuidad a la mima obra creadora de Dios en el mundo, pues obedeciendo a Dios el hombre cultiva y custodia la tierra en compañía de los demás hombres. El trabajo es participación en la obra misma de la salvación, es oportunidad para el advenimiento del Reino, en la que ponemos todas nuestras habilidades y cualidades al servicio de la familia, de la sociedad, del bien común, entendido este como el conjunto de condiciones para que el ser humano pueda alcanzar, plena y fácilmente, el propio desarrollo. El trabajo dignifica al hombre y tiene su función en la sociedad, aunque en estos días vemos como en algunos casos debido a salarios injustos e insuficientes para mantener al trabajador y su familia atentan contra su dignidad. Uno de los dramas de nuestra sociedad del bienestar es que se sustenta en el malestar de unos pocos.

Jesús asume una tarea humana, un trabajo y una actividad creativa, en el taller de Nazaret junto a S. José, por lo que el trabajo adquiere un sentido y dignidad radicalmente diferente pues deja de ser una actividad indiferente. Con el trabajo nos identificamos con Cristo, cualquier trabajo, desde el más honesto al más humilde, si se hace por amor a Dios y al prójimo, es una ofrenda al Señor, pues hace la vida humana más humana.

Muchas ocasiones nuestros hijos no se preguntan cómo llegó la ropa limpia y doblada al ropero, al armario, quien limpió la casa, quien se encargó de hacer de comer y otras tareas familiares propias de la pequeña comunidad familiar; tampoco se pregunta quien paga las facturas entre otras, por ejemplo, el agua, la luz y gas que estos días trae de cabeza a las familias para hacer frente a ellas. Todos tenemos que hacer algo, en proporción a nuestra capacidad, habilidad y disponibilidad.

CONMEMORACIÓN DE LOS SANTOS DIFUNTOS 02/11/2021

Un día después de haber celebrado la Solemnidad de Todos los Santos, es el turno de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, que complementa la fiesta de ayer.

En esta ocasión rezamos por aquellos que una vez acabada su vida terrenal se encuentran en estado de purificación. Este es el día en el que de una forma especial los sentimos más cercanos a nosotros, es un día en el que manifestamos que la muerte no es el final definitivo, sino que todavía permanecen entre nosotros y que su recuerdo los hace estar a nuestro lado. Ellos nos animan y nos estimulan en la vida que nos queda por vivir.

La primera lectura tomada del libro del Apocalipsis muestra la visión de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén “vi un cielo nuevo y una nueva tierra”. El salmo no dice que es lugar donde la misericordia y la ternura de Dios son eternas y desaparecen las tribulaciones “tu ternura y tu misericordia son eternas”. Es la ciudad de la que seremos ciudadanos, la segunda lectura no revela que seremos transformados, glorificados por nuestro Salvador “Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso”. El Evangelio ratifica el que está vivo y cree en Él, no morirá, y el que ha muerto vivirá “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”

Magnifico texto el que leemos hoy del Apocalipsis de San Juan. Todo es nuevo. La vieja creación ha pasado y se inaugura el reinado de Cristo. Nada malo queda, pues hasta la muerte ha sido finalmente vencida y todo está sometido al reinado de nuestro Dios “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque lo primero ha desaparecido”. Estos textos nos conducen a la esperanza y la alegría. Si hemos entendido bien el mensaje de Cristo, la Palabra de nuestro Dios, sabemos que el momento de la muerte es semejante a un nuevo nacimiento.

En la brevísima segunda lectura, San Pablo, no dice que seremos glorificados según el modelo de Nuestro Señor “según el modelo de su cuerpo glorioso”.

Leemos en el Evangelio el episodio de la resurrección de Lázaro, el cual volvió a la vida que ya había tenido, para volver a morir nuevamente un tiempo después. La resurrección de Cristo es definitiva: para nunca más morir. El revivir de Lázaro puede ser una imagen de la resurrección del propio Jesús, pero solo una pálida imagen.

Los apóstoles presentes en Betania, no entendieron lo que pasaba, lo descubrirían después con la Resurrección de Jesús. Le han visto morir, lo saben por el testimonio de Juan, de Nicodemo, de María, de María Magdalena…, y todos aquellos que aguantaron el drama a pie de cruz, y que asistieron a aquel apresurado entierro, y que regresaron a casa, viviendo el dolor de la muerte del ser querido.

Que en nuestra visita al cementerio no veamos en los restos que allí quedan que son nada, solo polvo, sino la gloria de Dios, donde todos los que dejaron este mundo conocido, están presentes y donde un día nos encontraremos con ellos.

Feliz día de los fieles difuntos.

Solemnidad de Todos los Santos 01/11/2021

Hoy solemnidad de Todos los Santos celebramos la memoria de aquellos que están con Señor, cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo. En esta fiesta, la Iglesia proclama el Misterio pascual cumplido en ellos, y nos propone a todos los fieles sus ejemplos.

La festividad es de gran tradición en la sociedad, y grandes y profundos antecedentes familiares. La gente sencilla, se sienten muy identificadas con esta fiesta. En ella se reivindica la santidad de nuestros antepasados, de los abuelos, de los padres …

La primera lectura nos muestra que la santidad es cosa de todos “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas”. y así lo canta la antífona del salmo “Esta es la generación que busca tu rostro, Señor”. La plenitud de la vida cristiana es la unión íntima con Dios “Veremos a Dios tal cual es”. El camino de santificación del cristiano, pasa por la cruz y la resurrección “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Hoy tenemos un reconocimiento especial de esa multitud inmensa de santos anónimos, no canonizados pública y oficialmente, pero cargados de vida evangélica, de vivencia de las bienaventuranzas, de experiencia de Dios, de sentimientos, de obras de caridad, de misericordia, de compromisos sostenidos con la justicia y la solidaridad especialmente con los más pobres y necesitados.

Es el reconocimiento de la santidad de los santos de la puerta de al lado, unos son familiares y amigos nuestros, otros son conocidos y otros desconocidos, de la santidad presente en tantas personas que han reflejado en su vida el rostro de Dios. Que alcanzaron la eterna bienaventuranza, son Iglesia del cielo, Iglesia glorificada. No tuvieron vidas mediáticas ni noticiables, ni han realizado obras espectaculares. No han hecho milagros.

Han sido personas normales y corrientes. Es la santidad dispersa y arraigada en la vida de cada día, cuya recompensa ha sido grande en el cielo.

Esta fiesta nos obliga a revisar nuestras ideas sobre la santidad. Nos obliga a recuperar la memoria perdida de tanta santidad escondida detrás de esas vidas anónimas, que, según el Apocalipsis, son millones y millones. Es una fiesta propicia para renovar la profesión de fe en la comunión de los santos. Junto a ellos, Iglesia glorificada que está junto al Señor,  nosotros que somos Iglesia que camina y peregrina por esta tierra, y los ángeles nos unimos en una misma alabanza a Dios. Así lo hacemos en cada Eucaristía, en la misa, somos invitados a unirnos al coro de ángeles y de los santos para cantar a una misma voz “Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”

Que su ejemplo de santidad cunda en todos nosotros. Feliz día de Todos los Santos.