¿Sin salida? Perdidos en un sistema de protección social que no protege. Digamos basta. Nadie sin hogar.

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El próximo lunes 1 de noviembre, la Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos, las misas en nuestra parroquia serán:
Mañana 9:00 y 12:15 y a las 20:00 horas.
A las 5 de la tarde, tendremos como es costumbre el rezo del Santo Rosario en el Cementerio.
El martes 2 de noviembre, dia de los Fieles Difuntos, las misas serán en la parroquia a las 9:15 de la mañana y a las 8 de la tarde.


El amor a Dios y al prójimo es el mensaje fundamental de este domingo. Hay ocasiones en que los estudiosos de la Biblia o quienes predican el mensaje de la Biblia hacen fuertes contrastes entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, sobre todo porque es en el Nuevo Testamento donde hemos encontrado la plena revelación de la gracia y la misericordia de Dios que nos redimen. Sin embargo, las lecturas de este domingo nos muestran que en realidad el tema entero de la Biblia es el amor. El mensaje que Dios ha querido darnos, desde la primera hasta la última página, es amor, aprender a amar.
En la primera lectura leemos “Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”, y el salmo es la respuesta a este precepto “Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.” En la segunda lectura Cristo ejerce su sacerdocio que no pasa, ofreciéndose en sacrificio de una vez para siempre “…tiene el sacerdocio que no pasa.” Y Jesús añade en el Evangelio: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Esta es la base de la moral cristiana, pues todos los demás mandamientos son formas concretas de ese amor a Dios y al prójimo.
La primera lectura es el famoso Shemá Israel, el credo judío, oración que todo judío piadoso recitaba al amanecer y al atardecer. En este precepto se basa la respuesta de Jesús en el evangelio “Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón” Como respuesta al precepto el salmo es un canto para amar y alabar a Dios: tu eres mi fortaleza, roca, alcázar, libertador, peña, refugio, escudo, fuerza, baluarte. “Yo te amo, Señor»
La carta a los Hebreos continua con el tema del sacerdocio, es el tema central de toda la carta, en ella compara el sacerdocio de los sacerdotes de la anterior alianza con el sacerdocio de Jesús, mientras el sacerdocio de aquellos era finito, pues tras la muerte ya dejan de ser sacerdotes, el de Jesús es para siempre, es un sacerdocio eterno, que no pasa. Él no necesita ofrecer sacrificios todos los días, Él se ofreció a sí mismo una vez para siempre, mientras los otros sacerdotes que tenían que ofrecer sacrificios diarios primero por sus pecados pues, la ley hace sacerdotes con debilidades, luego hacían sacrificios por el pueblo.
En el Evangelio uno de los escribas, le pregunta a Jesús cuál era el primer mandamiento de la Ley y Jesús respondió citando estas palabras del Shemá Israel:

“Escucha Israel: el Señor es nuestro Dios, uno sólo es el Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”, que hemos oído, e hizo de ellas el “primero de los mandamientos”. Pero Jesús añadió de inmediato que hay un segundo mandamiento semejante a éste, y es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El prójimo no es solo el que pertenece a tu entorno familiar o vecinal, sino que el enemigo, el extranjero, el diferente, … es tu prójimo. Lo original de Jesús fue unir ambos mandamientos en un solo principio moral.
La expresión, “no estás lejos del Reino de Dios”, señala que aún le faltaba algo a aquel escriba. Para comprender el sentido de la pregunta el escriba y la respuesta de Jesús, es necesario tener en cuenta que en el judaísmo del tiempo de Jesús había dos tendencias opuestas. Las escuelas de Shamai y Hillel. Por un lado, la escuela de Shamai, de postura conservadora, tendía a multiplicar sin fin los mandamientos y preceptos de la Ley, previendo normas y obligaciones para cada mínimo detalle de la vida. Por otro, la escuela de Hillel, más liberal, advierte de la necesidad opuesta de descubrir las cosas que verdaderamente cuentan para Dios, descubrir el alma o espíritu de todos los mandamientos, no esta hecho el hombre para la ley, sino que la ley está al servicio del hombre, de ahí que Jesús siempre apele al sentido, al espíritu de norma o ley que está en favor del hombre y no viceversa, pues el hombre es más importante.
El interrogante del escriba y la respuesta de Jesús se introducen la búsqueda de lo esencial de la ley, para no dispersarse entre miles preceptos secundarios. Y es justamente es esto lo que deberíamos aprender sobre todo del Evangelio de este día: que hay cosas en la vida que son importantes, pero no urgentes, en el sentido de que, si no las haces, aparentemente no pasa nada; y viceversa, hay cosas que son urgentes, pero no importantes. Nuestro riesgo es sacrificar sistemáticamente las cosas importantes para correr detrás de las urgentes, que son frecuentemente secundarias. Además de que para llegar a Dios, no basta con los cultos, los ritos, peregrinaciones, ofrendas, sacrificio, para llegar a Dios es necesario acoger al prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa.
Que el Señor o ayude a descubrir, acompañados de María, a nuestro prójimo y amarlo.
Feliz domingo y feliz semana.

A partir del hoy martes 26 de octubre, el horario de las misas de tarde en la parroquia, será a las 20:00h

Domingo trigésimo del tiempo ordinario, celebramos la Jornada Mundial de la Misiones, Domund, cuyo lema elegido para este año es “Cuenta lo que has visto y oído”.
Es una invitación, y una llamada a la evangelización, los cristianos no podemos reservarnos al Señor para nosotros mismos. La misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación en la transformación del mundo y en la custodia de la creación.
La síntesis de las lectura pude quedar así: la primera lectura relata como el pueblo de Israel, y especialmente los más pobres y necesitados, experimentaron el amor de Dios cuando concluye el destierro y los lleva de nuevo su tierra: “Vendrán todos llorando y yo los guiaré entre consuelos”. El salmo recoge el tema del regreso a Jerusalén anunciado por Jeremías, subrayando la alegría de quienes los ven volver “El Señor ha estado grande con ellos. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”. La segunda lectura nos ofrece otra perspectiva: la Iglesia comunidad que sigue a Cristo por el camino del amor, tiene una forma sacerdotal “Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec” Se anuncia aquí la plenitud de la salvación que nos viene por la fe en Jesucristo.

En el evangelio es esa la fe que curó al ciego de Jericó cuando le pidió a Jesús: “Rabbuní, que recobre la vista” y que nos empuja a seguirlo por el camino de la vida hasta que un día lo veamos cara a cara en el cielo.
En la primera lectura el profeta Jeremías, uno de los oráculos del Señor del denominado “Libro de la consolación”, pretende consolar al pueblo de Israel, que fue desterrado por los asirios primero y luego por los babilonios, prometiéndole que volverán de todos los confines de la tierra, es un anuncio de esperanza para el pueblo de Israel “¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!” Volverán incluso aquellos menos capacitados para moverse y desplazarse: cojos, ciegos, preñadas, recién paridas, todos ellos regresarán a Jerusalén. Las penas serán transformadas en consuelos y alegrías como se canta en la antífona del salmo, que recoge el tema del regreso a Jerusalén anunciado por Jeremías, dando nota de la alegría de aquellos que los ven volver, el asombro de los pueblos paganos ante la acción de Dios y el gozo y la alegría de los que se fueron llorando al destierro y vuelven cantando “Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.”
La segunda lectura, un tanto complicada de enlazar con el evangelio de hoy, nos ofrece la perspectiva de Cristo sacerdote, sumo y eterno, cuyo origen no es humano, sino divino. “Todo sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios”, pero solo Cristo, el Hijo de Dios, posee un sacerdocio singular y trascendente, del que depende la salvación universal. Cristo ha transmitido su sacerdocio a la Iglesia mediante el Espíritu Santo. Cristo y la Iglesia están unidos, los sacramentos son presencia de Cristo en medio de ella, por lo que Cristo prolonga su acción salvífica, permimtiendo a los hombres ser curados por su fe, como el ciego Bartimeo.
El relato del evangelio cierra la sección en la que Jesús ha formado a sus discípulos sobre diversos temas, nos sitúa ante la última escena en su camino que asciende desde Galilea a Jerusalén. Un ciego conocido por hijo de Timeo, Bartimeo, está al margen del camino y en la marginalidad social como correspondía a todos los que padecían alguna tara física, que están en el camino, sino fuera de él.
El relato del evangelio cierra la sección en la que Jesús ha formado a sus discípulos sobre diversos temas, nos sitúa ante la última escena en su camino que asciende desde Galilea a Jerusalén. Un ciego conocido por hijo de Timeo, Bartimeo, está al margen del camino y en la marginalidad social como correspondía a todos los que padecían alguna tara física, que están en el camino, sino fuera de él.

Bartimeo ha elegido un buen lugar para pedir limosnas, precisamente el camino más transitado. Cuando se entera que pasa “Jesús Nazareno” grita pidiéndole compasión. Los acompañantes y discípulos de Jesús le mandan callar.
Bartimeo no se deja influenciar por lo que dicen, insiste y grita aún más fuerte “Hijo de David, ten compasión de mi”, consigue llamar la atención de Jesús que manda llamarlo. Los que le mandaban callar ahora le dicen “Ánimo, levántate que te llama”. No le llama para seguirle, sino para curarle, pero la auténtica curación será seguirle camino de Jerusalén, es una actitud diferente de los discípulos que discutieron por el camino quién es el mayor.
El gesto de Bartimeo, dejar su manto, prácticamente todo lo que poseía. El manto para Bartimeo representaba el mayor tesoro para él, le servía para cubrirse al dormir, se protegía del frío, de día se cubrían del sol y la arena, le servía para recoger las monedas que le daban. Bartimeo no quería tener nada que pudiera obstaculizar su caminar hacia Jesús, nos recuerda al joven rico que se fue entristecido por no desprenderse de lo que le sujeta para seguir a Jesús, cuyo seguimiento se basaba en el cumplimiento de la Ley. La ceguera Bartimeo quedó iluminada llena de fe y esperanza. No se quedó al margen, ni se marchó a Jericó, ni se encerró en su alegría de haber recuperado la vista, sino que se decidió a seguir a Jesús. La vista recuperada le hace ver un Dios nuevo, capaz de iluminar su corazón y seguir a Jesús hasta donde sea necesario.
Muchos buscan a Dios por una necesidad y tan pronto como reciben lo que buscan se alejan de Él. Bartimeo busco a Jesús por su ceguera, pero más que su ceguera el deseaba ver a Jesús y lo demostró dejándolo todo y siguiéndolo. Que el Señor ilumine nuestras cegueras para seguirle y que María nos acompañe en el camino.
Feliz domingo y feliz semana.