Este domingo 24 de octubre toda la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Misiones, que en España se llama día del Domund.
Como sabemos, el penúltimo domingo del mes misionero octubre, los cristianos tenemos una Jornada universal en la que apoyamos a los misioneros en su labor evangelizadora, desarrollada entre los más pobres. Participemos todos.
Vigésimo-noveno domingo del tiempo ordinario, nuestra diócesis comienza la primera fase del sínodo, cuyo eslogan es “Por una Iglesia sinodal. Comunión | Participación | Misión” Al convocar este sínodo, el Papa Francisco invita a toda la Iglesia a reflexionar sobre un tema decisivo para su vida y su misión.
Siguiendo la senda de la renovación de la Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II, y guiados por el Espíritu Santo, iluminados por la Palabra de Dios y unidos en la oración, podremos discernir los procesos para buscar la voluntad de Dios y seguir los caminos a los que Dios nos llama, hacia una comunión más profunda, una participación más plena y una mayor apertura para cumplir nuestra misión en el mundo. Coincidiendo con la apertura diocesana del sínodo se presenta también el plan pastoral diocesano casi de forma simultanea en las parroquias de la diócesis.
La síntesis de las lecturas de este domingo puede ser esta: comenzando por la antífona del salmo “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”. Esta misericordia de Dios nos viene, en la primera lectura, por el anunció de profeta Isaías, por medio del siervo “que justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos”. Esa profecía se cumple plenamente en nuestro Señor Jesucristo como dice la carta a los Hebreos, “probado en todo, como nosotros, menos en el pecado”, y el mismo evangelio “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”. Tenemos que estar dispuestos a compartir los sufrimientos de Cristo, haciéndonos servidores de los demás.
Que Jesús era consciente de la pasión y muerte que iba a padecer lo dejan claro los evangelios en diversos momentos.
Los evangelios dan a conocer el odio que estaba despertando entre las autoridades religiosas y políticas, este odio culmina en su pasión y muerte que a su vez culminará en victoria y resurrección. Momentos que quedan expresados en la primera lectura del libro de Isaías “El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, …” este comienzo de la lectura puede resultar escandaloso, sin embargo, la muerte no significa fracaso. Es el plan de Dios, en que su Hijo ofrece su vida para todos “… los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte, …”
Según la carta a los Hebreos, no fue Dios quien quiso que su Hijo sufriera, Jesús tuvo dos opciones o mediante el gozo o mediante la cruz. Él eligió la segunda opción para poder “compadecerse de nuestras debilidades” nadie puede decirle y reprocharle que no sabe lo que es sufrir, se hizo semejante a nosotros. Ha sido probado en todo menos en el pecado, ha pasado hambre y sed, no ha tenido donde reclinar la cabeza, ha sido ultrajado, calumniado, acusado de comilón y borracho, de tener amistades peligrosas, recaudadores y prostitutas, lo han abofeteado, ha muerto con la muerte más dolorosa y humillante. Tanto sufrimiento nos garantiza acercarnos a Él y encontrar auxilio.
Los anteriores domingos Jesús fue instruyendo a los discípulos sobre diversos temas: los niños, el divorcio, en el último sobre las riquezas. Hoy nos ofrece la última gran enseñanza antes de subir a Jerusalén para su Pasión. El Evangelio relata como los hermanos Zebedeo quieren el triunfo sin pasión.
Al primer anuncio de la pasión le siguió el desacuerdo de Pedro, al segundo la incomprensión y miedo de preguntar de los discípulos, y tras el último anuncio de su pasión tenemos la reacción más desconcertante de la mano de Santiago y Juan, precisamente de dos de los más cercanos a Jesús, están tan obsesionados por triunfar que no han entendido lo dicho por Jesús sobre el sufrimiento y resurrección.
Mientras Jesús habla de sufrimiento ellos quieren ganarse el triunfo, piensan en un mesías terreno que triunfará y se convertirá en rey de Israel y quieren un puesto, uno a la derecha y el otro a la izquierda, presidente y vicepresidente. Jesús primero les recuerda que para triunfar antes hay que pasar por el sufrimiento, beber el mismo cáliz de la pasión; segundo les dice que el beber el cáliz no les garantiza los primeros puestos, puesto que ya están reservados, no nos dice a quienes, pero están reservados.
La reacción de los otros apóstoles no se hace esperar, probablemente porque ellos también ambicionan los primeros puestos y Jesús aprovecha para enseñarles como debe ser la relación dentro de la comunidad “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”.
La actitud de los discípulos es muy humana, de simple búsqueda de poder. Por eso Jesús para que no caigan les presentó los dos ejemplos antagónicos que acabamos de leer, primero que no deben imitar a los jefes y deben de imitar a Él, que no ha venido ser servido sino a servir y dar su vida por todos. De ahí la gran enseñanza el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor.
Que el Señor nos ayude a ser servidores y no a ser servidos, a entender que el servicio no es ejercer poder. Que María sea nuestra guía en este sínodo que comenzamos.
El próximo sábado 16 de octubre, tendrá lugar el encuentro de pastoral misionera online. Será de 11:00 a 12:00 en la web http://www.malagamisionera.org
Continuamos con nuestra reflexión sobre la figura de S. José de la mano del Papa Francisco en la encíclica Patris Corde, Corazón de Padre. Reflexionamos este mes el punto “San José, padre de la valentía creativa” Ante las dificultades de la vida tenemos dos opciones una detenernos y bajar los brazos, otra, aceptar la situación e ingeniar y ser creativos de alguna forma para superar esas dificultades.
En los evangelios de la infancia, San José era el milagro con el que Dios salvó al Niño y a su Madre. José ante la falta de espacio en la posada, de un establo, con ingenio y creatividad, hace un lugar acogedor para el nacimiento de nuestro Señor. Ante la amenaza de Herodes y avisado en sueños, planea tácticamente y creativamente la huida a Egipto. Aparentemente da la impresión de que el mundo está a capricho de fuertes y poderosos, pero la buena noticia del Evangelio es, pesar de la arrogancia y la violencia, que Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan. Es transformar la dificultad y el problema en oportunidad, con la confianza puesta en Dios. Es la valentía creativa que tuvieron aquellos amigos del paralítico ante la dificultad de la multitud, con ingenio y creatividad desmontaron el tejado e hicieron descender la camilla con el paralítico (Lc 5, 17-26). José, el carpintero, haciendo uso de su creatividad, y como diríamos hoy con nocturnidad y alevosía, en contra de que pensaba y quería Herodes el Grande, organiza la marcha a Egipto. O la creatividad mostrada durante la pandemia, creatividad que ha hecho posible la comunión y el acercamiento en el aislamiento. Es la valentía creativa de los que no se frenan ante la adversidad. Desconocemos datos sobre la estancia de María, José y el Niño en Egipto. No hace falta mucha imaginación para intuir que necesitaron comer, trabajar, una casa donde alojarse y afrontaron las dificultades y problemas concretos como cualquier familia. La Sagrada Familia tuvo que afrontar problemas concretos como todas las familias, como muchos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que incluso hoy arriesgan sus vidas forzados por las adversidades y el hambre. El papa Francisco cree “que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria.”
Nuestra comunidad parroquial en este domingo vigésimo-octavo del tiempo ordinario, una vez puesto en marcha el curso pastoral, celebra la misa del envío de todos aquellos que tienen alguna responsabilidad, tarea o misión en las catequesis de nuestra parroquia. Se llevará a cabo mediante el rito de envío, profesión de fe y compromiso, y bendición.
La lectura del libro de la Sabiduría: “Al lado de la sabiduría en nada tuve la riqueza” nos ofrece uno de los pensamientos más bellos sobre la sabiduría, y decómo esta nos perfecciona humanamente,
y como leemos en el salmo, hace que adquiramos un corazón equilibrado “Para que adquiramos un corazón sensato”. En la segunda lectura la Palabra de Dios llega al interior, a lo más profundo del hombre “La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón”. El evangelio habla acerca del seguimiento de Jesucristo, que supone no solo cumplir los mandamientos de la ley de Dios sino también renunciar a todo lo que puede impedirnos ser sus discípulos “Vende lo que tienes y sígueme”.
En la primera lectura, el don de la sabiduría enseña a los hombres a ser divinos, porque es la riqueza más alta “Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables”. Con ella se aprende a discernir lo que vale y lo que no vale en nuestra existencia, en nuestras vidas. Las personas vacías, las que carecen de interioridad, prefieren el oro, la plata y las piedras preciosas; el dinero y el poder. Pero quien elige la sabiduría aprende a dar un sentido distinto a la vida y a la muerte; al dolor y al hambre; al sufrimiento y la desesperación. Con ella vienen riquezas, valoraciones y sentimientos que no se pueden comprar con todo el dinero o el oro del mundo. Porque la verdadera sabiduría enseña a tener y vivir con dignidad.
La lectura de la carta a los Hebreos ofrece una reflexión sobre la Palabra de Dios. Esa Palabra, pues con ella caminamos por la vida, es como una espada de dos filos que llega hasta lo más profundo y hondo del corazón humano; descubre nuestros sentimientos, nuestras debilidades, nos hace confiarnos a nuestro Dios. Pues esa palabra no es ni ideología, ni filosofía, ni algo vacío, es sabiduría. Esta lectura esta muy en línea con la que hemos leído del libro de la Sabiduría. La Palabra de Dios es para el cristiano la fuente de la sabiduría.
El Evangelio nos presenta dos escenas diferentes sobre la radicalidad del seguimiento.
La primera escena presenta a un hombre joven, honrado y piadoso, que pregunta a Jesús sobre la Vida dispuesto a cuestionarse su vida “¿Qué haré para heredar la vida eterna?” ante esta pregunta el joven pretende captar la benevolencia de Jesús llamándolo “Maestro bueno”. Con la pregunta lo que pretende el joven es ganarse y formar parte de la vida futura o del mundo futuro, lo que muchos de nosotros entendemos por salvarse.
Jesús antes de dar la respuesta a la pregunta da un toque de atención “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”. La respuesta a la pregunta la hace haciendo referencia a cinco mandamientos, a estos añade no estafarás que no aparece en del Decálogo. Jesús no habla de los tres primeros mandamientos, amaras a Dios, no pronunciar su nombre en vano, santificar las fiestas, para salvarse hay que portarse bien con el prójimo. Cuando el protagonista le dice que eso lo cumple desde joven, Jesús lo mira y con cariño le propone algo nuevo, que deje de pensar en la otra vida y que piense en esta, dándole un sentido nuevo. Le pide que cambie de orientación, renunciando a sus bienes, pues hasta entonces aun cumpliendo los mandamientos el joven era el centro de su vida, ahora le propone primero los pobres y luego de forma definitiva Jesús mismo al que debe seguir para siempre. La reacción del joven ante el vender, dar, seguir de Jesús hace todo lo contrario, se aleja “porque era muy rico” una actitud que pierde la vida eterna, pues cumple los mandamientos, pero pierde seguir a Jesús y dar plenitud a su vida aquí y ahora en esta vida, en la tierra.
La segunda escena Jesús completa la enseñanza sobre el peligro de las riquezas y el problema de los ricos, y el modelo radical de seguimiento de los discípulos. Las palabras de Jesús, para los discípulos, es algo desconcertante para su mentalidad judía, pues para ellos las riquezas son una bendición de Dios “Entonces ¿Quién puede salvarse?”. La intervención de Pedro contrasta la actitud de los discípulos con la del joven rico “nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido”
La respuesta de Jesús enumera siete renuncias como símbolo de la renuncia total que tendrá su recompensa. Mientras a Salomón en la primera lectura decía que, con la sabiduría “me vinieron todos los bienes juntos”, a los discípulos, en el Evangelio, la abundancia de bienes les viene por el seguimiento de Jesús.
Que el Señor, la Sabiduría, nos guíe y sea nuestra fuerza en el seguimiento, en las tareas catequéticas y evangelizadoras.