REFLEXIÓN V DOMINGO DE CUARESMA

Con este quinto se abre la última etapa del itinerario cuaresmal, el próximo es Domingo de Ramos. Seguimos acercándonos al sentido de la Semana Santa, las lecturas de hoy culminan el mensaje de las promesas de Dios para la humanidad, que se consumarán con la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Todo comenzó en el desierto, lugar de la prueba y de la tentación. Luego fuimos conducidos al monte de la Transfiguración para vivir una experiencia anticipada de la Pascua. El tercer domingo nos ubicó en el espacio espiritual de Israel sostenido por la Ley y por el Templo. El cuarto domingo centró la atención en la fiesta de la Pascua. Allí nos sitúa también este quinto domingo.

La primera lectura supone el punto final del recorrido por la historia de la salvación durante la Cuaresma. De optimista anuncia una nueva alianza entre Dios y el pueblo, que tendrá lugar de forma fácil, casi milagrosa, sin especial esfuerzo ni para Dios ni para el hombre. Sin embargo, la segunda lectura y el evangelio que proclamamos hoy, ofrecen una imagen muy distinta, está nueva alianza implica un duro sacrificio para Jesús. Un sacrificio que le sumergen en la angustia y le mueve a rezar al Padre.

Estos domingos de cuaresma, las primeras lecturas, nos han ofrecido una serie de momentos capitales de la historia de la salvación: alianza con Noé, sacrificio de Abrahán, Decálogo, deportación a Babilonia y liberación.

Hoy culmina con la promesa de una nueva alianza. Durante el exilio muchos pensaban que Dios había roto las relaciones con su pueblo. Frente a este desánimo el profeta Jeremías repite la fórmula de la alianza del Sinaí “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”  pero la ley ahora no será escrita en  tablas de piedra sino en sus corazones, y todos conocerán al Señor. Así lo rezamos en el salmo “Oh, Dios, crea en mí un corazón puro”

Juan en su evangelio enfoca el relato de la Pasión de manera peculiar y distinta a los evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Juan no acentúa el sufrimiento de Jesús, sino el señorío y la autoridad que muestra en cada momento. Por eso no cuenta la angustiada oración en el huerto, pero nos sitúa en una experiencia muy parecida en la explanada del templo. 

El evangelio comienza y termina en tono de victoria, muestra el alcance universal de la salvación “atraeré a todos hacia mi” Jesús es consciente de que para triunfar tiene que morir, como grano de trigo. Lo mismo le ocurrirá al que quiera seguirlo y ser honrado por Dios. Pero estas ideas consoladoras no ocultan la realidad de la muerte, de ser “elevado sobre la tierra”, crucificado. Ante esta perspectiva Jesús reconoce que está angustiado “mi alma está agitada” , es cuando llega el deseo de pedir a Dios: “Padre, líbrame de esta hora”, pero se niega a ello, recordando que precisamente ha venido a eso, para morir. En lugar de pedir al Padre que lo salve le pide algo muy distinto: “Padre, glorifica tu nombre”. Lo importante no es conservar la vida, sino la gloria de Dios.

La voz del cielo “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo” confirma que ya había glorificado, cuando el Verbo se hizo carne, habitó entre nosotros y contemplamos su gloria. Y volverá a glorificarlo derrotando al mal y atrayendo a todos hacia Jesús.

El relato de los evangelios sinópticos Jesús va al huerto de los olivos la noche que es apresado. Sabe que va a morir, siente profunda angustia y por tres veces reza al Padre pidiéndole, si es posible, que le evite ese trago amargo. La carta a los Hebreos no se detiene en contar lo ocurrido, pero recuerda lo trágico del momento “a gritos y con lágrimas” cosa que no menciona ninguno de los evangelios, y suplicaba “al que podía salvarlo de la muerte”. El final de esta segunda lectura es optimista y esperanzador: Jesús salva eternamente a quienes le obedecen “Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna” 

En ambas lecturas, evangelio de Juan y carta a los Hebreos, es evidente su relación: en Juan, Jesús se siente agitado y en Hebreos se siente angustiado, y en ambas recurre a la oración. En ambas la palabra final no es la muerte sino la victoria de Jesús y la de todos nosotros con Él. Pero entre todas las semejanzas hay una gran diferencia, en el evangelio Jesús no pide al Padre lo salve, y solo quiere la gloria de Dios; mientras, que en la carta pide ser salvado de la muerte. En un primer momento, ante la angustia de la muerte, Jesús, se refugia en la reflexión racional, he venido para morir como el grano de trigo y se niega pedir al Padre que lo salve. En otro momento, cuando la pasión y muerte son ya una certeza, reza con gritos y lágrimas, sudando sangre, “Padre, si es posible, pase de mi este cáliz” reacción muy humana.

A las puertas de la Semana Santa, la experiencia y reacción de Jesús son un ejemplo que nos anima y nos mueva a agradecerle su entrega hasta la muerte. Aunque sigamos quebrando la alianza, Dios sigue perdonando nuestras culpas y no recordando nuestros pecados.

Feliz domingo y feliz semana.

Solemnidad de San José. 19/03/2021

La Iglesia celebra hoy la solemnidad de San José como esposo de la Virgen Maria. El pasado 8 de diciembre y hasta el próximo 8 de diciembre de este año, día de la Inmaculada, el papa Francisco, con motivo del 150 aniversario de patronazgo de la Iglesia por San José, dedica el año a la reflexión sobre San José, por lo que escribe una carta apostólica llamada Patris Corde, Corazón de Padre.Ya el título nos está hablando del corazón de San José, imagen, del corazón del Padre Dios. Comenzamos hoy también el año dedicado a la Familia.

Marzo, es un mes muy especial, en medio de este océano o del desierto, del tiempo de Cuaresma, en ese navegar o caminar hacía la Pascua, nos encontramos como con dos islotes o dos oasis, las solemnidades de San José y de la Anunciación/Encarnación, que rompen con el carácter penitencial de la Cuaresma.

Ambas fiestas tienen elementos en común: el anuncio del nacimiento de Jesús a María por el Ángel Gabriel, y en sueños un Ángel del Señor anuncia a José, hemos leído en el evangelio “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”

Otro elemento que tienen en común es la respuesta, el fíat, el sí de María, a los planes de Dios: “…hágase en mi según tu palabra…” mientras que, de José, del sí de José, del fíat de José, dice el evangelio que obedeció, que hizo tal como dijo el Ángel del Señor.

Otro detalle, muy importancia es el hecho de poner nombre, mientras a María le dice le llamarás Jesús, a José le dice le pondrás por nombre Jesús. Poner o dar nombre en la ley y sociedad judía de esa época es más importante que ser padre biológico, es sinónimo de pertenencia, pues es el que se hace cargo de la educación, crecimiento del niño, es el responsable del niño.

José y María tienen mucho que decirnos en Cuaresma, pues ellos con escucha y su sí generoso de corazón nos invitan en este camino hacia Dios, hacia la Pascua, al encuentro con el Señor Resucitado, a hacerlo con humildad, docilidad y obediencia generosa de nuestros corazones, reconociendo nuestras desobediencias, que nos apartan de Dios, nos invitan a la conversión a la hacer la voluntad de Dios y a dejarnos rescatar y poner toda nuestra confianza en el Señor.

Además de ser descendiente del rey de David, de José se destaca que era un hombre justo, bondadoso. Era tal la afabilidad o bondad de José, que cuando descubre que María estaba embarazada, pensó en repudiarla en secreto. Pues, si la denunciaba, María sería condenada a ser apedreada.

Pero José decidió dejarla en secreto, a cargar con la culpa, al abandonar a la mujer con la que estaba desposada, y que para cualquier vecino él era el responsable del embarazo con el agravante de que estaban desposados, es decir, podían vivir juntos, pero no podían tener relaciones, José quedaría como un mal hombre, como un irresponsable.  Con este gesto, con este corazón bondadoso que carga con la culpa para proteger a María, San José es imagen del corazón de Dios Padre, que encarnado en Dios Hijo recoge todas nuestras culpas y las lleva a la Cruz para salvarnos, para rescatarnos. Y ese es el eje de toda la reflexión sobre San José de la carta Patris Corde: José imagen del corazón del Padre Dios, el Padre lo eligió para el cuidado y custodia de Jesús y de María.

Con palabras el papa Francisco:

“Dios confía en este hombre, del mismo modo que lo hace María, que encuentra en José no sólo al que quiere salvar su vida, sino al que siempre velará por ella y por el Niño. En este sentido, san José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su Madre.”

La carta sobre San José, a la que os invitamos a leer, tiene siete apartados, cada uno lleva un título que siempre empieza con el término Padre: 1) José es Padre amado por el pueblo cristiano. 2) Padre en la ternura, en su comportamiento Jesús vio la ternura de Dios. 3) Padre en la obediencia, hizo del cumplimiento de la voluntad de Dios su alimento diario. 4) Padre en la acogida, acogió a María sin poner condiciones previas 5) Padre de la valentía creativa, encontró soluciones ante las dificultades. 6) Padre trabajador, un carpintero que trabajaba para el sustento de su familia 7) Padre en la sombra, pues para Jesús fue la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege.

José pasa en silencio por los evangelios. Es sólo, nada y nada menos, un creyente que presta atención a Dios que se le muestra en los sueños, José es el hombre de la escucha y del silencio.

Que San José que interceda por nosotros y nos ayude a caminar en este tiempo de Cuaresma.  Feliz día de San José.

CHARLAS CUARESMALES: LUNES Y MIÉRCOLES

Siguiendo en nuestro camino cuaresmal, os recordamos que el lunes 15 y miércoles 17, el profesor Santiago  Vela nos acercará  a la Pasión  de Cristo.

Será en la parroquia hasta completar aforo, a partir de las 19:30h.

Por ese motivo la misa del miércoles  17 de marzo se adelanta a las 19h.