Os pasamos la dinámica propuesta este año por el dibujante malagueño Pachi Velasco Fano que abarca los cuatro domingos de Adviento.
Como afirma el propio dibujante, «este año tan estraño por el Covid lo hemos titulado EN ADVIENTO HAZ VIENTO. El símbolo invita a renovarse, purificar el ambiente, el interior, abrir puertas y ventanas… es una actitud muy de Adviento.
Que este tiempo de conversión nos ayude y fortalezca nuestra vida interior y el servicio a los más pobres.
«El sí de María, alegría para el mundo, esperanza para el mundo, guía para el mundo”; Centrados en estas frases celebramos la solemne festividad de la Inmaculada Concepción, en un atípico año lleno de crisis: sanitaria, económica, social, personales, a las que se une el dolor por nuestros seres queridos, la ausencia de los abrazos, y un sinfín de cosas más.
La Inmaculada no es algo que se refiera tan sola y simplemente a María. La palabra inmaculada quiere decir aquello que no tiene mancha, y en ese sentido todos nosotros estamos llamados a ser inmaculados. San Pablo nos lo recuerda que hemos de ser inmaculados, por la presencia de Cristo, por el amor y esa es nuestra vocación, “Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor”. La vocación de María es la misma vocación de la Iglesia, del pueblo de Dios, ella va delante de nosotros, ella va marcando el camino, es muestra guía, nuestra esperanza porque nos trae a Aquél en quien ponemos nuestras esperanzas ante todas estas crisis que nos atenazan. Los textos de hoy nos recuerdan por qué María es Inmaculada, y como en la alegría de este misterio, estamos todos incorporados. El evangelio en particular trae esa frase central, esa frase que dijo el Ángel, el mensajero del amor de Dios para María “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios”, es decir, aquella en la cual se manifiesta, y en la cual se realiza plenamente el misterio de la misericordia y del poder de Dios. En ese sentido llamar a María llena de gracia es llamarla evangelio, evangelio realizado, evangelio en su plenitud, evangelio fresco, María huele a gracia, huele a evangelio, que trae la novedad de la presencia de Jesucristo, de nuestro Señor. Recordemos, y esa es nuestra vocación, que hemos sido llamados a ser inmaculados. Por la intercesión y compañía de María, sigamos avanzando en este Adviento porque al fin y al cabo toda nuestra vida es Adviento, y como decía S. Agustín “… nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” Feliz día de la Inmaculada.
Hoy lunes 7 de diciembre, tendremos misa a las 20:00 después celebraremos la Vigilia de la Inmaculada Concepción. La palabra vigilia procede del latín y significa estar despierto o en vela, María es el principal y mejor ejemplo de confianza en Dios.
«Bendita sea tu Pureza y eternamente lo sea pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, Celestial princesa, Virgen Sagrada, María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, ¡no me dejes, Madre mía!«
Mañana, Inmaculada Concepción tendremos misa alas 9:00h, 12:15h y 20:00h.
En este segundo domingo de Adviento continuamos decorando nuestro templo, colgando un nuevo lienzo con nuevo rótulo que viene a ampliar al del domingo anterior: “¡OH DIOS! RESTÁURANOS, PARA VOLVER A TI”
Encendemos también la segunda vela de la corona de adviento como expresión de que poco a poco nos vamos acercando al Señor que viene a salvarnos. Esta esperanza nos hace encontrarnos con el Señor que viene a nuestros corazones y a nuestras vidas en medio de nuestras realidades, de nuestra cotidianeidad, de nuestro día a día.
El mensaje central en este segundo domingo de Adviento: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos” Voz que grita en el desierto de esta pandemia, que nos invita a hacer un esfuerzo de conversión, de cambio de vida, para volver al Señor.
Este es un Adviento un tanto especial, vivimos en plena pandemia, que ha originado una crisis sanitaria y otras crisis paralelas generadas por misma pandemia. Se trata de un tiempo de travesía por el desierto, donde hacemos nuestras las palabras del profeta Isaías: “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén”. Aquí Jerusalén, es nuestra sociedad, donde Dios se revela al corazón del hombre como el Padre lleno de afecto.
Hoy la Palabra nos interpela a escucharla con un corazón sencillo y abierto para conseguir una verdadera renovación, una restauración interior que nos ayude a vivir estos momentos duros, de falta de empleo, de crisis económica, de situaciones difíciles de muchos hermanos nuestros que necesitan mantener una esperanza, que necesitan de nuestro acompañamiento, de ánimo de que esta situación se va a superar, como tantas otras que hemos superado.
Tenemos como comunidad una tarea: consolar, ayudar y hacer presente a Dios en realidad de nuestra sociedad, preparando en este desierto un camino al Señor, en pocas palabras, anunciar a Jesucristo y allanar los senderos para que este anuncio llegue a todos.