V Domingo de Pascua 02 mayo

V Domingo de Pascua, este año coincide con el Día de la Madre, aunque no es una fiesta religiosa, sino más bien comercial, fiesta no celebrada por la Iglesia, es sin embargo una gran oportunidad para celebrar, más allá del consumismo, a la figura más importante en nuestras vidas, aquella que Dios nos regaló para darnos también el maravilloso regalo de la vida, nuestras madres.

Más allá de celebrar en un sólo día a nuestras madres o figuras maternas, es una oportunidad para recordar a María precisamente en este mes que comenzamos, el mes de mayo, que los cristianos dedicamos a María, Madre de Jesús, Nuestro Señor, que nos entregó a los pies de cruz, y cuyo ejemplo todos podemos seguir.

La primera lectura nos presenta a Pablo perseguidor de la causa del evangelio, ahora perseguido por cauda del evangelio, al que los discípulos le tenían miedo le tenían miedo, […] Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.” El salmo nos dirá “Me hará vivir para él” consecuencia de estar unidos la vid, al Señor. La segunda lectura nos exhorta a “no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” Y el evangelio nos trae la imagen de la vid y los sarmientos “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”

La primera lectura, relato del libro de los Hechos, nos muestra a Pablo después de la experiencia camino de Damasco, la llamada de Jesús. Es un Pablo podado, para dar buen fruto, cortado por el labrador para sanarlo y dar buen fruto. Toda la vida de Pablo fue una poda llena de persecuciones y sufrimientos. La llegada a Damasco, igual que a Jerusalén, no tiene nada de entrada triunfal, sino de camino de cruz como el del Señor al que perseguía en otros tiempos. Los suyos, los judíos, desean su muerte “Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo” y los discípulos del Resucitado sospechan de él y le temen “todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.”  Ahora el perseguidor es un heraldo del evangelio y al igual que hizo en Damasco, predica sin miedo el evangelio públicamente en Jerusalén. Las primeras comunidades cristianas, según el mismo relato de los Hechos, “se edificaban y progresaban en la fidelidad al Señor.”

La segunda lectura insiste en el significado del permanecer y del cambio que se obra en nosotros, nos habla del modo de permanecer unido a la vid. El mandamiento de Dios es creer en su Hijo y amarnos unos a otros. Ambas cosas, creer y amar, implican cambios y, a veces, muy profundos, esto es la poda: “Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.” Y añade “conoceremos que Dios permanece en nosotros por el Espíritu que nos dio” Y si hay alguna actuación propia del Espíritu es la de transformarnos y convertirnos para arraigarnos de verdad en Dios.

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.” Y añade “conoceremos que Dios permanece en nosotros por el Espíritu que nos dio”

Y si hay alguna actuación propia del Espíritu es la de transformarnos y convertirnos para arraigarnos de verdad en Dios.

Para el evangelio de hoy conviene recordar otras referencias a la vid en el Antiguo Testamento, como por ejemplo el capítulo cinco de Isaías, donde la viña es el Pueblo de Dios, el pueblo de Israel, pero esta viña no da buen fruto y se debe arrancar, sin embargo, en el evangelio no es necesario arrancar, Jesús se presenta como la clave para que la viña produzca buenos frutos. Podar es cortar, herir al árbol, despojarlo de algo que le costado tiempo y esfuerzo producir. Pero el labrador lo hace que este más sano y fuerte. Es lo que hizo Dios con Pablo. Este trozo del evangelio se encuentra dentro del discurso de despedida, en la que Jesús, hablando a los discípulos durante la última Cena, los anima, los incita a permanecer unidos a él como los sarmientos a la vid.

Se trata de una parábola cargada de gran significado, “El que permanece en mí y yo en él”, expresión muy típica en todos los escritos de Juan.

Define la relación del discípulo con Jesús como una reciprocidad personal, es decir, que expresa con gran fuerza la comunión con Jesús, la relación personal con Jesús. Con palabras del papa emérito: “El secreto de la fecundidad espiritual es la unión con Dios, unión que se realiza sobre todo en la Eucaristía, con razón llamada también Comunión”

Un camino seguro para permanecer unidos a Cristo, como los sarmientos a la vid, es recurrir a la intercesión de María, a quien le dedicaremos todos este mes de mayo.  Confiemos en María, agradeciéndole su constante intercesión y pidiéndole que siga velando sobre el camino de la Iglesia y de la humanidad.

Feliz domingo y feliz semana.

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