DOMINGO DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO. CORPUS CHRISTI

Hoy es la Solemnidad del Corpus Christi, como una prolongación del misterio que nace el Jueves Santo, la Iglesia manifiesta este domingo su fe en la presencia real y verdadera de Jesús en este sacramento admirable.

Es la veneración pública y solemne de la Eucaristía, como memorial de la entrega pascual de Jesús, y testimonio de su victoria final y su Resurrección. Es uno de los días más gozosos y festivos del calendario litúrgico, es uno de esos días que reluce más que el sol. Dios es Amor y su Hijo Jesús, su imagen perfecta, también es Amor. A partir de este hecho, entendemos que todo lo que hace Jesús brota de su ser Amor. La iglesia celebra una de sus prodigiosas obras de amor: el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

La Eucaristía es el sacramento del inmenso amor del Señor en el que se conmemoramos su Pascua. Su Cuerpo y su Sangre quieren ser recuerdo permanente de lo que fue su vida, muerte y resurrección.

Las lecturas de hoy centran la atención en el compromiso del cristiano con Dios, sellado con el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La primera lectura narra el momento culminante de la experiencia del pueblo de Israel en el monte Sinaí. Después de escuchar la proclamación de la voluntad de Dios manifiesta su voluntad de cumplirla “Haremos todo lo que dice el Señor” y se establece una alianza entre el Señor y el pueblo que es refrendado por un rito con sangre. En el mismo sentido de cumplir la voluntad de Dios nos habla el salmo “Cumpliré al Señor mis votos” La segunda lectura se centra en la sangre, el perdón y la nueva alianza. Esta sangre ya no es de becerros ni de machos cabríos, ahora es la “la suya propia” y “Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza” El evangelio comienza con la comida y termina aludiendo a la sangre de la nueva alianza “Después, tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.” Y con ello Jesús sella una nueva alianza.

En la lectura del Éxodo relata una liturgia sagrada, un banquete que quiere ratificar la Alianza que Dios ha hecho con el pueblo que liberado de la esclavitud.

“Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo: Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras.” El misterio de la sangre, de su aspersión, expresan el misterio de comunión de vida entre Dios y su pueblo ya que, según se pensaba, la vida estaba en la sangre. Poe eso este texto se considera como prefiguración de la Nueva Alianza que Jesús adelanta en la última cena.

La carta a los Hebreos, que es uno de los escritos más denso de todo el Nuevo Testamento, el texto de hoy pone de manifiesto que los sacrificios de la Antigua alianza no pudieron conseguir lo que Jesucristo consigue con el suyo, con la entrega de su propia vida. Y esto lo ha realizado “una vez para siempre” en la cruz, de tal manera que los efectos de la muerte de Jesús, la redención y el amor por los hombres, se hacen presentes en la celebración de este sacramento. Es en la propia vida entregada como se logra la comunión más intima con lo divino, sin necesidad de sustitutos de ninguna especie. La muerte de Jesús, su vida entregada a los hombres y no a Dios, es el Testamento verdadero del que hacemos memoria.

El evangelio expone la preparación de la última cena de Jesús con los suyos y la tradición de sus gestos y sus palabras en aquella noche, antes de morir.

Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Después, tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.”

“ Aquella noche, independientemente de que fuera o no una cena ritualmente pascual, Jesús hizo y dijo cosas que quedaron grabadas en la conciencia de los suyos y que aún siguen grabadas en nosotros “haced esto en memoria mía” Sus palabras sobre el pan y sobre el cáliz expresan la magnitud de lo que quería hacer en la cruz: entregarse por los suyos, por todos los hombres, por el mundo, con un amor sin medida. Con ello nos demuestra que solo desde el amor hay futuro. La Eucaristía es el sacramento que nos une a ese misterio de la vida de Cristo, de Dios mismo.

Señor, que por medio de la Eucaristía seamos miembros activos de tu pueblo y testimoniemos con nuestras vidas la alianza de Amor que has realizado en cada uno de nosotros.

Feliz domingo de la Santísima Sangre y Cuerpo de Cristo y feliz semana.

 

 

 

 

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