XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Retomamos el tiempo ordinario que dejamos allá por febrero antes de Miércoles de Ceniza. En realidad el tiempo ordinario comenzó el lunes siguiente al domingo de Pentecostés, estos dos últimos domingos después de Pentecostés, la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, son como un solapamiento entre el tiempo pascual y el tiempo ordinario. Continuamos con las lecturas del evangelio según S. Marcos correspondiente al ciclo B en el que estamos inmersos.

En la primera lectura Dios recuerda que Él exalta al árbol humilde “Yo exalto al árbol humilde”. El salmo nos invita a dar gracias a Dios “Es bueno darte gracias, Señor”.

San pablo en la segunda lectura, a pesar en los momentos de crisis, de destierro, nos mueve a agradar al Señor “En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor”. El evangelio en continuidad con la primera lectura, la parábola del grano de mostaza en el evangelio, lo modesto, y la rama de cedro en Ezequiel, lo grandioso, recuerdan que Dios se sirve de lo pequeño, de lo humilde, de lo sencillo “Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas”. El Señor eligió a unos pocos hombres para instaurar su reinado en el mundo. Eran la mayoría de ellos humildes pescadores con escasa cultura, llenos de defectos y sin medios materiales, así lo dice el mismo S. Pablo en 1ª Cor 1, 27: “eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes”

El texto de Ezequiel se debe situar como una promesa de restauración después de la catástrofe que supuso para el pueblo de Israel el destierro a Babilonia. La vanagloria de Israel, podemos decir que se la tenían creída, los llevó a pensar que Dios nunca los abandonaría, el pueblo dio las espaldas a Dios y les sobrevino la desgracia, el destierro. De allí, salvó Dios al resto plantándolo de nuevo en su tierra, de la que habían sido despojados y arrancados “También yo había escogido una rama de la cima del alto cedro y la había plantado”.

 El profeta se dirige a los judios de su tiempo, desanimados por tantas desgracias políticas, económicas y religiosas. Para infundirles esperanzas, compara al pueblo con un árbol, pero no como el de mostaza del evangelio, sino con un frondoso y majestuoso cedro, del que Dios arranca un esqueje para plantarlo.

Así crecerán, como dice el salmo en una de sus estrofas, “El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios”

San Pablo nos advierte del riesgo de no ver los frutos, debido a nuestros sentimientos de fracaso ante la evangelización; llega incluso a suponer que sufrimos la lejanía de Dios, sentimos algo así como le ocurrió al pueblo de Israel, nos sentimos como si hubiésemos sido desarraigados de nuestra tierra, aquella en la que Dios nos plantó, “Siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor, caminamos en fe y no en visión”. Con todo, S. Pablo insiste en que continuemos creciendo, viviendo, y esforzándonos por agradar a Dios “en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo”. Los obstáculos del ambiente no nos deben desanimar, aunque veamos en nuestra sociedad signos semejantes, o iguales, a los del tiempo de San Pablo. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestra mano, aunque nos parezca poca cosa, tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza, porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto dará sus frutos.

En el evangelio narra dos parábolas del crecimiento del Reino, en la primera el Reino sigue creciendo mientras el campesino duerme, nos viene a decir que a pesar de todo el Reino crecerá, sólo debemos sembrar, Él ya se encarga del crecimiento.

En la segunda advierte que, a pesar de su pequeñez y modestia, el grpano de mostaza llega hacerse un árbol donde también anidan los pájaros, “echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra” pero sin la majestuosidad, frondosidad y la grandiosidad del cedro de la primera lectura.

Señor, que no pierda la confianza en el crecimiento del Reino, y que añada mi insignificante gota de agua.

Feliz domingo y feliz semana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s