SOLEMNIDAD DE S. JUAN BAUTISTA

La Iglesia celebra hoy la solemnidad de S. Juan Bautista, y nuestro pueblo lo hace una forma especial al ser el patrón de verano y de las fiestas de nuestro municipio.

Es el Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, lleno de Espíritu Santo se alegró sobremanera por la próxima llegada de Nuestro Señor y Salvador. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista. Es tan grande este último profeta que el libro de los Hechos de los Apóstoles lo coloca al inicio del movimiento de Jesús, en la conversión del centurión Cornelio, Lucas pone en boca de Pedro “la cosa empezó en Galilea cuando Juan predicaba el bautismo” (Hch. 10,37). Y en mismo libro, ahora boca de Pablo, en la segunda lectura “Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegará Jesús”

San Agustín, en la segunda lectura del oficio de hoy, dice que “la Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único cuyo nacimiento festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo”.

Es el último Profeta del Antiguo Testamento y el primero que señala al Mesías. Su nacimiento “fue motivo de gozo para muchos”, para todos aquellos que por su predicación conocieron a Cristo; fue la aurora que anuncia la llegada del día. Por eso, San Lucas, en su evangelio, resalta con pelos y señales la época de su aparición en un momento histórico bien concreto: El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea…

Cuando el hijo de Zacarías e Isabel fue circuncidado no recibió el nombre de su padre, sino Juan “Juan es su nombre” que significa fiel a Dios. Esto significó la vocación de aquel niño de ser profeta del Altísimo, porque fue delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación. Él fue escogido por Dios, ya desde el vientre de su madre, así lo recitamos en la antífona del salmo “Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.”. Fue escogido para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. Él bautizó en el Jordán a Nuestro Señor. Juan fue un hombre enviado por Dios para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.

Juan viene a ser la línea divisoria entre los dos Testamentos. Su predicación es el comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios, y su martirio es un presagio de la Pasión. Juan es voz pasajera que anuncia a Cristo que es la Palabra eterna desde el principio.

Los cuatro Evangelistas coinciden en aplicar a Juan el oráculo de Isaías: “He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te preceda y prepare el camino. Voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” El Profeta se refiere en primer lugar a la vuelta de los judíos a Palestina, después de la cautividad de Babilonia: ve a Dios como rey y redentor de su pueblo, después de tantos años en el destierro, caminando a la cabeza de ellos, por el desierto de Siria, para conducirlos con mano segura a la tierra de donde fueron arrancados. Le precede un heraldo, según la antigua costumbre de Oriente, para anunciar su próxima llegada y hacer arreglar los caminos, de los que, en aquellos tiempos, nadie solía cuidar, a no ser en circunstancias muy relevantes. Esta profecía, además de haberse realizado en la vuelta del destierro, tenía un significado más pleno y profundo en un segundo cumplimiento al llegar los tiempos del Mesías.

Los cuatro Evangelistas coinciden en aplicar a Juan el oráculo de Isaías: “He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te preceda y prepare el camino. Voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”

También el Señor había de tener su heraldo en la persona del Precursor, que iría delante de Él, preparando los corazones a los que había de llegar el Redentor. Contemplando hoy, en la Solemnidad de su nacimiento, la gran figura del Bautista que tan fielmente llevó a cabo su cometido, podemos pensar nosotros si también allanamos el camino al Señor entre nuestros amigos y parientes, si somos esa voz que clama en este Alhaurín. Los cristianos somos heraldos de Cristo en el mundo de hoy, o así debería ser. El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine. “Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.”

Feliz día de S. Juan Bautista y patrón nuestro.

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