XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO01/08/2021

Decimoctavo domingo del tiempo ordinario, los próximos domingos proclamaremos el capítulo sexto del evangelio de S. Juan.

Hoy domingo leeremos parte del discurso del pan de vida, la Eucaristía es la fuente, el centro y el culmen de toda la vida de la Iglesia.La secuencia, para no perder el hilo de este gran discurso que solo aparece en el evangelio de S. Juan, es como sigue:

Comienza con la multiplicación de panes y peces, que no pudimos leer al ser la solemnidad de Santiago; sigue con el discurso del pan bajado del cielo, punto en el que nos encontramos; continua con reacción de los judios ante el discurso; prosigue insistiendo en la reacción de los judios, que no leeremos al coincidir con la solemnidad de la Asunción; y por último finaliza con la reacción de los discípulos.

En el libro del Éxodo leemos como Dios, en el desierto, alimentó a su pueblo con el maná, el pan bajado del cielo “Haré llover pan del cielo para vosotros” y el salmo, siguiendo la misma línea de la primera lectura, entona la antífona “El Señor les dio pan del cielo”. En el Evangelio Jesús nos dice que trabajemos por el alimento que perdura para la vida eterna. Ese alimento es Él mismo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.  Y ese trabajo es ir acercándonos cada vez más a Cristo por medio de la fe, vistiéndonos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas, así nos lo transmite s. Pablo en la carta a los Efesios: “Revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios”.

La primera lectura, Eucaristía prefigurada, es uno de los textos donde se aprecia de forma explícita la prefiguración de la eucaristía. La lectura narra cómo Moisés había dado a Israel el pan del cielo, con el que Dios mismo había alimentado a su pueblo “…haré llover pan del cielo para vosotros…”. Lo importante de este relato es que pone de manifiesto la providencia de Dios que no abandona a su pueblo y les pide la fidelidad, siendo esta una lección constante de la vida “Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro” Por eso el maná esta cargado de tal significado que será una de las claves del capítulo del evangelio de Juan sobre el pan de vida.

“El hombre comió pan de ángeles” El salmo alaba al Señor por el maná, del mismo modo nosotros alabamos a Dios por darnos cada día el verdadero pan del cielo, la Eucaristía celebrada cada día, sobre todo los domingos.

Si algo podemos decir de la segunda lectura, de la carta a los Efesios, reflejo de la Eucaristía vivida, es que la eucaristía nos lleva a vivir como personas nuevas y a despojarnos de los poderes de este mundo, a vivir la experiencia del Espíritu por la que estamos marcados “Despojados del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas”. Lo fundamental de la lectura es la exhortación a ser discípulos de Jesús viviendo su Espíritu, como dice s. Pablo en la carta a los Romanos “somos ostias vivas”

Después de la multiplicación de los panes y peces, el evangelio nos lleva a Cafarnaúm, Jesús huye de los que quieren hacerle rey, evitando así un mesianismo político. El relato de hoy es un gran discurso, una penetrante catequesis sobre el pan de vida. Jesús no quiere que se le siga como un simple hacedor de milagros “…me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.” Jesús quiere ir más allá, aclara que no fue Moisés, sino Dios, quien tiene cuidado de nuestra vida “…no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo”.

Aunque el pan es necesario para el sustento de nuestras vidas, hay otro pan que se hace eterno para nosotros “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”;

Eucaristía prometida, que posteriormente será Eucaristía instituida en la última cena y que será celebrada desde entonces todos los domingos; eucaristía que será Eucaristía venerada, adorada y honrada, pues es Jesús sacramentado. Los maestros, escribas y fariseos consideraban que el maná era signo de la Ley, y esta, pues el pan de vida; Jesús combate dicho simbolismo en cuanto que el maná es un alimento que perece. Por la misma razón, en esta oposición entre Jesús y la Ley, se pone de manifiesto que la ley es un don que perece para dar paso a algo que permanece para siempre. Jesús es el verdadero pan de vida que Dios nos ha dado para dar sentido a nuestra existencia. El pan de vida desciende del cielo, viene de Dios y alimenta nuestras vidas.

          Dame, Señor, tu pan de vida. Feliz domingo y feliz semana.

 

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