II Domingo Del Tiempo Ordinario

15/01/2023

Entramos en el tiempo ordinario durante el cual escucharemos las enseñanzas de Jesús y lo acompañaremos en su vida pública, lo haremos de la mano del Evangelio según S. Mateo, aunque estos dos primeros domingos lo hacemos de la mano del de S. Juan. El domingo anterior celebrábamos la Solemnidad del Bautismo de Jesús, domingo que podemos decir que hace de bisagra, pues va cerrando el tiempo de Navidad para adentrarnos en el tiempo ordinario, pues aún en este segundo domingo del tiempo ordinario sentimos los ecos de la Navidad, en él leemos el testimonio del Bautista acerca de Jesús “Este es el cordero de Dios”.

Una breve síntesis de las lecturas puede ser esta: el profeta Isaías describe la vocación y la misión profética del siervo de Yahvé. La llamada de Dios y el encargo de transmitir la salvación a todas las gentes, desde los comienzos del cristianismo se ha visto en esta figura “luz de las naciones” a Jesús. En el salmo refleja la actitud de obediencia del Siervo a la voluntad de Dios que se ha hecho presente en la vida del creyente, el cual responde con el deseo precisamente, tal y como cantamos en la antífona, de hacer la voluntad de Dios “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” S. Pablo en la primera carta a los Corintios, nos dice que somos comunidad, somo Iglesia, pueblo santo y que estamos unidos a los invocan el nombre de Jesús “a los santificados por Jesucristo”. El Evangelio nos trae el testimonio acerca de Jesús por parte de Juan el Bautista “este es Aquel de quien yo dije…”

La lectura del segundo de los cuatro cánticos del Siervo de Isaías nos trae la misión universal del Siervo. El siervo es llamado por Dios, ya desde el seno materno “me formó desde el vientre como siervo suyo” para reunir a Israel que andaba disperso “para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel” y a la vez ser luz de las naciones “para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”  Nosotros creemos que en Jesús es en quien mejor se han cumplido las profecías y esperanzas en ese futuro Siervo de Dios, de quien se afirma su misión universal desde el principio de los planes de Dios que sobrepasan los limites del pueblo de Israel “Te hago luz de las naciones”

S. Pablo en la carta a los Corintios nos invita a reflexionar sobre nuestras posturas, Corinto fue una ciudad de mucha vitalidad, con dos puertos de mar, con muchas actividades comerciales y sociales, era pagana y con muy mala fama en cuanto a su moral y costumbres. Esto le da mayor actualidad, la lectura no trata solo de que nos enteremos de que hace más de veinte siglos la comunidad tenía tal o cual problema, sino que nos interpela a reflejarnos en esa comunidad de Corinto como si se tratara de un espejo, y que procuremos que nuestros caminos vayan coincidiendo con los de Dios, de sentirnos unidos a los que creen en Dios “llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”, y a sentirnos unidos interiormente por la gracia de Dios y universalmente con todas las comunidades esparcidas por el mundo.

En el evangelio, Juan el Bautista, el precursor, el que prepara los caminos, anuncia al Mesías ya presente, da testimonio de Jesús como “Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” y “este es el Hijo de Dios” al que no conocía y sobre el que se posa el Espíritu de Dios, al cual ve descender sobre Él en forma de paloma “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él”.

Son muchos los títulos que dan testimonio de quien es Jesús en todas las lecturas de hoy: el Enviado de Dios, el Mesías, el Siervo, Hijo de Dios, el Amado y preferido del Padre, Señor nuestro. Pero sobre todo destacamos hoy el título que le da el Bautista “Cordero de Dios” pues es un título cargado de mucho simbolismo y de gran resonancia bíblica, pues en Jesús vemos cumplidos los recuerdos y figuras del aquel cordero pascual con cuya sangre se marcó las puertas de las casas de los judios en Egipto, que fue el inicio del Éxodo y de la liberación de Israel. También nos recuerda a los corderos que se sacrificaban en el Templo, ahora es Jesús el cordero que se ofrece a si mismo se hace verdadero Cordero en la cruz que se entrega por la humanidad y ofrece la salvación para todos.   Este mismo apelativo que le da el Bautista “Cordero de Dios” lo repetimos en diferentes momentos de la eucaristía: en el Gloria “Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre…”, después de darnos la paz en el Agnus Dei “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad…”, y seguidamente con la invitación que nos hace el sacerdote para comulgar “Mirad, este es el Cordero de Dios …”

Pues que esta experiencia de encuentro con el Señor Resucitado, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nos de fuerzas para dar testimonio del amor de Dios manifestado en Jesucristo nuestro Señor.

Feliz domingo y feliz semana.

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