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VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 13/02/2022

Este sexto domingo del tiempo ordinario, celebramos en nuestra parroquia la oración por los enfermos, cuya jornada fue pasado viernes 11 que coincide con el día del ayuno voluntario.

Las lecturas de este domingo son muy propias para la jornada nacional de Manos Unidas, la cual, no obstante, celebraremos Dios mediante, en nuestra parroquia, el próximo domingo, así mismo el día del ayuno voluntario ha sido trasladado al próximo viernes 18 de febrero, cena a la que estamos todos invitados.
El profeta Jeremías en la primera lectura nos invita a preguntarnos: ¿En quién tenemos nuestra confianza? ¿En nosotros mismos, en nuestra fuerza, en el dinero y los bienes materiales? “Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza”. Y así lo cantamos en lo cantamos en la antífona del salmo “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”. Una confianza, que como bien nos dice s. Pablo en la segunda lectura, está puesta en la resurrección de Nuestro Señor, de Cristo “si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido” Ser cristiano supone confiar en Dios por encima de todo, viviendo la pobreza evangélica.

El evangelio, nos viene a decir que, en la práctica, esto se traduce en estar más cerca de los pobres, de los que sufren, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales, sabiendo que a Dios no lo vamos a ganar en generosidad “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. […] ¡Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!”.

La primera lectura tomada del profeta Jeremías trata de buscar un punto de apoyo para el hombre ¿Dónde ponemos nuestra confianza, en Dios o en los hombres?

El profeta nos dice que solo en Dios se puede dar ese apoyo, esa seguridad que las fuerzas humanas son incapaces de asegurar. La suerte o la desgracia no provienen de una benevolencia o castigo divino aleatorio, sino que tiene mucho que ver con el ser humano “apartando su corazón del Señor”. ¿Dónde ponemos la confianza? ¿Dónde basamos nuestra fe? Cantamos la primera estrofa del salmo “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos”

San Pablo en la segunda lectura nos dice que “si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado”, estamos propagando una gran mentira que solo sirve para calmar la ansiedad de la gente. Nuestra fe y confianza no la podemos poner en cosas vanas o fútiles. Tampoco la podemos poner en ideas que avalan al propio pensador o las ideas que este tenga. Nuestra fe se fundamenta en un acontecimiento, que no es un argumento para calmar o ilusionar a corazones tímidos, ni tampoco es un producto del imaginario cristiano. Se trata de un hecho que es histórico porque sucedió realmente en la historia “Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto”, no es un mito, ni una hipótesis.

El evangelio de Lucas nos trae este domingo su versión de las bienaventuranzas, que difieren de las de Mateo tanto en número como en trasfondo. El trasfondo que presenta la plenitud de la Ley que es Cristo:

“se ha dicho…pero yo os digo…” es propio de Mateo, sin embargo, en Lucas el trasfondo es de bendición seguido de maldición, sigue el esquema que hemos leído del profeta Jeremías en la primera lectura. Hay bienaventuranzas, pero también hay serias advertencias, los ayes.

El evangelio no es solo anuncio de buenas nuevas, sino denuncia del pecado. No podemos, ingenuamente, proclamar solo que Dios es bueno; debemos poner nombres y rostros de los ídolos que deforman y pretenden ocultar a Dios: el ídolo del poder absoluto y violento; el ídolo del enriquecimiento fácil e injusto; el ídolo de la manipulación de las personas, de la esclavitud sexual, del trabajo mal pagado y cualquiera de las formas que esta adquiere. Dios es el anti-ídolo, porque los ídolos destruyen y esclavizan al hombre, pero Dios quiere que el hombre viva. El anuncio de Jesús es bendición para los sencillos que se abren al Dios de la Vida y de la justicia “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”; es maldición “Ay de vosotros…”, advertencia amenazante para los que manipulan, pisan, desprecian a las personas, sean estas de cualquier condición social, religiosa o cultural que sea.

Vivir confiando solo en nosotros y en los demás, sin tener en cuenta a Dios nos aísla y encierra. Vivir confiando en Dios y en los demás nos trae bendición y felicidad. Todo lo hemos recibido por la resurrección de Jesús, y estamos llamados a vivir según el estilo de Jesús, haciendo nuestras las bienaventuranzas, participando de su vida.

Puesto que en el Señor vivimos, nos movemos y existimos, caminemos apoyados y junto al Señor; proclamemos las bienaventuranzas y mostremos a todos el amor de Dios que hemos recibido. Pedimos a Nuestro Señor por la intercesión de María la salud de los enfermos.

Feliz domingo y feliz semana.

Jornada del enfermo

El próximo 11 de febrero, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo.

Por ello, en las misas del próximo domingo 13, se pedirá especialmente por las personas enfermas. Si quieres pedir por algún familiar o por alguien en especial, puedes traer escrito su nombre en un papel y antes de la misa, se recogerán y se rezará por todos ellos.

Si no puedes venir, envíanos un correo con el nombre de la persona enferma, o bien a través del Facebook de la Parroquia.

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=482394783433442&id=100049887742036

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 06/02/2022

Proseguimos caminando por este tiempo ordinario, que hoy nos trae, de la mano de Lucas, la llamada, la vocación, para lo cual pone el acento en Pedro. Vocación, como todas las vocaciones, que vienen de Dios. Y coincidiendo con el tema de la vocación, recordemos que este pasado miércoles día de la Candelaria y festividad de la Presentación del Señor, celebrábamos la Jornada Mundial por la Vida Consagrada, jornada que se viene celebrando desde el 2 de febrero de 1997, cuyo para este año es “Caminando juntos” haciendo referencia al sínodo sobre la sinodalidad en el que toda la Iglesia se halla inmersa.

Una síntesis de todas las lecturas de este domingo puede ser esta: La llamada y el envío a la misión no viene de nosotros, sino de Dios. Así lo leemos, en la primera lectura, la vocación del profeta Isaías a quien, a pesar de sentirse pequeño, Dios lo envía “Aquí estoy, envíame” Esto lleva a nuestro corazón a cantar, como lo hacemos en el salmo, “La gloria del Señor es grande” y a unirnos a los coros de los ángeles, a los serafines “¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!” Una experiencia de pequeñez parecida a la de Isaías la encontramos en el apóstol Pablo, que leemos en la segunda lectura, “por la gracia de Dios soy lo que soy” En el evangelio vemos como para Pedro, y el resto de los discípulos, Jesús es siempre una sorpresa, una novedad. Lo bueno de Pedro es que se fía de Jesús “puesto que tú lo dices, echaré las redes”
La semana pasada leíamos la vocación de Jeremías, hoy le toca el turno al profeta Isaías. Ser profeta no es una profesión, sino que es una vocación, una llamada. Dios los llama y ellos obedecen a la llamada. La vocación tiene una triple dimensión: una llamada que en el caso de Isaías es una visión, consagración con la que purifica los labios de Isaías mediante ascuas ardiendo lo que invita a cantar, como hacemos en la antífona del salmo “tañeré para ti” y hace acrecentar nuestra alma, así lo entonamos en una de las estrofas “acreciste el valor de mi alma”, la misión de Isaías es hablar al pueblo. “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Contesté: Aquí estoy, mándame” Dios se revela para llevar adelante la salvación de la humanidad, y en este caso lo hace por medio de profetas, aquí lo hace por medio de Isaías.
En la segunda lectura, destacamos como Pablo nos da el centro del anuncio, el kerygma cristiano: yo os he transmitido lo que he recibido, que Cristo murió y resucitó y que se ha aparecido. Pablo hace de Jesús exaltado el motivo último de toda su misión y se reconoce agraciado por el don que Dios le ha concedido: anunciar a su Hijo. Pablo resalta que no es obra suya sino de Dios. “Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo”
El evangelio es el relato de la llamada y vocación de los discípulos. Lucas pone el acento en Pedro. Anteriormente, Jesús, había estado predicando por las sinagogas de Galilea y Judea, ahora cambia de escenario y predica al aire libre de manera más cercana a la gente. Entre ellos había gente que no pisaban las sinagogas, como recaudares de impuestos y prostitutas. Jesús provoca tal interés en la gente, que esta se agolpa para escucharlo “La gente se agolpaba junto a él para escuchar la palabra de Dios”
Antes el interés que provoca por su enseñanza, y ante el tumulto de la gente, Jesús se sube a una barca, no se trata de una braca cualquiera, Jesús vio dos barcas, no se sube a una barca, sino a la barca de Pedro y le pide que se aleje un poco de la orilla. Con este gesto destaca la importancia de Pedro que, junto con sus compañeros serán los continúen lo que hizo Jesús, la predicación de la palabra de Dios.
En la pesca milagrosa, ante la orden de Jesús de echar las redes, Pedro llama a Jesús jefe diciéndole que han estado faenando toda la noche sin pescar nada, dando a entender que resulta algo inhumano y absurdo “Jefe, hemos bregado toda la noche sin cobrar nada”. Pedro confía en la palabra de Jesús “pero, por tú palabra, echaré las redes” y consigue una pesca tan abundante que dificulta el arrastre, necesitando para ello la ayuda del resto de compañeros. Esto provoco asombro, estupor y admiración en Pedro y sus compañeros, entre ellos los hermanos Zebedeo: Santiago y Juan. La reacción de Pedro fue caer de rodillas, y desde ese momento no llama a Jesús jefe, sino Señor “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” Esto nos recuerda la vocación de Isaías cuando dice al Señor que sus labios son impuros. Jesús confía a Pedro la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” Y dejando todo, no solo Pedro, sino también lo demás, lo siguieron “Entonces, sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”
La vocación no sigue esquemas humanos, sino que Dios se sirve de personas que dudan, que se saben débiles, pero que a su vez se dejan tocar por Jesús, por el Señor.
Dejémonos tocar por el Señor y ponernos a su servicio, al servicio de la misión.
Feliz domingo y feliz semana.

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 29/01/2022

Continuamos avanzando en el tiempo ordinario, el martes pasado concluíamos la semana de oración por la unidad de los cristianos, durante la cual tuvimos una oración en el Centro Cristiano de Alhaurín, fue el pasado lunes día 24. El lema para este año ha sido “Nosotros hemos visto aparecer su estrella y venimos a adorarlo” Nuestros obispos, como en años anteriores, durante este octavario nos invitaron a orar por la unidad.

La primera lectura, del profeta Jeremías, hace referencia a esa apertura de la predicación profética hacia los gentiles, cuando Dios le dice a Jeremías: “Te nombré profeta de los gentiles” la salvación toma proporciones universales, que nos invita a cantar como en la antífona del salmo “Mi boca cantará tu salvación, Señor” Porque es posible desde el amor a Dios y al prójimo, lo que quedará que es lo más importante como leemos en la segunda lectura en la primera Carta de s. Pablo a los Corintios, es el Amor “Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor”. El Evangelio nos presenta la raíz del carácter misionero de la Iglesia y ratifica la universalidad de la salvación que no se queda solo en los judios. “Jesús, como Elías y Eliseo, no fue enviado solo a los judíos”. Aunque llevar a todos el Evangelio nos pueda producir incomprensiones y persecuciones, no hemos de tener miedo porque el Señor está con nosotros para liberarnos.

La primera lectura, del profeta Jeremías, destaca las características de lo que es un profeta: un vocacionado, que escucha la palabra, la interioriza y la proclama. El profeta es un hombre consagrado, no se trata de una profesión lucrativa, ni de una afición. Es un hombre amenazado, es lo que quiere decir “Tú cíñete los lomos”, es débil, sometido a los miedos propios de la misión, pero el Señor le apremia “No tengas miedo” porque como cantamos en una de las estrofas del salmo “fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud” Jeremías fue un profeta que llevó en carne las marcas de la misión, vivió su vocación profética de forma dolorosa, pero fue testigo de que la llamada, la vocación, supera las debilidades de la condición humana.

La segunda lectura, de la primera carta a los Corintios, es el famoso himno a la caridad de s. Pablo un clásico, no solo en la celebración del sacramento del matrimonio entre los cristianos, sino que lo es también en matrimonios civiles. Pero debemos tener en cuenta la perspectiva desde la comunidad a la que fue escrito este himno, que se caracterizaba por unas fortísimas diferencias sociales entre sus miembros y por la exaltación de los carismas más llamativos.

El himno es una respuesta a un conflicto que estaba a punto de dividir a la Iglesia, s. Pablo no niega que en una comunidad se deban ejercer los distintos carismas, pero todos deben estar sometidos al principio cristiano del ágape, el amor, la caridad, que es “el camino más excelente”.

Así ya seamos como el que tiene el don de profecía, o el don de ciencia, o el don de lenguas, o ya sea la persona más generosa, pero si no tengo amor, de nada me sirve. El don del Espíritu no es propiedad de unos selectos, ni se puede reducir a unos dones extraordinarios.

El evangelio es la continuación del que proclamamos el domingo anterior: Jesús se ha presentado en la sinagoga de Nazaret, y en presencia de sus paisanos, se ha atribuido las palabras referentes al Siervo de YHWH “El espíritu está sobre mi” Sus paisanos lo rechazan e intentan acabar con el despeñándolo, una situación que nos deja un poco perplejos, pues unos momentos antes sus palabras provocaban admiración “Y todos expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca” y luego de después de hablas y decir que “ningún profeta es aceptado en su pueblo” y hacer referencia explícita a dos profetas, Elías y Eliseo, que curan a extranjeros, lo cual provoca, hacia Jesús, el rechazo de sus paisanos. Jesús se presenta como profeta abierto a la gran humanidad sufriente y necesitada de salvación.

Dejemos que la Palabra nos ilumine, y descubramos para que nos ha elegido Dios. No tengamos miedo, nuestro Padre está con nosostros.

Feliz domingo y feliz semana.