El próximo 11 de febrero, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo.
Por ello, en las misas del próximo domingo 13, se pedirá especialmente por las personas enfermas. Si quieres pedir por algún familiar o por alguien en especial, puedes traer escrito su nombre en un papel y antes de la misa, se recogerán y se rezará por todos ellos.
Si no puedes venir, envíanos un correo con el nombre de la persona enferma, o bien a través del Facebook de la Parroquia.
Proseguimos caminando por este tiempo ordinario, que hoy nos trae, de la mano de Lucas, la llamada, la vocación, para lo cual pone el acento en Pedro. Vocación, como todas las vocaciones, que vienen de Dios. Y coincidiendo con el tema de la vocación, recordemos que este pasado miércoles día de la Candelaria y festividad de la Presentación del Señor, celebrábamos la Jornada Mundial por la Vida Consagrada, jornada que se viene celebrando desde el 2 de febrero de 1997, cuyo para este año es “Caminando juntos” haciendo referencia al sínodo sobre la sinodalidad en el que toda la Iglesia se halla inmersa.
Una síntesis de todas las lecturas de este domingo puede ser esta: La llamada y el envío a la misión no viene de nosotros, sino de Dios. Así lo leemos, en la primera lectura, la vocación del profeta Isaías a quien, a pesar de sentirse pequeño, Dios lo envía “Aquí estoy, envíame” Esto lleva a nuestro corazón a cantar, como lo hacemos en el salmo, “La gloria del Señor es grande” y a unirnos a los coros de los ángeles, a los serafines “¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!” Una experiencia de pequeñez parecida a la de Isaías la encontramos en el apóstol Pablo, que leemos en la segunda lectura, “por la gracia de Dios soy lo que soy” En el evangelio vemos como para Pedro, y el resto de los discípulos, Jesús es siempre una sorpresa, una novedad. Lo bueno de Pedro es que se fía de Jesús “puesto que tú lo dices, echaré las redes” La semana pasada leíamos la vocación de Jeremías, hoy le toca el turno al profeta Isaías. Ser profeta no es una profesión, sino que es una vocación, una llamada. Dios los llama y ellos obedecen a la llamada. La vocación tiene una triple dimensión: una llamada que en el caso de Isaías es una visión, consagración con la que purifica los labios de Isaías mediante ascuas ardiendo lo que invita a cantar, como hacemos en la antífona del salmo “tañeré para ti” y hace acrecentar nuestra alma, así lo entonamos en una de las estrofas “acreciste el valor de mi alma”, la misión de Isaías es hablar al pueblo. “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Contesté: Aquí estoy, mándame” Dios se revela para llevar adelante la salvación de la humanidad, y en este caso lo hace por medio de profetas, aquí lo hace por medio de Isaías. En la segunda lectura, destacamos como Pablo nos da el centro del anuncio, el kerygma cristiano: yo os he transmitido lo que he recibido, que Cristo murió y resucitó y que se ha aparecido. Pablo hace de Jesús exaltado el motivo último de toda su misión y se reconoce agraciado por el don que Dios le ha concedido: anunciar a su Hijo. Pablo resalta que no es obra suya sino de Dios. “Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo” El evangelio es el relato de la llamada y vocación de los discípulos. Lucas pone el acento en Pedro. Anteriormente, Jesús, había estado predicando por las sinagogas de Galilea y Judea, ahora cambia de escenario y predica al aire libre de manera más cercana a la gente. Entre ellos había gente que no pisaban las sinagogas, como recaudares de impuestos y prostitutas. Jesús provoca tal interés en la gente, que esta se agolpa para escucharlo “La gente se agolpaba junto a él para escuchar la palabra de Dios” Antes el interés que provoca por su enseñanza, y ante el tumulto de la gente, Jesús se sube a una barca, no se trata de una braca cualquiera, Jesús vio dos barcas, no se sube a una barca, sino a la barca de Pedro y le pide que se aleje un poco de la orilla. Con este gesto destaca la importancia de Pedro que, junto con sus compañeros serán los continúen lo que hizo Jesús, la predicación de la palabra de Dios. En la pesca milagrosa, ante la orden de Jesús de echar las redes, Pedro llama a Jesús jefe diciéndole que han estado faenando toda la noche sin pescar nada, dando a entender que resulta algo inhumano y absurdo “Jefe, hemos bregado toda la noche sin cobrar nada”. Pedro confía en la palabra de Jesús “pero, por tú palabra, echaré las redes” y consigue una pesca tan abundante que dificulta el arrastre, necesitando para ello la ayuda del resto de compañeros. Esto provoco asombro, estupor y admiración en Pedro y sus compañeros, entre ellos los hermanos Zebedeo: Santiago y Juan. La reacción de Pedro fue caer de rodillas, y desde ese momento no llama a Jesús jefe, sino Señor “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” Esto nos recuerda la vocación de Isaías cuando dice al Señor que sus labios son impuros. Jesús confía a Pedro la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” Y dejando todo, no solo Pedro, sino también lo demás, lo siguieron “Entonces, sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron” La vocación no sigue esquemas humanos, sino que Dios se sirve de personas que dudan, que se saben débiles, pero que a su vez se dejan tocar por Jesús, por el Señor. Dejémonos tocar por el Señor y ponernos a su servicio, al servicio de la misión. Feliz domingo y feliz semana.
Continuamos avanzando en el tiempo ordinario, el martes pasado concluíamos la semana de oración por la unidad de los cristianos, durante la cual tuvimos una oración en el Centro Cristiano de Alhaurín, fue el pasado lunes día 24. El lema para este año ha sido “Nosotros hemos visto aparecer su estrella y venimos a adorarlo” Nuestros obispos, como en años anteriores, durante este octavario nos invitaron a orar por la unidad.
La primera lectura, del profeta Jeremías, hace referencia a esa apertura de la predicación profética hacia los gentiles, cuando Dios le dice a Jeremías: “Te nombré profeta de los gentiles” la salvación toma proporciones universales, que nos invita a cantar como en la antífona del salmo “Mi boca cantará tu salvación, Señor” Porque es posible desde el amor a Dios y al prójimo, lo que quedará que es lo más importante como leemos en la segunda lectura en la primera Carta de s. Pablo a los Corintios, es el Amor “Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor”. El Evangelio nos presenta la raíz del carácter misionero de la Iglesia y ratifica la universalidad de la salvación que no se queda solo en los judios. “Jesús, como Elías y Eliseo, no fue enviado solo a los judíos”. Aunque llevar a todos el Evangelio nos pueda producir incomprensiones y persecuciones, no hemos de tener miedo porque el Señor está con nosotros para liberarnos.
La primera lectura, del profeta Jeremías, destaca las características de lo que es un profeta: un vocacionado, que escucha la palabra, la interioriza y la proclama. El profeta es un hombre consagrado, no se trata de una profesión lucrativa, ni de una afición. Es un hombre amenazado, es lo que quiere decir “Tú cíñete los lomos”, es débil, sometido a los miedos propios de la misión, pero el Señor le apremia “No tengas miedo” porque como cantamos en una de las estrofas del salmo “fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud” Jeremías fue un profeta que llevó en carne las marcas de la misión, vivió su vocación profética de forma dolorosa, pero fue testigo de que la llamada, la vocación, supera las debilidades de la condición humana.
La segunda lectura, de la primera carta a los Corintios, es el famoso himno a la caridad de s. Pablo un clásico, no solo en la celebración del sacramento del matrimonio entre los cristianos, sino que lo es también en matrimonios civiles. Pero debemos tener en cuenta la perspectiva desde la comunidad a la que fue escrito este himno, que se caracterizaba por unas fortísimas diferencias sociales entre sus miembros y por la exaltación de los carismas más llamativos.
El himno es una respuesta a un conflicto que estaba a punto de dividir a la Iglesia, s. Pablo no niega que en una comunidad se deban ejercer los distintos carismas, pero todos deben estar sometidos al principio cristiano del ágape, el amor, la caridad, que es “el camino más excelente”.
Así ya seamos como el que tiene el don de profecía, o el don de ciencia, o el don de lenguas, o ya sea la persona más generosa, pero si no tengo amor, de nada me sirve. El don del Espíritu no es propiedad de unos selectos, ni se puede reducir a unos dones extraordinarios.
El evangelio es la continuación del que proclamamos el domingo anterior: Jesús se ha presentado en la sinagoga de Nazaret, y en presencia de sus paisanos, se ha atribuido las palabras referentes al Siervo de YHWH “El espíritu está sobre mi” Sus paisanos lo rechazan e intentan acabar con el despeñándolo, una situación que nos deja un poco perplejos, pues unos momentos antes sus palabras provocaban admiración “Y todos expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca” y luego de después de hablas y decir que “ningún profeta es aceptado en su pueblo” y hacer referencia explícita a dos profetas, Elías y Eliseo, que curan a extranjeros, lo cual provoca, hacia Jesús, el rechazo de sus paisanos. Jesús se presenta como profeta abierto a la gran humanidad sufriente y necesitada de salvación.
Dejemos que la Palabra nos ilumine, y descubramos para que nos ha elegido Dios. No tengamos miedo, nuestro Padre está con nosostros.
El domingo pasado celebrábamos la jornada de la infancia misionera, este domingo, el tercero del tiempo ordinario, es el día elegido este año para la celebración del Domingo de la Palabra de Dios. Esta jornada fue instituida por el papa Francisco no hace mucho, en 2019, para dedicar todo un domingo completamente a la Palabra de Dios. El texto elegido por el papa para este año es sumamente expresivo ¡Bienaventurado el que escucha la palabra de Dios!
No está de más, en esta jornada, releer la exhortación apostólica postsinodal del papa emérito Benedicto XVI Verbum Domini y el capítulo VI de la constitución del Concilio Vaticano II sobre la divina revelación Dei Verbum titulado “La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia”.
La liturgia de hoy se nos invita a escuchar con gozo la Palabra de Dios, esa misma Palabra es la que nos congrega hoy a nosotros como Pueblo de Dios, al igual que fue congregado, como leemos en la primera lectura, del libro de Nehemías, el pueblo de Israel a la vuelta del destierro, fueron congregados para escuchar de la mano del sacerdote Esdras, “Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido”, una vez liberados del destierro. Esa Palabra se convierte en Palabras de vida, así lo que entonamos en la antífona del salmo “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”. Esta Palabra hace que formemos un solo cuerpo con Cristo como dice s. Pablo en la carta a los Corintios “Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro”. En el Evangelio leemos que en Cristo se cumplen plenamente las Escrituras del Antiguo Testamento “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Él, Ungido por el Espíritu Santo, ha sido enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar el año de gracia del Señor.
En la primera lectura parte del pueblo regresado desde el destierro a Babilonia a Jerusalén acometen la tarea de reconstruir el Templo, de reedificar la ciudad. Asistimos al nacimiento del judaísmo fundado en los cimientos del yahvismo. La ley ocupará un lugar central, el pueblo se reconoce en esa Ley que lo configura, le da identidad y le marca las pautas para no volver a caer en esclavitud. La proclamación de la Ley provoca fiesta y alegría entre los creyentes “¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!”, La Ley, la Torá, es entendida como norma de vida como leemos en el salmo “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón”, desde ahora, tiempo conocido como época persa, como tiempo de la Restauración, la confesión de fe quedará estrechamente unida a la Escritura.
San Pablo, en la segunda lectura, se sirve de la imagen del cuerpo físico y sus distintos miembros para dar un salto al Cuerpo de Cristo, y de ahí, a la Iglesia. No habla de una Iglesia en sentido sociológico, sino de aquella formada por todos los miembros bautizados en el Espíritu, Iglesia que tiene conciencia de su diversidad, todos distintos, pero a la vez todos necesarios. Nadie es más que nadie y nadie puede despreciar a nadie. Los ministerios solo tienen sentido porque sirven a la construcción de la Iglesia, no son adorno personal.
El evangelio nos presenta dos partes el inicio literario o prólogo literario y el inicio del ministerio público de Jesús. Lucas prudentemente escribe un prólogo breve deja caer cuatro datos esenciales: a quien escribe, por que escribe, que método usa y que pretende. Le escribe a un tal Teófilo, que significa amante de Dios y que algunos piensan que no es un personaje concreto, sino que representa a cualquier cristiano. El motivo es que muchos ya han escrito antes que él, pero no le resulta suficiente y decide “también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.” Lucas encuentra que sus predecesores no han escrito desde el principio, todo, exactamente y por orden; lo que lleva a mejorar lo existente añade la infancia, incluye todo lo que se sabía y exactamente, sitúa los acontecimientos en su contexto histórico y por orden. Y cuya finalidad es conocer la solidez de las enseñanzas.
En la segunda parte contemplamos a Jesús que va a la sinagoga, y delante de sus paisanos que lo conocían se atreve a anunciar algo nuevo que comienza “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” no se trata de un hoy cualquiera y cronológico, un hoy que se agota en el calendario, sino un hoy que se prolonga y se renueva continuamente en cada generación. El hoy de Jesús es el hoy de cada creyente que vive la novedad del Evangelio en su vida. Jesús anuncia un mundo nuevo con vida en abundancia, donde no hay esclavos, ni empobrecidos, ni abusados, ni excluidos “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” Jesús anuncia que ese hoy, ese tiempo, es posible, que él lo ha inaugurado, ya ha comenzado.
Que el Evangelio sea siempre en nosotros una novedad y que ese tiempo, ese hoy sea un hoy se ha cumplido; que sea en nosotros una constante novedad ilusionante.