Os dejamos este enlace sobre las Prioridades Pastorales para este curso que empieza 2021- 2022. La presentación, en nuestro arciprestazgo, será el sábado 16 de Octubre a cargo D. Pedro Leiva, en la parroquia de San Juan de Coín a las 10:00.
Os animamos a que entréis en la web de la Diócesis de Málaga y la leáis y así «caminar juntos»
Vigésimo-quinto domingo del tiempo ordinario, después de la confesión de fe de Pedro que cierra la primera parte del evangelio de Marcos, comenzamos con la segunda parte que se estructura con tres anuncios que hace Jesús de su pasión y muerte, seguidos de tres relatos que destacan la incomprensión de sus discípulos.
El domingo anterior leímos el primer anuncio y la reacción de Pedro, en este domingo leeremos el segundo anuncio y la incomprensión de unos discípulos. El libro de la Sabiduría fue escrito siglos antes de Cristo y, sin embargo, da la impresión de que describe lo que vivió Jesucristo en su pasión “Lo someteremos a ultrajes y torturas”. El salmo invita a acompañar a Jesús cuando piensa en su muerte y resurrección “Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida”. La lectura de la carta de Santiago da un aviso muy importante para la comunidad cristiana, “Hermanos: donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones” pues caemos muchas veces en el pecado de las envidias y peleas, queriendo averiguar quién manda más. Dice el Evangelio “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará”. Sus discípulos no entendían aquello y discutían entre sí quién sería el más importante. Él les dijo que “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.
La primera lectura, del libro de la Sabiduría, nos ayuda a comprender el por que el Hijo del Hombre será entregado. A los malvados les molesta porque se opone a sus acciones, echa los pecados, reprende, les molesta que presuma de conocer a Dios, que se llame a si mismo de hijo del Señor y que se gloríe de tener por Padre a Dios. “Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso” Como consecuencia de todo ello, lo someterán a la afrenta, a la tortura, lo condenarán a una muerte injuriosa y vergonzosa “Lo condenaremos a muerte ignominiosa” Están convencido de que, si es el Hijo de Dios, Él lo ayudará y lo librará de los enemigos, pero no será así de momento, habrá que esperar al tercer día en el que resucitará.
Así lo cantamos también en el salmo “insolentes se alzan contra mí y hombres violentos me persiguen a muerte” pero sin ser abandonado “Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida”, que nos invita a acompañar a Jesús en la pasión y a acompañar a los que sufre, no a discutir quien el más importante.
La lectura de la carta de Santiago es un discutir de quien es el mayor o el más importante, sino que las rivalidades y peleas que surgen dentro de la comunidad cristiana ¿de dónde proceden los conflictos y luchas que se dan entre vosotros?, atribuidas al deseo de placer, la codicia y la ambición ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Cuando no se consigue lo que se desea, la insatisfacción lleva a toda clase de conflictos.
En el Evangelio leemos como la actividad de Jesús entra en una nueva etapa, sigue recorriendo Galilea, pero no se dedica a anunciar a la gente la Buena Nueva, sino que se centra en la formación e instrucción de los discípulos. Todo se centra en muerte-resurrección, que Jesús la tiene presente durante toda su vida, para Jesús cada día es Viernes Santo y Domingo de Resurrección.
Al primer anuncio Pedro reaccionó reprendiendo a Jesús, lo que le costó que Jesús le reprimiera duramente. Ahora los discípulos callan “Pero ellos no entendían lo que decía y les daba miedo preguntarle”, siguen sin entender a Jesús, prueba de ello es que los discípulos se dedican a discutir quien es el más importante, lo que supone en cierto modo, el desprecio al menos importante. Jesús da una solemne lección a sus discípulos, convoca a los Doce y les dice algo revolucionario “El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”, es el mismo ejemplo que el lavatorio de los pies en el Evangelio de Juan. Jesús enseña que mandar es servir, un servicio que se presta.
A continuación, nos da a todos una clase una clase de humildad y abnegación, para saberlo acoger en los más débiles.
Jesús toma un niño entre sus brazos, no es un gesto cargado de romanticismo y sentimentalismos, los niños en esa época eran personas marginadas, como las viudas y los huérfanos. Jesús enseña que “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mi…” Jesús anima a recibir a los niños en su nombre y acogerlos en la comunidad cristiana, en los niños están representados todos los maginados, un ejemplo lleno de grandeza y de servicio.
Pidamos al Señor que nos ayude a acompañar al que sufre, al necesitado, que aleje de nosotros los conflictos, y a ponernos al servicio del Evangelio sin codicia y sin buscar el prestigio y los primeros puestos.
Vigésimo-cuarto domingo del tiempo ordinario, nos encontramos ante la confesión de fe de Pedro y en el que Jesús nos pregunta ¿Quién dice la gente que soy yo? Y a nosotros mismo nos dice: ¿Y vosotros que decís quien soy yo? Jesús es el Mesías; pero su camino, no es precisamente un camino de rosas, es su pasión, muerte y resurrección.
Isaías así lo profetiza en la primera lectura: “Ofrecí la espalda a los que me golpea”, pero Dios no abandona siempre acompaña “El Señor Dios me ayuda”. En la misma línea, en el salmo, cantamos “el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó” la segunda lectura, es una crítica a la fe sin obras “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”. Pedro no quiso entender que el Mesías tenia que sufrir y fue rechazado por Jesús “¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Nosotros caemos muchas veces en la tentación de pensar que el camino de la Iglesia es el del triunfo y del aplauso, olvidamos que el que quiera seguir a Cristo tiene que negarse a sí mismo y cargar con su cruz.
La primera lectura es un fragmento del tercer canto del Siervo de Yhwh, un personaje misterioso, que termina salvando a su pueblo mediante el sufrimiento y la muerte. Identificamos este poema con Jesús, el mismo dice que el Hijo del Hombre tiene que padecer y el poema anticipa las ofensas, salivazos, golpes, burlas, insultos…
Dios, en este fragmento revela a su servidor lo mucho que va a sufrir “me ha abierto el oído”, pero que va a permanecer junto a él “Mi Señor me ayudaba”, “Tengo cerca a mi defensor”, “el Señor me ayuda”. El Siervo está convencido de que el sufrimiento no es un castigo de Dios, sino un paso previo al triunfo.
El siervo no se rebela, no se echa atrás, ofrece las espaldas y la mejilla a los golpes, no oculta el rostro a bofetadas y salivazos. Si Pedro hubiera comprendido este texto de Isaías, no se hubiese indignando ante las palabras de Jesús, que son el punto de vista de Dios, Pedro, sin embargo, piensa como los hombres, se deja llevar por sentimientos puramente humanos.
La carta de Santiago denuncia la postura del que dice y presume de tener fe, pero no hace nada bueno. Nos salva Jesús y su fe en él, pero lo que está claro que esa fe nos lleva a una vida guiada por los frutos del Espíritu de Dios. El texto refleja una polémica entre dos posturas, por un lado, los partidarios de observar estrictamente la Ley de Moisés, como si fuera ella la que nos salva; y por otro, la postura de los que defienden que la salvación viene por la fe en Cristo. Santiago, para esclarecer la polémica, pone como ejemplo la respuesta de uno que presume tener fe ante un hermano que pasa hambre “Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: ‘Id en paz; abrigaos y saciaos’, pero no les da lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?”. Es un ejemplo esclarecedor que nos da que pensar: ¿no actuamos nosotros de la misma manera, que creemos que por cumplir una serie de preceptos ya estamos salvados, sin importarnos nuestros hermanos?
En el evangelio, en el camino hacia Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Hasta ahora, Marcos, ha ido mostrando a Jesús como un personaje desconcertante que enseña con autoridad y tiene poder sobre los espíritus inmundos, perdona pecados, come con publicanos y pecadores, se considera con derecho de contravenir el sábado. Sus familiares piensan que está mal de la cabeza, los escribas que está endemoniado, los de Nazaret no creen en él y lo consideran simplemente el carpintero del pueblo. Mientras sus discípulos quedan desconcertados al calmar la tempestad en el lago. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trata del Bautista, Elías o cualquier otro de los profetas. El pueblo ve a Jesús en la línea de los antiguos profetas, que en tiempos de Jesús tenia connotaciones políticas, ven a Jesús como un libertador. Si la pregunta la hiciéramos la gente de nuestro entorno, las respuestas pueden ser de las más variopinta.
Ante la pregunta, no ya lo que dice la gente, sino que dicen sus discípulos, que la podemos extrapolar a nosotros mismos:
Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo? a lo que se lanza Pedro a responder con la confesión de fe: “Tú eres el Mesías”,
a lo que Jesús les ordena que no lo hablaran con nadie, y comienza a instruirlos diciéndoles que debe de padecer mucho, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Pedro, como muchos de nosotros, se queda en el sufrimiento. Jesús lo reprende con dureza y severidad. Pedro piensa como los hombres no como Dios. Jesús nos dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?”
Que el Señor nos ayude a tomar y cargar nuestra cruz, y a confesarlo como Mesías, como el Hijo de Dios, pues como decía S. Jerónimo “no es cosa cómoda ni tranquila confesar a Dios”
La Iglesia celebra hoy la festividad de la Natividad de María que, en algunas ciudades y pueblos que celebran fiestas en honor a su patrona bajo alguna advocación.
Tal es el caso de la diócesis de Málaga, que celebra a su patrona la Virgen de la Victoria, al tiempo que celebra con alegría el Nacimiento de María, de ella nació el Sol de justicia, Cristo, nuestro Salvador, Señor y Dios.
Ningún acontecimiento importante acompañó al nacimiento de María, los evangelios no nos dicen nada acerca de la Natividad de María. Nació, tal vez, en una ciudad de Galilea, con mucha probabilidad en Nazaret, pero aquel día nada se reveló a los hombres. El mundo seguía dando importancia a otros acontecimientos. Con frecuencia lo importante para Dios pasa desapercibido y casi oculto a los ojos de los hombres que siempre andan buscando algo extraordinario. Ese día sólo hubo fiesta y alegría en el cielo, fiesta a la cual nosotros nos unimos hoy. Este día nos señala que el Mesías está ya próximo, como dijo S. Juan Pablo II en Redemptoris Mater:
“María es la Estrella de la mañana que, en la aurora que precede a la salida del sol, anuncia la llegada del Salvador, el Sol de justicia en la historia del género humano”
La vida de María pasa inadvertida. Todo Israel esperaba a esa doncella anunciada en la escritura, a la mujer del llamado Protoevangelio, donde los cristianos vemos cumplidas las promesas en María y su Hijo, Jesucristo: “pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gén 3,15). De ella nacerá, la promesa de la que habla el profeta Miqueas en la primera lectura, “de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel” que pastoreará al pueblo de Israel “pastoreará con la fuerza del Señor” María es la Puerta por la que Dios entra en el mundo.
Y ante tan gran alegría cantamos en una de las antífonas para el salmo de hoy “Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho”
La liturgia de hoy, en la lectura de la carta a los Romanos, aplica a María este pasaje, en el que S. Pablo describe la misericordia divina que elige a los hombres para un destino: María es elegida para ser Madre del Hijo de Dios “Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera primogénito entre muchos hermanos” Dios da a cada uno las gracias que corresponde a cada uno y en su momento para la misión. “Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó” En este pasaje Dios nos da esperanza tanto para esta vida como para la futura. Incluso con el misterio del mal en el mundo, podemos estar seguros de la victoria última de Dios. Como dice Sta. Catalina de Siena: “Todo procede del amor, todo esta ordenado a la salvación del hombre. Dios no hace nada que no sea con este fin” y así lo hizo con María fue predestinada para ser la Madre Dios, la Madre de nuestro Señor que trae la salvación del hombre.
El evangelio nos recuerda la bondad de José, que también fue predestinado para ser el padre de Jesús y esposo de María, que no quería difamar a María, puesto que conforme a la ley judía le hubiera costado la muerte a María y como era hombre justo quiso tratar el asunto en privado, pero el ángel le hizo comprender que el Espíritu Santo había obrado en María.
Pero sobre todo lo que se destaca en la fiesta de hoy es la promesa cumplida, la profecía de lo que Dios dijo por medio del profeta: “Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que quiere significa Dios-con-nosotros”
Recordemos también nosotros que hemos recibido de Dios una llamada a cumplir una misión concreta en el mundo. Además de la alegría de contemplar a Nuestra Madre, a la Virgen María, también debemos pensar que Dios nos da a cada uno las gracias necesarias y suficientes para llevar a cabo nuestra vocación específica en medio del mundo.
Que María, interceda por nosotros y nos enseñe a servir a los demás sin ruido y guardando todas las cosas en nuestro corazón.
Feliz día de la Virgen Victoria, patrona de nuestra diócesis.