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RETIRO SÁBADO 27 MARZO

Este sábado 27 de marzo, a partir de las 10:00h y hasta las 14:00h, tendremos un retiro cuaresmal en nuestra parroquia.

Nos guiará en esta ocasión el Reverendo Presbítero D. Miguel Ángel Criado, párroco de la Iglesia del Salvador de Málaga.

Defendió su tesis doctoral en la Pontificia Universidad Georgiana de Roma, bajo el título «Juan Alfaro teólogo de la fe». En ella reflexiona, sobre que la fe no es una realidad estática ni una posición conquistada para siempre. La fe es una realidad vital y dinámica, que no se reduce a la aceptación de una serie de verdades y doctrinas. La fe es un encuentro con Cristo que ha de cultivarse para que ésta se fortalezca y revierta en la tarea evangelizadora de toda la Iglesia.

«El cristiano se hace, no se nace»

(Tertuliano s.II d.C.)

Hasta completar aforo, y siempre con todas las medidas higiénico sanitarias y de distanciamiento. Sigamos siendo responsables.

SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN / ENCARNACIÓN 25/03/2021

Celebramos hoy la solemnidad de la Anunciación a María que, indisolublemente, es también la solemnidad de la Encarnación del Verbo de Dios. Es el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. El comienzo de nuestra salvación. Dios ha entrado, ha irrumpido, en la historia humana.

En este día en que la carne del Hijo de Dios comienza a formase en el seno de la Virgen María la Iglesia celebra también la Jornada en favor de la vida, desde sus inicios hasta su final. Resulta paradójico, que, en estos momentos de pandemia, donde la humanidad lucha en favor de la vida, se aprueben leyes que promueven todo lo contrario y precisamente para las situaciones donde la vida está más amenazada, al principio y al final, como la recientemente aprobada ley de la eutanasia.

Esta solemnidad rompe con el carácter penitencial de la Cuaresma, como ya comentamos en la solemnidad de San José. Por aquella comentábamos los elementos en común de ambas solemnidades: anuncio por ángel; la respuesta positiva a los planes de Dios, leemos hoy en el salmo “Aquí estoy para hacer tu voluntad”; las pocas o nulas palabras y los grandes silencios; poner nombre, “y le pondrá por nombre Enmanuel”. De José destacábamos el corazón de padre imagen del corazón del Padre Dios.

Centrándonos en la solemnidad de la Anunciación/Encarnación, recordamos como el 25 de diciembre celebramos el nacimiento de Jesús, y hoy 25 de marzo, nueve meses antes, recordamos que el nacimiento del Señor fue anunciado a la Virgen María, su madre, por medio del arcángel Gabriel, para pedirle su consentimiento, y hacer posible la humanidad del Hijo de Dios en su seno. La Virgen María con su disponibilidad, su colaboración humana: “Hágase en mí, según tu palabra”, hace eficaz la salvación divina.

Dios se hace hombre eternamente, Dios comparte nuestra suerte, es más, en el Hijo, nosotros somos hijos. Dios se hizo hombre para hacer al hombre dios, como dicen los Santos Padres, hacernos humanidad deificada, o lo que es lo mismo, la transformación del Espíritu Santo lleva a cabo en nosotros. Esta transformación nos lleva alcanzar madurez cristiana, priorizando el Reino de Dios y dejando las mundanidades. Jesús ha conducido a la humanidad a su cumbre, a lo máximo, haciéndonos participar de su divinidad.

“En Él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre…” (Gaudium et spes nº 22)

En contexto de Cuaresma, podemos decir que toda la vida de Cristo es una cuaresma, un camino hacia la Pascua. Esto los recordamos cada día en el Ángelus, en la oración final, decimos: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, para que los hemos conocido, por el anuncio del Ángel, la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz lleguemos a la Gloria de su Resurrección.” Es decir, que para llegar a la Pascua de Resurrección comenzamos con la Encarnación, pero inevitablemente tendremos que pasar por la Pasión y Cruz.

 La celebración de este Misterio, nos ayuda a prepararnos para la fiesta de la Pascua. En ella se pone de manifiesto todo lo que encierra este abajamiento del Verbo y cómo con su retorno al Padre, la humanidad entera entra con Él en la comunión para la cual Dios nos creó.

Cristo vino para hacer la voluntad del Padre, leemos en la carta a los Hebreos: “He aquí que vengo … para hacer, oh Dios, tu voluntad” Recibido por nosotros en la Encarnación, lo entregó por nosotros en la Cruz. Recibe de nosotros la humanidad y comparte nuestra misma suerte. En la Cruz entrega todo por nosotros.

En el Calvario, somos reformados por el Amor de Dios. “donde abundo el pecado, sobreabundo la gracia” dice San Pablo o bien como escucharemos en el pregón pascual “Oh, feliz culpa, que nos mereció tal Redentor” Dios nos muestra con este hecho que nos quiere con locura, nos amó hasta el extremo, hasta el fin “Nadie tiene más amor, que el que da la vida por sus amigos”

Que María, interceda por nosotros.

Feliz día de la Anunciación/Encarnación.

REFLEXIÓN V DOMINGO DE CUARESMA

Con este quinto se abre la última etapa del itinerario cuaresmal, el próximo es Domingo de Ramos. Seguimos acercándonos al sentido de la Semana Santa, las lecturas de hoy culminan el mensaje de las promesas de Dios para la humanidad, que se consumarán con la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Todo comenzó en el desierto, lugar de la prueba y de la tentación. Luego fuimos conducidos al monte de la Transfiguración para vivir una experiencia anticipada de la Pascua. El tercer domingo nos ubicó en el espacio espiritual de Israel sostenido por la Ley y por el Templo. El cuarto domingo centró la atención en la fiesta de la Pascua. Allí nos sitúa también este quinto domingo.

La primera lectura supone el punto final del recorrido por la historia de la salvación durante la Cuaresma. De optimista anuncia una nueva alianza entre Dios y el pueblo, que tendrá lugar de forma fácil, casi milagrosa, sin especial esfuerzo ni para Dios ni para el hombre. Sin embargo, la segunda lectura y el evangelio que proclamamos hoy, ofrecen una imagen muy distinta, está nueva alianza implica un duro sacrificio para Jesús. Un sacrificio que le sumergen en la angustia y le mueve a rezar al Padre.

Estos domingos de cuaresma, las primeras lecturas, nos han ofrecido una serie de momentos capitales de la historia de la salvación: alianza con Noé, sacrificio de Abrahán, Decálogo, deportación a Babilonia y liberación.

Hoy culmina con la promesa de una nueva alianza. Durante el exilio muchos pensaban que Dios había roto las relaciones con su pueblo. Frente a este desánimo el profeta Jeremías repite la fórmula de la alianza del Sinaí “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”  pero la ley ahora no será escrita en  tablas de piedra sino en sus corazones, y todos conocerán al Señor. Así lo rezamos en el salmo “Oh, Dios, crea en mí un corazón puro”

Juan en su evangelio enfoca el relato de la Pasión de manera peculiar y distinta a los evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Juan no acentúa el sufrimiento de Jesús, sino el señorío y la autoridad que muestra en cada momento. Por eso no cuenta la angustiada oración en el huerto, pero nos sitúa en una experiencia muy parecida en la explanada del templo. 

El evangelio comienza y termina en tono de victoria, muestra el alcance universal de la salvación “atraeré a todos hacia mi” Jesús es consciente de que para triunfar tiene que morir, como grano de trigo. Lo mismo le ocurrirá al que quiera seguirlo y ser honrado por Dios. Pero estas ideas consoladoras no ocultan la realidad de la muerte, de ser “elevado sobre la tierra”, crucificado. Ante esta perspectiva Jesús reconoce que está angustiado “mi alma está agitada” , es cuando llega el deseo de pedir a Dios: “Padre, líbrame de esta hora”, pero se niega a ello, recordando que precisamente ha venido a eso, para morir. En lugar de pedir al Padre que lo salve le pide algo muy distinto: “Padre, glorifica tu nombre”. Lo importante no es conservar la vida, sino la gloria de Dios.

La voz del cielo “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo” confirma que ya había glorificado, cuando el Verbo se hizo carne, habitó entre nosotros y contemplamos su gloria. Y volverá a glorificarlo derrotando al mal y atrayendo a todos hacia Jesús.

El relato de los evangelios sinópticos Jesús va al huerto de los olivos la noche que es apresado. Sabe que va a morir, siente profunda angustia y por tres veces reza al Padre pidiéndole, si es posible, que le evite ese trago amargo. La carta a los Hebreos no se detiene en contar lo ocurrido, pero recuerda lo trágico del momento “a gritos y con lágrimas” cosa que no menciona ninguno de los evangelios, y suplicaba “al que podía salvarlo de la muerte”. El final de esta segunda lectura es optimista y esperanzador: Jesús salva eternamente a quienes le obedecen “Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna” 

En ambas lecturas, evangelio de Juan y carta a los Hebreos, es evidente su relación: en Juan, Jesús se siente agitado y en Hebreos se siente angustiado, y en ambas recurre a la oración. En ambas la palabra final no es la muerte sino la victoria de Jesús y la de todos nosotros con Él. Pero entre todas las semejanzas hay una gran diferencia, en el evangelio Jesús no pide al Padre lo salve, y solo quiere la gloria de Dios; mientras, que en la carta pide ser salvado de la muerte. En un primer momento, ante la angustia de la muerte, Jesús, se refugia en la reflexión racional, he venido para morir como el grano de trigo y se niega pedir al Padre que lo salve. En otro momento, cuando la pasión y muerte son ya una certeza, reza con gritos y lágrimas, sudando sangre, “Padre, si es posible, pase de mi este cáliz” reacción muy humana.

A las puertas de la Semana Santa, la experiencia y reacción de Jesús son un ejemplo que nos anima y nos mueva a agradecerle su entrega hasta la muerte. Aunque sigamos quebrando la alianza, Dios sigue perdonando nuestras culpas y no recordando nuestros pecados.

Feliz domingo y feliz semana.

Solemnidad de San José. 19/03/2021

La Iglesia celebra hoy la solemnidad de San José como esposo de la Virgen Maria. El pasado 8 de diciembre y hasta el próximo 8 de diciembre de este año, día de la Inmaculada, el papa Francisco, con motivo del 150 aniversario de patronazgo de la Iglesia por San José, dedica el año a la reflexión sobre San José, por lo que escribe una carta apostólica llamada Patris Corde, Corazón de Padre.Ya el título nos está hablando del corazón de San José, imagen, del corazón del Padre Dios. Comenzamos hoy también el año dedicado a la Familia.

Marzo, es un mes muy especial, en medio de este océano o del desierto, del tiempo de Cuaresma, en ese navegar o caminar hacía la Pascua, nos encontramos como con dos islotes o dos oasis, las solemnidades de San José y de la Anunciación/Encarnación, que rompen con el carácter penitencial de la Cuaresma.

Ambas fiestas tienen elementos en común: el anuncio del nacimiento de Jesús a María por el Ángel Gabriel, y en sueños un Ángel del Señor anuncia a José, hemos leído en el evangelio “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”

Otro elemento que tienen en común es la respuesta, el fíat, el sí de María, a los planes de Dios: “…hágase en mi según tu palabra…” mientras que, de José, del sí de José, del fíat de José, dice el evangelio que obedeció, que hizo tal como dijo el Ángel del Señor.

Otro detalle, muy importancia es el hecho de poner nombre, mientras a María le dice le llamarás Jesús, a José le dice le pondrás por nombre Jesús. Poner o dar nombre en la ley y sociedad judía de esa época es más importante que ser padre biológico, es sinónimo de pertenencia, pues es el que se hace cargo de la educación, crecimiento del niño, es el responsable del niño.

José y María tienen mucho que decirnos en Cuaresma, pues ellos con escucha y su sí generoso de corazón nos invitan en este camino hacia Dios, hacia la Pascua, al encuentro con el Señor Resucitado, a hacerlo con humildad, docilidad y obediencia generosa de nuestros corazones, reconociendo nuestras desobediencias, que nos apartan de Dios, nos invitan a la conversión a la hacer la voluntad de Dios y a dejarnos rescatar y poner toda nuestra confianza en el Señor.

Además de ser descendiente del rey de David, de José se destaca que era un hombre justo, bondadoso. Era tal la afabilidad o bondad de José, que cuando descubre que María estaba embarazada, pensó en repudiarla en secreto. Pues, si la denunciaba, María sería condenada a ser apedreada.

Pero José decidió dejarla en secreto, a cargar con la culpa, al abandonar a la mujer con la que estaba desposada, y que para cualquier vecino él era el responsable del embarazo con el agravante de que estaban desposados, es decir, podían vivir juntos, pero no podían tener relaciones, José quedaría como un mal hombre, como un irresponsable.  Con este gesto, con este corazón bondadoso que carga con la culpa para proteger a María, San José es imagen del corazón de Dios Padre, que encarnado en Dios Hijo recoge todas nuestras culpas y las lleva a la Cruz para salvarnos, para rescatarnos. Y ese es el eje de toda la reflexión sobre San José de la carta Patris Corde: José imagen del corazón del Padre Dios, el Padre lo eligió para el cuidado y custodia de Jesús y de María.

Con palabras el papa Francisco:

“Dios confía en este hombre, del mismo modo que lo hace María, que encuentra en José no sólo al que quiere salvar su vida, sino al que siempre velará por ella y por el Niño. En este sentido, san José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su Madre.”

La carta sobre San José, a la que os invitamos a leer, tiene siete apartados, cada uno lleva un título que siempre empieza con el término Padre: 1) José es Padre amado por el pueblo cristiano. 2) Padre en la ternura, en su comportamiento Jesús vio la ternura de Dios. 3) Padre en la obediencia, hizo del cumplimiento de la voluntad de Dios su alimento diario. 4) Padre en la acogida, acogió a María sin poner condiciones previas 5) Padre de la valentía creativa, encontró soluciones ante las dificultades. 6) Padre trabajador, un carpintero que trabajaba para el sustento de su familia 7) Padre en la sombra, pues para Jesús fue la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege.

José pasa en silencio por los evangelios. Es sólo, nada y nada menos, un creyente que presta atención a Dios que se le muestra en los sueños, José es el hombre de la escucha y del silencio.

Que San José que interceda por nosotros y nos ayude a caminar en este tiempo de Cuaresma.  Feliz día de San José.