




Iniciamos el tiempo litúrgico de Cuaresma, el cual comenzamos hoy con la imposición de la ceniza, un tiempo que nos irá preparando día a día para la gran fiesta de la Pascua.
Las lecturas de hoy, centradas en las obras de misericordia: ayuno, limosna y oración, nos dan las pautas a seguir y para vivir todo este período cuaresmal. La síntesis de las lecturas las lecturas de este día nos llevan a las prácticas del tiempo cuaresmal que son: el ayuno, la oración y la limosna. El profeta Joel nos llama al ayuno y la penitencia “con ayunos, llantos y lamentos; […], convertíos al Señor vuestro Dios”. El salmo nos hace reflexionar sobre nuestra realidad de pecadores, así lo cantamos en la antífona “Misericordia, Señor, hemos pecado” San Pablo nos exhorta a reconciliarnos con Dios “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” El Evangelio, Jesús nos da instrucciones de cómo practicar la justicia “cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres […]” y de cómo realizar bien el ayuno, la oración y la limosna.
La primera lectura de hoy, nos dibuja un claro acto penitencial comunitario: “tocad la trompeta”, “proclamad el ayuno”, convocad a la asamblea”, “reunid a los ancianos, jóvenes y niños”, “entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes… y digan: perdona Señor a tu pueblo” El profeta Joel nos invita a una conversión “Convertíos a mí de todo corazón” exhortándonos a un arrepentimiento de corazón. Es una llamada a una profunda conversión sincera y no superficial. Es una conversión a la que todos estamos llamados de manera muy especial en este tiempo de Cuaresma. Acudir al sacramento de la reconciliación, buscar a Dios, regresar, abandonar el camino que nos ha alejado de él y retornar con un corazón arrepentido, confiando en Dios que es compasivo y misericordioso. Pero regresar rasgando el corazón, no las vestiduras “Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos”
El salmo que hoy cantamos nos propone lo que debe ser parte de nuestra oración diaria “Por tu inmensa compasión borra mi culpa, crea en mí un corazón puro y devuélveme la alegría de tu salvación”, pero más en este tiempo de Cuaresma, pues “Es tiempo favorable, ahora es día de salvación”, como nos confirma San Pablo en la segunda lectura.

San Pablo recuerda a la comunidad de Corinto que él es solo un enviado de Dios, pero que, en el Nombre de Cristo, les pide que se reconcilien con Dios “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios”.
Ahora, a través de la Iglesia, es Dios mismo quien nos llama a la conversión, a la reconciliación. Y San Pablo nos aclara que esa reconciliación no es para mañana, es para ahora “mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación”.
El judío observante de la ley tenía mucho cuidado en cumplir las tres obras de misericordia previstas en la ley de Moisés: limosna, oración y ayuno. El problema es que, en tiempos de Jesús, estas tres obras se realizaban con demasiada pompa, al son de la trompeta, para ser alabados por ser fieles cumplidores, “cumplo y miento”. Un mero formalismo exterior, que puede no estar tan lejos de lo que nosotros hacemos, por lo que no podemos quedarnos como meros observadores de la escena de Jesús con sus contemporáneos, sino que debemos ponernos frente a esa palabra y dejarnos instruir por Jesús “Tú, en cambio […]”, que nos invita hoy a redescubrir estas tres obras de misericordia, viviéndolas de manera más profunda, no por amor propio, sino por amor a Dios, y no solo durante la Cuaresma, aunque sí deban acentuarse en este tiempo, pues son obras que nos ayudan mucho para nuestra conversión en todo tiempo.
Aprovechemos pues este tiempo que hoy comenzamos, para acercarnos a Dios de todo corazón, con la certeza de que Dios, en su infinita misericordia, perdonará nuestros pecados y nos devolverá la alegría de la salvación. No desaprovechemos este “tiempo de salvación”.
Pidamos al Señor y por la intercesión de María, nuestra reconversión, hacer realidad “Tú, en cambio cuando hagas limosna, ores o hagas oración, no lo hagas para los hombres sino para Dios” pedimos también por la Paz.
Feliz y buen inicio de cuaresma.

Con motivo del inicio de Cuaresma, el próximo miércoles 2 de marzo, «miércoles de ceniza» se celebrará misa y se impondrá la ceniza, a las 9.15h y 20.00h en la iglesia parroquial. Además tras la misa de la mañana tendremos la adoración del Santísimo.
Por ello, el martes 1 de febrero sólo se celebrará misa a las 20.00h.
Octavo domingo del tiempo ordinario, primera parte del tiempo ordinario del ciclo litúrgico que cerraremos el martes, para dar paso el miércoles, al inicio de la Cuaresma.
Este es un domingo donde las lecturas recogen textos, joyas de la sabiduría popular judía, en los que se recogen dichos populares y reflexiones sapienciales. Los textos nos hablan sobre la sensatez humana, sobre el buen juicio iluminado por la fe y sobre el buen criterio creyente, que llegan a alcanzar la categoría de Palabra de Dios.
La primera lectura, sacada del libro del Eclesiástico, sugiere que la maldad o la bondad provienen del corazón del hombre y por ello el hombre se prueba en su razonar “la palabra revela el corazón de la persona”.

En el salmo cantamos la antífona “Es bueno darte gracias, Señor” pues en debemos asentar nuestra vida, Él hace prosperar al justo, a las personas de buena voluntad. San Pablo, en la segunda lectura tomada de la primera carta a los Corintos, nos dice que lo que en esta vida es imperfecto y corruptible, se transformará en perfecto y eterno “Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria”.
Jesús en el Evangelio nos dice que antes de meternos a corregir a los demás, nos corrijamos a nosotros mismos y entonces podremos “ver claro para sacar la mota del ojo de tu hermano”.
La primera lectura, enmarcada dentro de los libros sapienciales o sabiduría judías, puede interpretarse al margen de una visión religiosa, y tendríamos un buen consejo extrapolable a todos: hay que cuidar lo que decimos, hay que ser prudentes en lo que comentamos, hay que medir las palabras. En relación con la lectura nosotros tenemos decimos cosas parecidas y semejantes: “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”; “por la boca muere el pez” o bien “el que mucho habla mucha yerra”. Según el texto, a las personas se las conoce por sus obras y por sus palabras, y nos invita a la escucha del otro, a no precipitarnos en el hablar. La necedad de las palabras, las torpezas de las expresiones y los juicios temerarios, ponen a prueba la calidad humana, pues unas palabras desafortunadas o hirientes desdicen de la persona que las pronuncia “cuando la persona habla, se descubren sus defectos”
La segunda lectura, San Pablo habla acerca de la muerte que es la meta final de toda la humanidad, esta aparece en la reflexión de todas las culturas y de todos los tiempos. No hay nadie, sea creyente o ateo, que no sepa que es mortal. Las falsas propuestas de algunas filosofías y sectas, no pueden evitar ni ignorar que somos mortales. Esto mismo tuvo que afrontar Pablo en la comunidad de Corinto. Pablo no rebusca en filosofías esotéricas ni en ritos mágicos, es más, podíamos decir que es tan grande su fe, que San Pablo, de modo sarcástico, se ríe de la muerte “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?” La victoria sobre la muerte y sobre la corrupción es obra de Jesucristo. Él, es el motivo para que nuestra fe sea firme y no esté sometida a los vaivenes de las filosofías y sectas así lo cantamos en la última estrofa del salmo “mi Roca”. Somos mortales y estamos llamados a participar de la victoria de Cristo que nos reviste de inmortalidad.
En el texto nos encontramos con cuatro reflexiones sapienciales: la primera tiene que ver con los inexpertos maestros que entorpecen en vez de ayudar “¿Acaso un ciego puede guiar a otro ciego?” que nos invita a aceptar nuestras propias cegueras, nuestras propias insuficiencias, o bien que aceptemos que no lo podemos saber todo, que no lo podemos remediar todo, que no lo estamos solos en este universo.
En el evangelio del domingo pasado, Jesús se refería a la actitud ante los enemigos con cuatro órdenes: amad, hacer el bien, bendecid, rezad; en este domingo se refiere a la conducta ante los otros miembros de la comunidad, lo hace por mediante dos prohibiciones y dos mandatos. Jesús aparece hoy como un maestro de sabiduría, un maestro sapiencial, que enseñaba a saber estar en la vida, una perspectiva que no menoscaba ni anula su condición profética y mesiánica.
La segunda reflexión tiene que ver con los juicios temerarios, que son aun más graves cuando están marcados por la superioridad moral “¿Por qué te fija en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?” , en esta enseñanza nos viene a decir que no podemos ver siempre lo malo en los demás. No debemos pensar siempre que son los otros, los que se equivocan, los quieren protagonismo. El que sólo ve los defectos en su prójimo es que nunca se para y mira su propia vida. Jesús nos invita a mirar nuestra vida antes que la de nadie.

La tercera sentencia nos lleva al dicho conocido “por sus frutos los conoceréis” “Pues no hay árbol bueno que de fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno”; y la última, nos advierte que nuestras palabras reflejan, seamos conscientes o no, lo que realmente somos y pensamos; nuestras expectativas y nuestros juicios sobre la realidad y sobre las personas “porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.
Pidamos al Señor y por la intercesión de María, que nuestras palabras reflejen que el es nuestro Señor, rogamos también por la Paz.
Feliz y buen domingo. Feliz semana.

El pasado viernes 18 de febrero, la Parroquia San Sebastián compartió un año más el pan y aceite de la Cena del Hambre con Ismael Shakir, joven marroquí de 21 años, que llegó a Canarias el 9 de noviembre de 2020 en patera, después de 4 días en el mar, donde compartió con las 28 personas la misma suerte: “ llegar a tierra española o morir”, pues así lo expresó cuando detalló el viaje a las islas españolas.
Gracias a su habilidad en aprender idiomas, está integrándose socialmente y emprendiendo nuevos proyectos. Ismael y muchas personas inmigrantes, solo buscan una oportunidad laboral, de salubridad y de libertad que no tienen en sus países de origen. Soñamos en un mundo sin banderas, sin fronteras, y con el mismo idioma: el Amor. Con nuestra indiferencia los condenamos. Con nuestra acogida, les ayudamos a dar otro sentido a sus vidas. Gracias Ismael, por apostar por la Vida.



