PADRE EN LA TERNURA

Seguimos reflexionando sobre la figura de S. José de la mano del Papa Francisco en la encíclica Patris Corde, Corazón de Padre.

El apartado que reflexionaremos “San José, padre en la ternura” En este punto el Papa usa una expresión en la que pondremos nuestra mirada: “Debemos aprender -dice- a aceptar nuestra debilidad con intensa ternura”.

Al hablar de nuestras debilidades solemos decir que las aceptamos con resignación o con humildad, pero sin embargo no solemos decir que las aceptamos con intensa ternura.

Es como si en el fondo pensáramos que si es verdad que Dios puede hacer grandes cosas con nuestras debilidades haría cosas mucho más grandes si fuésemos más fuertes, más perfectos.

No es virtud de débiles la ternura. Todo lo contrario. Francisco nos dice que la ternura es siempre combativa: “Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo que el Señor dijo a san Pablo: “Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad (2 Co 12,9)” (EG 85).

Es ternura que se mantiene en el tiempo haciendo frente a los embates del mal y a las adversidades. Es la ternura que se hace cargo de la fragilidad del otro y se deja modelar por ella. Es el otro el que, con su fragilidad, nos da la medida de cuánta ternura hace falta para tratarlo bien. La fragilidad del niño pequeño o del bebé da a sus padres, que lo tocan con sus manos, la medida de lo que es un gesto tierno. La herida del enfermo dice a la enfermera con cuánta delicadeza la debe tratar. Cuando la fragilidad y la herida son condición permanente, la ternura debe ser también permanente. Aquí está el porqué de la ternura incondicional de Dios.

Cuando hay amor, la fragilidad del otro despierta ternura y, viceversa, donde vemos en alguien que ama una inmensa ternura es señal de que el otro tiene una gran fragilidad. Así, la ternura grande de San José es como una ventana abierta que nos permite comprender, en alguna medida, la fragilidad de María y de Jesús.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Hoy la Iglesia celebra la fiesta del Espíritu Santo, celebramos también el día de la Acción Católica y del apostolado seglar.

Domingo de Pentecostés, cincuenta días después de Pascua, de las experiencias de Pascuales, de la Resurrección, que nos han puesto en el camino de la vida verdadera. Vida para llevarla al mundo, para transformar la historia, para fecundar a la humanidad con una nueva experiencia de unidad, que no de uniformidad, de razas, lenguas, naciones y culturas. Ponemos, en este día, de relieve lo que sintieron aquellos primeros hermanos nuestros en la fe cuando perdieron el miedo y se atrevieron a salir del cenáculo para anunciar el Reino de Dios que se les había encomendado. Sin el Espíritu Santo los apóstoles no habrían podido llevar a cabo la misión de continuar la obra de Jesús.

La primera lectura relata el acontecimiento de Pentecostés, no como forma de experiencia personal e individual, sino de toda la comunidad “… se llenaron todos de Espíritu Santo”.

El salmo, un canto de alabanza por las obras del Espíritu, su poder vivificador “Envía tu Espíritu, Señor y repuebla la faz de la tierra”.

Si el salmo habla de la acción del Espíritu sobre toda la creación, en la segunda lectura habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos, gracias al cual confesamos que “Jesús es Señor”. En el evangelio es un breve pasaje con la versión de Juan del envío del Espíritu Santo “sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo’”

La primera lectura es la versión de Lucas en el libro de los Hechos. Lucas sitúa el hecho el día de Pentecostés, la segunda fiesta judía más importante después de la fiesta de Pascua, también es conocida como fiesta de las Semanas, de la Siega o de las Primicias, aunque es una fiesta agrícola, el pueblo de Israel le da un sentido teológico, ya que se produce en un contexto muy similar a la constitución del pueblo de Dios en el Sinaí, celebra la acogida del don de la Ley como condición de vida para la comunidad renovada.

La plenitud del Espíritu se instala en todos los presentes como una fuerza viva que les impulsa a proclamar la victoria de Jesús y el Reino de Dios “ y cada uno los oímos hablar de las grandezas de dios en nuestra propia lengua”. La irrupción del Espíritu en los discípulos les devuelve aquel dinamismo que tenían cuando compartían la vida de Jesús y que ahora vuelven a sentir vivo entre ellos.

Dejan de ser victimas del miedo y del fracaso aparente, quedan llenos de amor, alegría, paz, compresión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y de dominio de sí “… según el Espíritu les concedía manifestarse”. Lo mismo nosotros estaremos llenos de los dones del Espíritu siempre que vivamos por el Espíritu y nos dejemos guiar por Él.

La segunda lectura, trata de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y de funciones, que no rompen su unidad. Todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue entre nosotros, “un mismo Dios que obra todo en todos”. Cuando afirmamos que la Iglesia comenzó a ser viva prolongación de Cristo en la tierra entendemos que es el mismo Espíritu que engendró a Jesús en las entrañas de María, el que dio vida y origen a la Iglesia como comunidad creyente sin distinción entre judios y griegos, ni esclavos y libres, “Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. Negar la acción del Espíritu vivificador es anular la fuerza del creyente y reducir su existencia a la mera posibilidad humana de crecimiento y desarrollo, sin mayor horizonte que el de nuestra propia naturaleza. El Espíritu Santo es un don que potencia al hombre para vivir según la Verdad.

En el evangelio se distinguen cuatro momentos: el saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, el envío y el don del Espíritu. El saludo es el habitual de los judíos “¿La paz esté con vosotros!” que no es un simple saludo, pues los apóstoles por el miedo a los judios, estaba muy necesitados de paz. La confirmación, las puertas cerradas, les muestra las manos y el costado, “Y es mostró las manos y el costado” confirma que realmente es él. Todo podía haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituye al miedo, pero Jesús les encarga una misión, “Como el padre me envió, así os envío yo” Jesús los envía, para lo cual sopla sobre ellos e infunde sobre ellos el Espíritu Santo, “Recibid el Espíritu Santo” don estrechamente vinculado con la misión que les ha encomendado.

Dejémonos guiar por el Espíritu Santo para proseguir la misión de anunciar el Reino de Dios.

Feliz domingo y feliz semana.

FORMACION PARA LOS LAICOS

Este año como todos sabemos no hemos tenido muchas oportunidades de podernos formar. Por eso os dejamos una muy buena oportunidad. Será el 5 de junio a las 10:30h de la mañana, con modalidad online y abierta a toda persona que quiera participar.

Hay que inscribirse, léelo y seguro que participarás, haz click en el siguiente enlace:

Domingo de la Ascensión del Señor 16 de mayo

El Domingo de la Ascensión del Señor es uno de esos tres días, que nuestras tradiciones, dicen que lucen más que el sol.

Fiesta hace años celebrada el jueves, al que la misma tradición decía los tres jueves que lucen mas que sol, coinciden con tres fiestas muy importantes: Jueves Santo, Corpus Christi, Ascensión.

Coincidiendo con esta fiesta también en nuestra comunidad parroquial nos disponemos a acordamos de María celebrando un acto donde rezaremos y reflexionaremos sobre la Madre de Nuestro Señor y Madre nuestra.

La primera lectura nos relata la escena de la Ascensión del Señor “fue llevado al cielo” y del envío a ser sus testigos “seréis mis testigos […] hasta el confín de la tierra” El salmo relacionado con la primera lectura “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.” La segunda lectura de la carta de S. Pablo a los Efesios, nos ayuda a comprender la fiesta de hoy, se centra sobre el triunfo “está sentado a la derecha de Dios, por encima de todo y de todos” El evangelio, relacionado con la primera lectura con el mandato “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”

La primera lectura, el relato de la escena de la Ascensión, coincide con el final del evangelio de Lucas, autor también de los Hechos. Es el único autor que nos reata esta escena de la Ascensión y por dos veces, en sus dos escritos. La Ascensión supone el fin de las manifestaciones de Jesús tras la resurrección. Es su última manifestación a los apóstoles, y lo hace subiendo al cielo. El Señor estuvo instruyendo a discípulos durante cuarenta días, lo que Lucas pretende decirnos es que los discípulos necesitaron más de un día para convérsese de la resurrección, Jesús se les hizo presente durante el tiempo que consideró necesario y para completar de instruirlos sobre el Reino de Dios.

Les pide que no se alejen de Jerusalén “aguardad que se cumpla la promesa del Padre” hasta recibir el Espíritu Santo, fiesta que celebraremos la próxima semana y que el texto nos introduce en la preparación de la fiesta de Pentecostés.

En los discípulos se observa aún la preocupación política “¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” a la pregunta Jesús responde que no toca saber el tiempo y el momento del Padre, centra la atención en la venida del Espíritu que les dotará de fuerzas para la evangelización.

La segunda lectura es muy interesante para comprender la fiesta de la Ascensión del Señor, no habla directamente de la ascensión de Jesús al cielo, pero carga todas las tintas hablando del triunfo “está sentado a la derecha de Dios” palabras que recitamos en el Credo y que predicaron los apóstoles. Es la manifestación visible del triunfo del crucificado: aquel, a quien todos pudieron verle crucificado, ahora, coronado de gloría, está en el cielo, como juez y señor de todo lo creado.

Mientras las dos primeras lecturas usan imágenes distintas para hablar de la glorificación de Jesús: ser llevado al cielo y sentarse a la derecha de Dios, en el evangelio se unen ambas “el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.” El evangelista concede más importancia al tema de la misión de los apóstoles. En comparación con Hechos, donde muestran su preocupación política acerca del reino de Israel y a la que Jesús desvía la atención a la venida del Espíritu, que les dará fuerzas para ser sus testigos en todo el mundo. Además de que en Hechos se quedan embobados mirando al cielo, en Marcos se ponen a anunciar el evangelio inmediatamente.  

Marcos trata el tema de la misión en varios puntos: la orden de ir al mundo entero, el evangelio puede ser aceptado o rechazado,

las señales y el poder que acompañan a los misioneros (poder de expulsión de demonios, sanación, …), se ponen a la tarea inmediatamente, y la confirmación del mensaje con las señales que los acompañarán.

La Ascensión o el triunfo de Jesús, no es para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a tierra, al mundo, en el que los discípulos de Jesús debemos de continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía constante del Señor.

Feliz domingo y feliz semana.