Con motivo del inicio de Cuaresma, el próximo miércoles 2 de marzo, «miércoles de ceniza» se celebrará misa y se impondrá la ceniza, a las 9.15h y 20.00h en la iglesia parroquial. Además tras la misa de la mañana tendremos la adoración del Santísimo.
Por ello, el martes 1 de febrero sólo se celebrará misa a las 20.00h.
Octavo domingo del tiempo ordinario, primera parte del tiempo ordinario del ciclo litúrgico que cerraremos el martes, para dar paso el miércoles, al inicio de la Cuaresma.
Este es un domingo donde las lecturas recogen textos, joyas de la sabiduría popular judía, en los que se recogen dichos populares y reflexiones sapienciales. Los textos nos hablan sobre la sensatez humana, sobre el buen juicio iluminado por la fe y sobre el buen criterio creyente, que llegan a alcanzar la categoría de Palabra de Dios. La primera lectura, sacada del libro del Eclesiástico, sugiere que la maldad o la bondad provienen del corazón del hombre y por ello el hombre se prueba en su razonar “la palabra revela el corazón de la persona”.
En el salmo cantamos la antífona “Es bueno darte gracias, Señor” pues en debemos asentar nuestra vida, Él hace prosperar al justo, a las personas de buena voluntad. San Pablo, en la segunda lectura tomada de la primera carta a los Corintos, nos dice que lo que en esta vida es imperfecto y corruptible, se transformará en perfecto y eterno “Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria”.
Jesús en el Evangelio nos dice que antes de meternos a corregir a los demás, nos corrijamos a nosotros mismos y entonces podremos “ver claro para sacar la mota del ojo de tu hermano”.
La primera lectura, enmarcada dentro de los libros sapienciales o sabiduría judías, puede interpretarse al margen de una visión religiosa, y tendríamos un buen consejo extrapolable a todos: hay que cuidar lo que decimos, hay que ser prudentes en lo que comentamos, hay que medir las palabras. En relación con la lectura nosotros tenemos decimos cosas parecidas y semejantes: “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”; “por la boca muere el pez” o bien “el que mucho habla mucha yerra”. Según el texto, a las personas se las conoce por sus obras y por sus palabras, y nos invita a la escucha del otro, a no precipitarnos en el hablar. La necedad de las palabras, las torpezas de las expresiones y los juicios temerarios, ponen a prueba la calidad humana, pues unas palabras desafortunadas o hirientes desdicen de la persona que las pronuncia “cuando la persona habla, se descubren sus defectos”
La segunda lectura, San Pablo habla acerca de la muerte que es la meta final de toda la humanidad, esta aparece en la reflexión de todas las culturas y de todos los tiempos. No hay nadie, sea creyente o ateo, que no sepa que es mortal. Las falsas propuestas de algunas filosofías y sectas, no pueden evitar ni ignorar que somos mortales. Esto mismo tuvo que afrontar Pablo en la comunidad de Corinto. Pablo no rebusca en filosofías esotéricas ni en ritos mágicos, es más, podíamos decir que es tan grande su fe, que San Pablo, de modo sarcástico, se ríe de la muerte “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?” La victoria sobre la muerte y sobre la corrupción es obra de Jesucristo. Él, es el motivo para que nuestra fe sea firme y no esté sometida a los vaivenes de las filosofías y sectas así lo cantamos en la última estrofa del salmo “mi Roca”. Somos mortales y estamos llamados a participar de la victoria de Cristo que nos reviste de inmortalidad.
En el texto nos encontramos con cuatro reflexiones sapienciales: la primera tiene que ver con los inexpertos maestros que entorpecen en vez de ayudar “¿Acaso un ciego puede guiar a otro ciego?” que nos invita a aceptar nuestras propias cegueras, nuestras propias insuficiencias, o bien que aceptemos que no lo podemos saber todo, que no lo podemos remediar todo, que no lo estamos solos en este universo.
En el evangelio del domingo pasado, Jesús se refería a la actitud ante los enemigos con cuatro órdenes: amad, hacer el bien, bendecid, rezad; en este domingo se refiere a la conducta ante los otros miembros de la comunidad, lo hace por mediante dos prohibiciones y dos mandatos. Jesús aparece hoy como un maestro de sabiduría, un maestro sapiencial, que enseñaba a saber estar en la vida, una perspectiva que no menoscaba ni anula su condición profética y mesiánica.
La segunda reflexión tiene que ver con los juicios temerarios, que son aun más graves cuando están marcados por la superioridad moral “¿Por qué te fija en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?” , en esta enseñanza nos viene a decir que no podemos ver siempre lo malo en los demás. No debemos pensar siempre que son los otros, los que se equivocan, los quieren protagonismo. El que sólo ve los defectos en su prójimo es que nunca se para y mira su propia vida. Jesús nos invita a mirar nuestra vida antes que la de nadie.
La tercera sentencia nos lleva al dicho conocido “por sus frutos los conoceréis” “Pues no hay árbol bueno que de fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno”; y la última, nos advierte que nuestras palabras reflejan, seamos conscientes o no, lo que realmente somos y pensamos; nuestras expectativas y nuestros juicios sobre la realidad y sobre las personas “porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.
Pidamos al Señor y por la intercesión de María, que nuestras palabras reflejen que el es nuestro Señor, rogamos también por la Paz.
El pasado viernes 18 de febrero, la Parroquia San Sebastián compartió un año más el pan y aceite de la Cena del Hambre con Ismael Shakir, joven marroquí de 21 años, que llegó a Canarias el 9 de noviembre de 2020 en patera, después de 4 días en el mar, donde compartió con las 28 personas la misma suerte: “ llegar a tierra española o morir”, pues así lo expresó cuando detalló el viaje a las islas españolas.
Gracias a su habilidad en aprender idiomas, está integrándose socialmente y emprendiendo nuevos proyectos. Ismael y muchas personas inmigrantes, solo buscan una oportunidad laboral, de salubridad y de libertad que no tienen en sus países de origen. Soñamos en un mundo sin banderas, sin fronteras, y con el mismo idioma: el Amor. Con nuestra indiferencia los condenamos. Con nuestra acogida, les ayudamos a dar otro sentido a sus vidas. Gracias Ismael, por apostar por la Vida.
Séptimo domingo del tiempo ordinario, jornada mundial de la justicia social, donde precisamente las lecturas de hoy nos traen un mensaje de perdón y de amor.
Nuestra comunidad celebró este último viernes el día del ayuno voluntario, durante la cual contamos con un testimonio de primera mano. Este domingo lo dedicamos a Manos Unidas, en cual se nos invita a tomar partido por Jesús y con Jesús por los pobres, por los que sufren, por los que tienen hambre. Hoy se nos ofrece la oportunidad de juntar las manos, unir esfuerzos, en gesto de solidaridad y fraternidad global, las colectas serán destinadas a esta organización de la Iglesia.
La síntesis de las lecturas puede quedar de esta manera: la primera lectura, sacada del primer libro de Samuel, presenta como modelo de compasión y misericordia a David, que pudiendo vengarse de Saúl, su enemigo, le perdonó la vida, no queriendo atentar impunemente contra el ungido del Señor “no he querido extender la mi mano contra el ungido del Señor”. En el salmo cantamos la misericordia de Dios, y del cual sacamos de una de sus estrofas “No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas” San Pablo en la segunda lectura nos dice que somos carnales, terrenos, barro, pero nuestra verdadera imagen es ser hijos de Dios “…llevaremos la imagen del celestial” imagen de Dios misericordioso. Nos dice Jesús en el evangelio “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso”. El amor a los enemigos, la generosidad con los que nos piden, perdonar a los que nos ofenden… es el contenido del evangelio de hoy. Y entenderlo, es contemplar la misericordia de Dios, que tanto nos ama y perdona a lo largo de nuestra vida, a pesar de nuestras infidelidades.
La primera lectura presenta a David como vencedor que no se aprovecha de la debilidad del enemigo, no atenta contra Saúl que es el ungido de Dios. La venganza puede estar en la mano, pero el temeroso de Dios, la persona generosa e inteligente sabe que dejarse llevar por la venganza, la crueldad y el odio es propio de las personas despreciables y viles “que el Señor pague a cada uno según su justicia y fidelidad” David es fiel al Señor que es “compasivo y misericordioso” como cantamos en la antífona del salmo y en una de sus estrofas “te colma de gracia y de ternura”
San Pablo, en la segunda lectura, de la primera carta a los Corintios, presenta una visión fundamental de lo que es el hombre, que no se puede reducir a lo terrenal, a lo material. Es una cuestión antigua y muy actual acerca de la identidad el hombre. Si se incide en su condición material y olvidamos su olvidamos que está hecho a imagen y semejanza de Dios, condenamos al hombre al aquí y ahora; si, por el contrario, se incide en su parte espiritual despreciamos su carnalidad. Nuestra verdadera imagen es la de hijos de Dios “Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos la imagen del celestial” somo imagen de Dios que como nos recuerdan todas las lecturas de hoy es Dios Misericordia, misericordioso.
En el evangelio, el mensaje de Jesús es amar, incluso a los enemigos y renunciar a todo tipo de violencia para vengar las ofensas. Este relato de hoy es continuación del domingo pasado donde proclamábamos las bienaventuranzas.
Lucas este domingo propone cuales deben ser las actitudes del discípulo de Jesús que quiere ser ciudadano del Reino, y que para lo cual debe de poner por encima de todo las exigencias del Reino, sabiendo que los criterios de Dios no son los criterios del hombre “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian”.
Nos enseña Jesús a que seamos misericordiosos, a ser verdadera imagen y semejanza de Dios “seréis hijos del altísimo” y nos alerta de que “con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros”
Dios que se revela en Jesús es el Padre Misericordioso, el del Buen Samaritano, el que se compadece de la viuda. Imagen de dios que devuelve bien por mal, que da generosamente al que pide. Esta misericordia no entra en el juego del me debes, sino que es pura compasión con el necesitado, el humillado, el marginado, el empobrecido injustamente.
Seamos testigos de los valores del Reino y pidamos a nuestra Madre, a María, que interceda y nos asista en nuestro testimonio como discípulos de Jesús, capaces de amar incluso a nuestros enemigos.
Pidamos también por la Paz en el mundo, que en esta vieja Europa se callen los tambores guerra.
Este sexto domingo del tiempo ordinario, celebramos en nuestra parroquia la oración por los enfermos, cuya jornada fue pasado viernes 11 que coincide con el día del ayuno voluntario.
Las lecturas de este domingo son muy propias para la jornada nacional de Manos Unidas, la cual, no obstante, celebraremos Dios mediante, en nuestra parroquia, el próximo domingo, así mismo el día del ayuno voluntario ha sido trasladado al próximo viernes 18 de febrero, cena a la que estamos todos invitados. El profeta Jeremías en la primera lectura nos invita a preguntarnos: ¿En quién tenemos nuestra confianza? ¿En nosotros mismos, en nuestra fuerza, en el dinero y los bienes materiales? “Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza”. Y así lo cantamos en lo cantamos en la antífona del salmo “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”. Una confianza, que como bien nos dice s. Pablo en la segunda lectura, está puesta en la resurrección de Nuestro Señor, de Cristo “si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido” Ser cristiano supone confiar en Dios por encima de todo, viviendo la pobreza evangélica.
El evangelio, nos viene a decir que, en la práctica, esto se traduce en estar más cerca de los pobres, de los que sufren, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales, sabiendo que a Dios no lo vamos a ganar en generosidad “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. […] ¡Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!”.
La primera lectura tomada del profeta Jeremías trata de buscar un punto de apoyo para el hombre ¿Dónde ponemos nuestra confianza, en Dios o en los hombres?
El profeta nos dice que solo en Dios se puede dar ese apoyo, esa seguridad que las fuerzas humanas son incapaces de asegurar. La suerte o la desgracia no provienen de una benevolencia o castigo divino aleatorio, sino que tiene mucho que ver con el ser humano “apartando su corazón del Señor”. ¿Dónde ponemos la confianza? ¿Dónde basamos nuestra fe? Cantamos la primera estrofa del salmo “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos”
San Pablo en la segunda lectura nos dice que “si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado”, estamos propagando una gran mentira que solo sirve para calmar la ansiedad de la gente. Nuestra fe y confianza no la podemos poner en cosas vanas o fútiles. Tampoco la podemos poner en ideas que avalan al propio pensador o las ideas que este tenga. Nuestra fe se fundamenta en un acontecimiento, que no es un argumento para calmar o ilusionar a corazones tímidos, ni tampoco es un producto del imaginario cristiano. Se trata de un hecho que es histórico porque sucedió realmente en la historia “Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto”, no es un mito, ni una hipótesis.
El evangelio de Lucas nos trae este domingo su versión de las bienaventuranzas, que difieren de las de Mateo tanto en número como en trasfondo. El trasfondo que presenta la plenitud de la Ley que es Cristo:
“se ha dicho…pero yo os digo…” es propio de Mateo, sin embargo, en Lucas el trasfondo es de bendición seguido de maldición, sigue el esquema que hemos leído del profeta Jeremías en la primera lectura. Hay bienaventuranzas, pero también hay serias advertencias, los ayes.
El evangelio no es solo anuncio de buenas nuevas, sino denuncia del pecado. No podemos, ingenuamente, proclamar solo que Dios es bueno; debemos poner nombres y rostros de los ídolos que deforman y pretenden ocultar a Dios: el ídolo del poder absoluto y violento; el ídolo del enriquecimiento fácil e injusto; el ídolo de la manipulación de las personas, de la esclavitud sexual, del trabajo mal pagado y cualquiera de las formas que esta adquiere. Dios es el anti-ídolo, porque los ídolos destruyen y esclavizan al hombre, pero Dios quiere que el hombre viva. El anuncio de Jesús es bendición para los sencillos que se abren al Dios de la Vida y de la justicia “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”; es maldición “Ay de vosotros…”, advertencia amenazante para los que manipulan, pisan, desprecian a las personas, sean estas de cualquier condición social, religiosa o cultural que sea.
Vivir confiando solo en nosotros y en los demás, sin tener en cuenta a Dios nos aísla y encierra. Vivir confiando en Dios y en los demás nos trae bendición y felicidad. Todo lo hemos recibido por la resurrección de Jesús, y estamos llamados a vivir según el estilo de Jesús, haciendo nuestras las bienaventuranzas, participando de su vida.
Puesto que en el Señor vivimos, nos movemos y existimos, caminemos apoyados y junto al Señor; proclamemos las bienaventuranzas y mostremos a todos el amor de Dios que hemos recibido. Pedimos a Nuestro Señor por la intercesión de María la salud de los enfermos.