XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 12/09/2021

Vigésimo-cuarto domingo del tiempo ordinario, nos encontramos ante la confesión de fe de Pedro y en el que Jesús nos pregunta ¿Quién dice la gente que soy yo? Y a nosotros mismo nos dice: ¿Y vosotros que decís quien soy yo?
Jesús es el Mesías; pero su camino, no es precisamente un camino de rosas, es su pasión, muerte y resurrección.

Isaías así lo profetiza en la primera lectura: “Ofrecí la espalda a los que me golpea”, pero Dios no abandona siempre acompaña “El Señor Dios me ayuda”. En la misma línea, en el salmo, cantamos “el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó” la segunda lectura, es una crítica a la fe sin obras “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”. Pedro no quiso entender que el Mesías tenia que sufrir y fue rechazado por Jesús “¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Nosotros caemos muchas veces en la tentación de pensar que el camino de la Iglesia es el del triunfo y del aplauso, olvidamos que el que quiera seguir a Cristo tiene que negarse a sí mismo y cargar con su cruz.

La primera lectura es un fragmento del tercer canto del Siervo de Yhwh, un personaje misterioso, que termina salvando a su pueblo mediante el sufrimiento y la muerte. Identificamos este poema con Jesús, el mismo dice que el Hijo del Hombre tiene que padecer y el poema anticipa las ofensas, salivazos, golpes, burlas, insultos…

Dios, en este fragmento revela a su servidor lo mucho que va a sufrir “me ha abierto el oído”, pero que va a permanecer junto a él “Mi Señor me ayudaba”, “Tengo cerca a mi defensor”, “el Señor me ayuda”. El Siervo está convencido de que el sufrimiento no es un castigo de Dios, sino un paso previo al triunfo.

El siervo no se rebela, no se echa atrás, ofrece las espaldas y la mejilla a los golpes, no oculta el rostro a bofetadas y salivazos. Si Pedro hubiera comprendido este texto de Isaías, no se hubiese indignando ante las palabras de Jesús, que son el punto de vista de Dios, Pedro, sin embargo, piensa como los hombres, se deja llevar por sentimientos puramente humanos.

La carta de Santiago denuncia la postura del que dice y presume de tener fe, pero no hace nada bueno. Nos salva Jesús y su fe en él, pero lo que está claro que esa fe nos lleva a una vida guiada por los frutos del Espíritu de Dios. El texto refleja una polémica entre dos posturas, por un lado, los partidarios de observar estrictamente la Ley de Moisés, como si fuera ella la que nos salva; y por otro, la postura de los que defienden que la salvación viene por la fe en Cristo. Santiago, para esclarecer la polémica, pone como ejemplo la respuesta de uno que presume tener fe ante un hermano que pasa hambre “Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: ‘Id en paz; abrigaos y saciaos’, pero no les da lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?”. Es un ejemplo esclarecedor que nos da que pensar: ¿no actuamos nosotros de la misma manera, que creemos que por cumplir una serie de preceptos ya estamos salvados, sin importarnos nuestros hermanos?

En el evangelio, en el camino hacia Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Hasta ahora, Marcos, ha ido mostrando a Jesús como un personaje desconcertante que enseña con autoridad y tiene poder sobre los espíritus inmundos, perdona pecados, come con publicanos y pecadores, se considera con derecho de contravenir el sábado. Sus familiares piensan que está mal de la cabeza, los escribas que está endemoniado, los de Nazaret no creen en él y lo consideran simplemente el carpintero del pueblo. Mientras sus discípulos quedan desconcertados al calmar la tempestad en el lago. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trata del Bautista, Elías o cualquier otro de los profetas. El pueblo ve a Jesús en la línea de los antiguos profetas, que en tiempos de Jesús tenia connotaciones políticas, ven a Jesús como un libertador. Si la pregunta la hiciéramos la gente de nuestro entorno, las respuestas pueden ser de las más variopinta.

Ante la pregunta, no ya lo que dice la gente, sino que dicen sus discípulos, que la podemos extrapolar a nosotros mismos:

Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo? a lo que se lanza Pedro a responder con la confesión de fe: “Tú eres el Mesías”,

a lo que Jesús les ordena que no lo hablaran con nadie, y comienza a instruirlos diciéndoles que debe de padecer mucho, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Pedro, como muchos de nosotros, se queda en el sufrimiento. Jesús lo reprende con dureza y severidad. Pedro piensa como los hombres no como Dios. Jesús nos dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?”

Que el Señor nos ayude a tomar y cargar nuestra cruz, y a confesarlo como Mesías, como el Hijo de Dios, pues como decía S. Jerónimo “no es cosa cómoda ni tranquila confesar a Dios”

Feliz domingo y feliz semana.

Solemnidad de la Natividad de María. 08/09/2021

La Iglesia celebra hoy la festividad de la Natividad de María que, en algunas ciudades y pueblos que celebran fiestas en honor a su patrona bajo alguna advocación.

Tal es el caso de la diócesis de Málaga, que celebra a su patrona la Virgen de la Victoria, al tiempo que celebra con alegría el Nacimiento de María, de ella nació el Sol de justicia, Cristo, nuestro Salvador, Señor y Dios.

Ningún acontecimiento importante acompañó al nacimiento de María, los evangelios no nos dicen nada acerca de la Natividad de María. Nació, tal vez, en una ciudad de Galilea, con mucha probabilidad en Nazaret, pero aquel día nada se reveló a los hombres. El mundo seguía dando importancia a otros acontecimientos. Con frecuencia lo importante para Dios pasa desapercibido y casi oculto a los ojos de los hombres que siempre andan buscando algo extraordinario. Ese día sólo hubo fiesta y alegría en el cielo, fiesta a la cual nosotros nos unimos hoy. Este día nos señala que el Mesías está ya próximo, como dijo S. Juan Pablo II en Redemptoris Mater:

“María es la Estrella de la mañana que, en la aurora que precede a la salida del sol, anuncia la llegada del Salvador, el Sol de justicia en la historia del género humano”

La vida de María pasa inadvertida. Todo Israel esperaba a esa doncella anunciada en la escritura, a la mujer del llamado Protoevangelio, donde los cristianos vemos cumplidas las promesas en María y su Hijo, Jesucristo: “pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gén 3,15). De ella nacerá, la promesa de la que habla el profeta Miqueas en la primera lectura, “de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel” que pastoreará al pueblo de Israel “pastoreará con la fuerza del Señor” María es la Puerta por la que Dios entra en el mundo.

Y ante tan gran alegría cantamos en una de las antífonas para el salmo de hoy “Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho”

La liturgia de hoy, en la lectura de la carta a los Romanos, aplica a María este pasaje, en el que S. Pablo describe la misericordia divina que elige a los hombres para un destino: María es elegida para ser Madre del Hijo de Dios “Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera primogénito entre muchos hermanos” Dios da a cada uno las gracias que corresponde a cada uno y en su momento para la misión. “Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó” En este pasaje Dios nos da esperanza tanto para esta vida como para la futura. Incluso con el misterio del mal en el mundo, podemos estar seguros de la victoria última de Dios. Como dice Sta. Catalina de Siena: “Todo procede del amor, todo esta ordenado a la salvación del hombre. Dios no hace nada que no sea con este fin” y así lo hizo con María fue predestinada para ser la Madre Dios, la Madre de nuestro Señor que trae la salvación del hombre.

El evangelio nos recuerda la bondad de José, que también fue predestinado para ser el padre de Jesús y esposo de María, que no quería difamar a María, puesto que conforme a la ley judía le hubiera costado la muerte a María y como era hombre justo quiso tratar el asunto en privado, pero el ángel le hizo comprender que el Espíritu Santo había obrado en María.

Pero sobre todo lo que se destaca en la fiesta de hoy es la promesa cumplida, la profecía de lo que Dios dijo por medio del profeta: “Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que quiere significa Dios-con-nosotros”

Recordemos también nosotros que hemos recibido de Dios una llamada a cumplir una misión concreta en el mundo. Además de la alegría de contemplar a Nuestra Madre, a la Virgen María, también debemos pensar que Dios nos da a cada uno las gracias necesarias y suficientes para llevar a cabo nuestra vocación específica en medio del mundo.

Que María, interceda por nosotros y nos enseñe a servir a los demás sin ruido y guardando todas las cosas en nuestro corazón.

Feliz día de la Virgen Victoria, patrona de nuestra diócesis.

PADRE EN LA ACOGIDA

Después de los dos últimos meses de verano retomamos la reflexión sobre la figura de S. José de la mano del Papa Francisco en la encíclica Patris Corde, Corazón de Padre.

El apartado que reflexionaremos “San José, padre en la acogida” José acogió a María sin poner previamente objeciones y ni limitaciones, subordinó la ley a la caridad y el amor. Confió plenamente en lo que el ángel le dijo en sueños.

A lo largo de nuestra vida nos ocurren hechos y circunstancias que no entendemos. Nuestra reacción es casi siempre de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso al acontecimiento y, por más que le pareciera extraño, misterioso, incomprensible, lo acoge, asume la responsabilidad. No hay nada más estéril que la queja o la violencia. El realismo cristiano implica esperanza, no es ilusión. El libro de Job en este sentido nos dice: “El Señor mi Dios me lo dio, el Señor mi Dios me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor” y S. Gregorio Magno “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?” Si no aceptamos y acogemos los acontecimientos de nuestras vidas siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consecuentes decepciones. José no explica, sino que acoge sin miedo.

José no es un hombre que se resigna, es un valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo, que nos da la fuerza para acoger la vida tal como es, incluso ante acontecimientos inesperados y decepcionantes de la propia vida, de la propia existencia. Es un error pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan.

La fe que Cristo nos enseñó es, como la que vemos en san José, que no buscó atajos, sino que afrontó lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona. La acogida de José nos invita a acoger a nuestras circunstancias, por muy duras que sean, y acoger a los demás, al prójimo, sin exclusiones.

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 05/09/2021

Vigésimo-tercer domingo del tiempo ordinario por el que continuamos avanzando en la liturgia del tiempo ordinario, que hoy nos invita a la esperanza, a no dejarnos vencer por el miedo.

La primera lectura, tomada del profeta Isaías, anuncia la venida de Dios para salvar a su pueblo, Israel se encuentra en la antesala de la deportación a Babilonia: “Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos del sordo se abrirán” Por eso, en el salmo cantaremos “Alaba, alma mía, al Señor”, ya que Dios a pesar de los pecados y debilidades, mantiene su fidelidad perpetuamente.

La carta de Santiago, denuncia los criterios humanos e inicuos, nos pregunta “¿Acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino …?”  En el evangelio, Jesús se cumplen plenamente las profecías cuando cura a un sordomudo, “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”

El profeta Isaías detecta una falta de respuesta por parte del Pueblo “Sed fuertes, no temáis”, que podía alardear ante las demás naciones de su entorno de tener un Dios cerca de ellos, no es que Dios se hubiera alejado de ellos, ni que su palabra dejara de dirigirse a sus elegidos; sino que el ruido estruendoso de otras voces dominantes arrastra al Pueblo hasta el cautiverio. ¿No ocurre algo parecido hoy en nuestra sociedad, que voces estruendosas y dominantes quieren apagar la voz del Señor? También es cierto que no hay más sordo que el que no quiere oír, ni más ciego que el que no quiere ver. La falta de comunicación con Dios no es debida fallos de comunicación, a fallos de la tecnología, al contrario, la tecnología sirve y la facilita la comunicación, esta falta es debida al desinterés e indiferencia por escuchar la voz de Dios. Los israelitas elevaron sus deseos a Dios, que abrió sus oídos y escucharon de nuevo la palabra viva.

El salmo es una respuesta a la apertura de los oídos y de los ojos, en una de sus estrofas cantamos “El Señor abre los ojos al ciego”  y en otras nos recuerda que hace justicia a los oprimidos, da pan al hambriento, libera a los cautivos, sustenta al huérfano y a la viuda, y trastorna el camino de los malvados;

lo que queda muy bien resumido y sintetizado en la segunda lectura: Dios eligió a los pobres para hacerlos ricos en la fe.

La carta de Santiago nos advierte de conceder y favorecer a los ricos y poderosos, ya sea esta acepción por motivos personales o intereses particulares, los primeros puestos y honores, relegando a un segundo plano a los pobres, sin caer en la cuenta que los verdaderos tesoros de la Iglesia son precisamente los pobres.  “Hermanos míos, no mezcléis la fe nuestro Señor Jesucristo con la acepción de personas” Esta lectura es una invitación a la esperanza a pesar de los escándalos que de vez en cuando saltan a la palestra.

El milagro de la esperanza será imposible mientras que aquellos que tienen algún tipo de responsabilidad en la Iglesia, tanto al nivel parroquial como universal, sigan luchando por los primeros puestos y los puestos de honor.

En el evangelio de Marcos nos situamos al final del capitulo siete, Jesús ha curado ya a muchos enfermos: un leproso, un paralítico, uno con la mano atrofiada, una mujer con flujo de sangre, ha resucitado a la hija de Jairo, y ha curado otras muchas dolencias tanto físicas como psíquicas. Ninguno de estos milagros le ha supuesto el menor esfuerzo, bastó su palabra o el simple contacto con su persona o manto para que se produjese la curación. Pero la lectura en de hoy, la curación del sordo le va ha suponer un notable esfuerzo, el sordo que además habla con dificultad no viene por iniciativa propia como en las anteriores curaciones, sino que se lo traen algunos amigos o familiares. Jesús tiene que realizar un ritual, lo toma de la mano, lo aparta y se queda a solas con él, le mete los dedos en los oídos, escupe en sus dedos, toca con saliva la lengua del enfermo, levanta la vista al cielo, suspira y pronuncia  “Effetá (esto es ábrete)”  Con respecto a las anteriores curaciones nos preguntamos el porque en este caso el motivo  ritual, la respuestas quizás la tengamos en el relato anterior a este donde Jesús reprocha a sus discípulos “Tenéis ojos ¿y no veis? Tenéis oídos ¿y no oís?”  Ojos que no ven y oídos que no oyen.

Ceguera y sordera de los discípulos, sugiere lo difícil que fue para Jesús que Pedro y los demás discípulos terminaran viendo y oyendo, estos abrirán los ojos y los oídos con la resurrección, y a nosotros no pasa algo parecido, abriremos nuestros ojos y oídos cunado exclamemos como Tomás “¡Dios mío y Señor mío!”

Un detalle que no pasa desapercibido al final de la lectura es que el gentío decía “Todo lo ha hecho bien: …” que nos recuerda el relato de la creación “Y vio Dios que todo era bueno” y a las palabras de Pedro el día de Pentecostés acerca de Jesús “pasó haciendo el bien” destacando la bondad de Jesús.

Señor que no hagamos acepciones de personas y ayúdanos abrir los ojos y oídos a tu Palabra, que sea anunciada y proclamada.

Feliz domingo y feliz semana.