XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 27/06/2021

En este decimotercer domingo del tiempo ordinario habría que destacar la excelencia, vivimos en una sociedad donde se habla de excelencia empresarial, educacional, profesional … y precisamente hoy en la segunda lectura S. Pablo nos invita a ser excelentes en la caridad, a ser espléndidos y desmedidos en la caridad.

De las lecturas de este domingo podemos resumir, de la primera lectura que “Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo a imagen de su propio ser; más por envidia del diablo entró la muerte en el mundo.”

En el salmo, el hombre al sentirse salvado da gracias a Dios “Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre”

S. Pablo, en la segunda lectura, nos invita a la caridad, a tener manga ancha para la caridad, “Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba” El Hijo de Dios se hizohombre para vencer al pecado y a la muerte, cuando murió enla cruz y resucitó. Jesús en su vida pública, anunció esta victoriacuando resucitaba a los muertos, como es el caso del Evangelio de hoy,la resurrección de la hija de Jairo, al que pidió únicamenteque tuviera fe “No temas; basta que tengas fe” lo mismo con la mujer hemorroisa, le sana y le salva su fe.

El libro de la Sabiduría afirma que la muerte no es algo querido por Dios, sino que entró en el mundo por envidia del diablo “Dios no hizo la muerte ni se complace destruyendo a los vivos” Si tuviéramos que destacar algo propio del evangelio de Marcos es la constante lucha entre Jesús y Satanás. Precisamente en la lectura del pasaje del evangelio, de este domingo, es una victoria sobre el que introdujo la muerte en el mundo por envidia, este es el sentido de la resurrección de la hija de Jairo.

En la segunda lectura Pablo anima a los corintios a ayudar económicamente a la comunidad madre de Jerusalén presa de una gran hambruna y miseria que afectó a la zona del Mediterráneo y de manera más grave a la zona de Palestina. Para ello les recuerda el ejemplo de gran generosidad de Nuestro Señor Jesucristo:

“Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza”

Pablo nos invita a ser muy generosos, a ser espléndidos y tener manga ancha para la caridad “Lo mismo que sobresalís en todo – en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado -, sobresalid también en esta obra de caridad.” Este es un tema de gran actualidad en nuestros días y en nuestros entornos, la pandemia ha llevado a personas muy cercanas, a algunos de nuestros vecinos a pasarlo mal económicamente por la pérdida de sus empleos, los ertes …

En el evangelio leemos el relato de dos milagros, podíamos decir que es un dos en uno, comienza relatando un milagro, la resurrección de la hija de Jairo, y en medio se mete la sanación de la mujer hemorroisa. Comienza el relato con algo muy normal, un padre preocupado por su hija que está gravemente enferma, pero lo que destaca es la fe este padre, pues está convencido que Jesús la curará con ponerles las manos encima “impón las manos sobre ella para que se cure y viva”. Eso mismo era lo que pensaba la gente, así lo cuenta Lucas en su evangelio “toda la gente intentaba tocarlo, porque salía de él una fuerza que curaba a todos” (Lc 6,9). Efectivamente los evangelios están llenos de relatos donde Jesús cura imponiendo las manos, poder que es concedido por Jesús a los discípulos. Los evangelios de Mateo y Juan son algo reacios a este procedimiento ya que podría causar la impresión de un poder mágico.

En la mujer hemorroisa encontramos un nuevo método de sanación, tocar el manto “Con solo tocarle el manto curaré” El manto o talit judío tiene cuatro puntas sobresalientes que representan las cuatro letras YHWH que son las letras de la palabra Dios.

La mujer entendía a la perfección lo que significaba el borde del manto de Jesús y pensaba que con tocar solamente este borde o fleco bastaría. Fue un tremendo acto de fe, pues significaba que la mujer estaba aferrándose al nombre de Dios.

Esto ocurre con mucha frecuencia entre muchas personas de nuestro entorno, que, ante momentos de debilidad, de crisis, de necesidad, necesidad de sanación de cualquier dolencia, se acercan a Jesús, se acercan a Dios, con un a fe sencilla y humilde se acercan a pedir sanación o remedio para su situación. Ocurría por aquel entonces, y ocurre hoy en nuestros días.

Feliz domingo y feliz semana.

 

SOLEMNIDAD DE S. JUAN BAUTISTA

La Iglesia celebra hoy la solemnidad de S. Juan Bautista, y nuestro pueblo lo hace una forma especial al ser el patrón de verano y de las fiestas de nuestro municipio.

Es el Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, lleno de Espíritu Santo se alegró sobremanera por la próxima llegada de Nuestro Señor y Salvador. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista. Es tan grande este último profeta que el libro de los Hechos de los Apóstoles lo coloca al inicio del movimiento de Jesús, en la conversión del centurión Cornelio, Lucas pone en boca de Pedro “la cosa empezó en Galilea cuando Juan predicaba el bautismo” (Hch. 10,37). Y en mismo libro, ahora boca de Pablo, en la segunda lectura “Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegará Jesús”

San Agustín, en la segunda lectura del oficio de hoy, dice que “la Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único cuyo nacimiento festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo”.

Es el último Profeta del Antiguo Testamento y el primero que señala al Mesías. Su nacimiento “fue motivo de gozo para muchos”, para todos aquellos que por su predicación conocieron a Cristo; fue la aurora que anuncia la llegada del día. Por eso, San Lucas, en su evangelio, resalta con pelos y señales la época de su aparición en un momento histórico bien concreto: El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea…

Cuando el hijo de Zacarías e Isabel fue circuncidado no recibió el nombre de su padre, sino Juan “Juan es su nombre” que significa fiel a Dios. Esto significó la vocación de aquel niño de ser profeta del Altísimo, porque fue delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación. Él fue escogido por Dios, ya desde el vientre de su madre, así lo recitamos en la antífona del salmo “Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.”. Fue escogido para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. Él bautizó en el Jordán a Nuestro Señor. Juan fue un hombre enviado por Dios para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.

Juan viene a ser la línea divisoria entre los dos Testamentos. Su predicación es el comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios, y su martirio es un presagio de la Pasión. Juan es voz pasajera que anuncia a Cristo que es la Palabra eterna desde el principio.

Los cuatro Evangelistas coinciden en aplicar a Juan el oráculo de Isaías: “He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te preceda y prepare el camino. Voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” El Profeta se refiere en primer lugar a la vuelta de los judíos a Palestina, después de la cautividad de Babilonia: ve a Dios como rey y redentor de su pueblo, después de tantos años en el destierro, caminando a la cabeza de ellos, por el desierto de Siria, para conducirlos con mano segura a la tierra de donde fueron arrancados. Le precede un heraldo, según la antigua costumbre de Oriente, para anunciar su próxima llegada y hacer arreglar los caminos, de los que, en aquellos tiempos, nadie solía cuidar, a no ser en circunstancias muy relevantes. Esta profecía, además de haberse realizado en la vuelta del destierro, tenía un significado más pleno y profundo en un segundo cumplimiento al llegar los tiempos del Mesías.

Los cuatro Evangelistas coinciden en aplicar a Juan el oráculo de Isaías: “He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te preceda y prepare el camino. Voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”

También el Señor había de tener su heraldo en la persona del Precursor, que iría delante de Él, preparando los corazones a los que había de llegar el Redentor. Contemplando hoy, en la Solemnidad de su nacimiento, la gran figura del Bautista que tan fielmente llevó a cabo su cometido, podemos pensar nosotros si también allanamos el camino al Señor entre nuestros amigos y parientes, si somos esa voz que clama en este Alhaurín. Los cristianos somos heraldos de Cristo en el mundo de hoy, o así debería ser. El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine. “Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.”

Feliz día de S. Juan Bautista y patrón nuestro.

PADRE EN LA OBEDIENCIA

Continuamos con la reflexión sobre Patris Corde, Corazón de Padre. Reflexionamos “San José, padre en la obediencia” José fue llamado para servir a Dios mediante la paternidad. Bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre.

José andaba nervioso, descolocado, desconcertado, no alcanzaba a entender el embarazo de María.

No quería denunciarla públicamente, y decidió romper su compromiso en secreto. Si a hubiese denunciado, María hubiese sido lapidada. José se destaca por su enorme bondad, decidió abandonar a María en secreto, quiso quitarse de en medio. Esto le hubiese ocasionado quedar en muy mal lugar, imaginad esto en esa sociedad judía del siglo I, dejar a una joven mujer embarazada y abandonarla. Preferío quedar mal y salvaguardar la vida de María y del Niño aún no nacido.

En el primer sueño, los sueños en la Biblia y en los pueblos de la antigüedad, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad, el ángel lo sacó de dudas: “No temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella proviene del Espíritu Santo.” Al despertar del sueño José responde, obedece, se hace cargo de María.

En el segundo sueño el ángel ordenó a José: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te avise”. José no lo dudó un instante, obedeció y marcho con María y el Niño a Egipto. Llegado el momento y avisado en sueños, obedeció y regresó junto con María y el Niño Jesús.

Durante el regreso, avisado nuevamente en sueños al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá y, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea”, José nuevamente obedece.

San Lucas resalta que los padres de Jesús obedecieron todas las prescripciones y ritos de la ley:  la circuncisión de Jesús, la purificación de María, la presentación del primogénito a Dios. En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su fiat, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 20/06/2021

El domingo pasado las lecturas usaban imágenes vegetales para presentar el crecimiento del Reino: cedro, palmera, mostaza. Este domingo, usan las imágenes relacionadas con el agua, con la tormenta, la tempestad con el significado de peligro, de amenaza para vida, podemos asimilarlo a un tsunami que devora y destruye la tierra firme.

En la lectura del libro de Job, Dios se muestra a Job como el Señor del mar y del universo. Dios puso límites, puertas y cerrojos al mar “…establecí un límite poniendo puertas y cerrojos, …” En el fragmento del salmo de hoy, se recoge la experiencia de aquellos navegantes que eran sorprendidos por la tormenta en mitad de la navegación, “Pero gritaron en su angustia, y los arrancó de la tribulación” S. Pablo, en la segunda lectura muestra a Jesús cuyo poder se muestra en la debilidad “El que murió por nosotros”.  En el Evangelio, Jesús hace el milagro de apaciguar el viento y la tormenta en la barca con sus discípulos que, asustados, mostraban la debilidad de su fe, “Maestro, ¿no te importa que perezcamos”

El libro de Job recoge el tema del mar como símbolo de las fuerzas caóticas, el mar es una fuerza que amenaza con cubrirlo todo, pero el poder del Señor le pone límites, lo encierra con doble puerta, le fija un confín en el que “… romperá la arrogancia de sus olas” El mar no es una amenaza solo para la tierra firme, sino que también lo era para aquellas naves antiguas y sus sistemas de navegación basado en el sol y las estrellas. En el momento más inesperado se oscurece el cielo y estalla la tormenta, la nave queda a merced del fuerte y frenético oleaje.

Solo cabe la posibilidad de encomendarse a Dios. Así se recoge en el salmo, ante la tormenta claman al cielo, la tormenta es apaciguada y dan gracias a Dios “Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia”

En el Evangelio se preguntan los discípulos “¿Quién es este?”, sorprendidos por su poder sobre el viento y el mar. La respuesta que da Pablo en la segunda lectura sobre quién es Jesús no se basa en el poder sino en la debilidad. Pero esta aparente debilidad tiene un enorme poder de transformación, nos convierte en criaturas nuevas, que ya no viven para ellos mismos, “sino para quién murió y resucitó por ellos” Vivir para Cristo es la mejor síntesis de lo que fue la vida de S. Pablo. Continuos viajes, peligros, las comunidades, persecuciones, prisiones, la redacción de las cartas… todo motivado por el deseo de servir a Cristo y vivir para él. Un buen espejo en que mirarnos.

En el evangelio la tormenta nos recuerda la situación de grave peligro descrita en el salmo. En este caso los discípulos no se encomiendan a Dios, acuden a Jesús. No creen que pueda resolver el problema, pero les asombra que esté tan tranquilo durmiendo cuando están a punto de hundirse. La acción de Jesús, recuerda a la lectura de Job, por el poder y autoridad suprema que Jesús manifiesta sobre el mar.

La reacción de los discípulos, es semejante a la que hemos escuchado del salmo, pero con una gran diferencia, mientras los marineros del salmo se llenan de alegría y dan gracias a Dios, los discípulos tienen miedo y se preguntan quién es Jesús “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!”

Las palabras de Jesús a sus discípulos los interroga por sus miedos y su fe. De hecho, el evangelio, nos dice dos cosas: la primera el poder de Jesús es semejante al poder de Dios en el Antiguo Testamento, domina el mar y salva; la segunda, nos interpela a reconocer nuestros miedos y nuestra poca fe. El evangelio ha de sorprendernos cada día e interpelarnos a preguntarnos quien es Jesús.

Desde antiguo, la barca en el mar simboliza a la Iglesia. En ella Cristo va con nosotros y, en medio de las tempestades de este mundo, de las dificultades, de la persecución, hemos de mantener nuestra fe en él, pues nunca nos abandona.

Feliz domingo y feliz semana.

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Retomamos el tiempo ordinario que dejamos allá por febrero antes de Miércoles de Ceniza. En realidad el tiempo ordinario comenzó el lunes siguiente al domingo de Pentecostés, estos dos últimos domingos después de Pentecostés, la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, son como un solapamiento entre el tiempo pascual y el tiempo ordinario. Continuamos con las lecturas del evangelio según S. Marcos correspondiente al ciclo B en el que estamos inmersos.

En la primera lectura Dios recuerda que Él exalta al árbol humilde “Yo exalto al árbol humilde”. El salmo nos invita a dar gracias a Dios “Es bueno darte gracias, Señor”.

San pablo en la segunda lectura, a pesar en los momentos de crisis, de destierro, nos mueve a agradar al Señor “En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor”. El evangelio en continuidad con la primera lectura, la parábola del grano de mostaza en el evangelio, lo modesto, y la rama de cedro en Ezequiel, lo grandioso, recuerdan que Dios se sirve de lo pequeño, de lo humilde, de lo sencillo “Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas”. El Señor eligió a unos pocos hombres para instaurar su reinado en el mundo. Eran la mayoría de ellos humildes pescadores con escasa cultura, llenos de defectos y sin medios materiales, así lo dice el mismo S. Pablo en 1ª Cor 1, 27: “eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes”

El texto de Ezequiel se debe situar como una promesa de restauración después de la catástrofe que supuso para el pueblo de Israel el destierro a Babilonia. La vanagloria de Israel, podemos decir que se la tenían creída, los llevó a pensar que Dios nunca los abandonaría, el pueblo dio las espaldas a Dios y les sobrevino la desgracia, el destierro. De allí, salvó Dios al resto plantándolo de nuevo en su tierra, de la que habían sido despojados y arrancados “También yo había escogido una rama de la cima del alto cedro y la había plantado”.

 El profeta se dirige a los judios de su tiempo, desanimados por tantas desgracias políticas, económicas y religiosas. Para infundirles esperanzas, compara al pueblo con un árbol, pero no como el de mostaza del evangelio, sino con un frondoso y majestuoso cedro, del que Dios arranca un esqueje para plantarlo.

Así crecerán, como dice el salmo en una de sus estrofas, “El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios”

San Pablo nos advierte del riesgo de no ver los frutos, debido a nuestros sentimientos de fracaso ante la evangelización; llega incluso a suponer que sufrimos la lejanía de Dios, sentimos algo así como le ocurrió al pueblo de Israel, nos sentimos como si hubiésemos sido desarraigados de nuestra tierra, aquella en la que Dios nos plantó, “Siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor, caminamos en fe y no en visión”. Con todo, S. Pablo insiste en que continuemos creciendo, viviendo, y esforzándonos por agradar a Dios “en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo”. Los obstáculos del ambiente no nos deben desanimar, aunque veamos en nuestra sociedad signos semejantes, o iguales, a los del tiempo de San Pablo. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestra mano, aunque nos parezca poca cosa, tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza, porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto dará sus frutos.

En el evangelio narra dos parábolas del crecimiento del Reino, en la primera el Reino sigue creciendo mientras el campesino duerme, nos viene a decir que a pesar de todo el Reino crecerá, sólo debemos sembrar, Él ya se encarga del crecimiento.

En la segunda advierte que, a pesar de su pequeñez y modestia, el grpano de mostaza llega hacerse un árbol donde también anidan los pájaros, “echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra” pero sin la majestuosidad, frondosidad y la grandiosidad del cedro de la primera lectura.

Señor, que no pierda la confianza en el crecimiento del Reino, y que añada mi insignificante gota de agua.

Feliz domingo y feliz semana.