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PADRE EN LA OBEDIENCIA

Continuamos con la reflexión sobre Patris Corde, Corazón de Padre. Reflexionamos “San José, padre en la obediencia” José fue llamado para servir a Dios mediante la paternidad. Bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre.

José andaba nervioso, descolocado, desconcertado, no alcanzaba a entender el embarazo de María.

No quería denunciarla públicamente, y decidió romper su compromiso en secreto. Si a hubiese denunciado, María hubiese sido lapidada. José se destaca por su enorme bondad, decidió abandonar a María en secreto, quiso quitarse de en medio. Esto le hubiese ocasionado quedar en muy mal lugar, imaginad esto en esa sociedad judía del siglo I, dejar a una joven mujer embarazada y abandonarla. Preferío quedar mal y salvaguardar la vida de María y del Niño aún no nacido.

En el primer sueño, los sueños en la Biblia y en los pueblos de la antigüedad, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad, el ángel lo sacó de dudas: “No temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella proviene del Espíritu Santo.” Al despertar del sueño José responde, obedece, se hace cargo de María.

En el segundo sueño el ángel ordenó a José: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te avise”. José no lo dudó un instante, obedeció y marcho con María y el Niño a Egipto. Llegado el momento y avisado en sueños, obedeció y regresó junto con María y el Niño Jesús.

Durante el regreso, avisado nuevamente en sueños al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá y, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea”, José nuevamente obedece.

San Lucas resalta que los padres de Jesús obedecieron todas las prescripciones y ritos de la ley:  la circuncisión de Jesús, la purificación de María, la presentación del primogénito a Dios. En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su fiat, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 20/06/2021

El domingo pasado las lecturas usaban imágenes vegetales para presentar el crecimiento del Reino: cedro, palmera, mostaza. Este domingo, usan las imágenes relacionadas con el agua, con la tormenta, la tempestad con el significado de peligro, de amenaza para vida, podemos asimilarlo a un tsunami que devora y destruye la tierra firme.

En la lectura del libro de Job, Dios se muestra a Job como el Señor del mar y del universo. Dios puso límites, puertas y cerrojos al mar “…establecí un límite poniendo puertas y cerrojos, …” En el fragmento del salmo de hoy, se recoge la experiencia de aquellos navegantes que eran sorprendidos por la tormenta en mitad de la navegación, “Pero gritaron en su angustia, y los arrancó de la tribulación” S. Pablo, en la segunda lectura muestra a Jesús cuyo poder se muestra en la debilidad “El que murió por nosotros”.  En el Evangelio, Jesús hace el milagro de apaciguar el viento y la tormenta en la barca con sus discípulos que, asustados, mostraban la debilidad de su fe, “Maestro, ¿no te importa que perezcamos”

El libro de Job recoge el tema del mar como símbolo de las fuerzas caóticas, el mar es una fuerza que amenaza con cubrirlo todo, pero el poder del Señor le pone límites, lo encierra con doble puerta, le fija un confín en el que “… romperá la arrogancia de sus olas” El mar no es una amenaza solo para la tierra firme, sino que también lo era para aquellas naves antiguas y sus sistemas de navegación basado en el sol y las estrellas. En el momento más inesperado se oscurece el cielo y estalla la tormenta, la nave queda a merced del fuerte y frenético oleaje.

Solo cabe la posibilidad de encomendarse a Dios. Así se recoge en el salmo, ante la tormenta claman al cielo, la tormenta es apaciguada y dan gracias a Dios “Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia”

En el Evangelio se preguntan los discípulos “¿Quién es este?”, sorprendidos por su poder sobre el viento y el mar. La respuesta que da Pablo en la segunda lectura sobre quién es Jesús no se basa en el poder sino en la debilidad. Pero esta aparente debilidad tiene un enorme poder de transformación, nos convierte en criaturas nuevas, que ya no viven para ellos mismos, “sino para quién murió y resucitó por ellos” Vivir para Cristo es la mejor síntesis de lo que fue la vida de S. Pablo. Continuos viajes, peligros, las comunidades, persecuciones, prisiones, la redacción de las cartas… todo motivado por el deseo de servir a Cristo y vivir para él. Un buen espejo en que mirarnos.

En el evangelio la tormenta nos recuerda la situación de grave peligro descrita en el salmo. En este caso los discípulos no se encomiendan a Dios, acuden a Jesús. No creen que pueda resolver el problema, pero les asombra que esté tan tranquilo durmiendo cuando están a punto de hundirse. La acción de Jesús, recuerda a la lectura de Job, por el poder y autoridad suprema que Jesús manifiesta sobre el mar.

La reacción de los discípulos, es semejante a la que hemos escuchado del salmo, pero con una gran diferencia, mientras los marineros del salmo se llenan de alegría y dan gracias a Dios, los discípulos tienen miedo y se preguntan quién es Jesús “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!”

Las palabras de Jesús a sus discípulos los interroga por sus miedos y su fe. De hecho, el evangelio, nos dice dos cosas: la primera el poder de Jesús es semejante al poder de Dios en el Antiguo Testamento, domina el mar y salva; la segunda, nos interpela a reconocer nuestros miedos y nuestra poca fe. El evangelio ha de sorprendernos cada día e interpelarnos a preguntarnos quien es Jesús.

Desde antiguo, la barca en el mar simboliza a la Iglesia. En ella Cristo va con nosotros y, en medio de las tempestades de este mundo, de las dificultades, de la persecución, hemos de mantener nuestra fe en él, pues nunca nos abandona.

Feliz domingo y feliz semana.

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Retomamos el tiempo ordinario que dejamos allá por febrero antes de Miércoles de Ceniza. En realidad el tiempo ordinario comenzó el lunes siguiente al domingo de Pentecostés, estos dos últimos domingos después de Pentecostés, la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, son como un solapamiento entre el tiempo pascual y el tiempo ordinario. Continuamos con las lecturas del evangelio según S. Marcos correspondiente al ciclo B en el que estamos inmersos.

En la primera lectura Dios recuerda que Él exalta al árbol humilde “Yo exalto al árbol humilde”. El salmo nos invita a dar gracias a Dios “Es bueno darte gracias, Señor”.

San pablo en la segunda lectura, a pesar en los momentos de crisis, de destierro, nos mueve a agradar al Señor “En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor”. El evangelio en continuidad con la primera lectura, la parábola del grano de mostaza en el evangelio, lo modesto, y la rama de cedro en Ezequiel, lo grandioso, recuerdan que Dios se sirve de lo pequeño, de lo humilde, de lo sencillo “Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas”. El Señor eligió a unos pocos hombres para instaurar su reinado en el mundo. Eran la mayoría de ellos humildes pescadores con escasa cultura, llenos de defectos y sin medios materiales, así lo dice el mismo S. Pablo en 1ª Cor 1, 27: “eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes”

El texto de Ezequiel se debe situar como una promesa de restauración después de la catástrofe que supuso para el pueblo de Israel el destierro a Babilonia. La vanagloria de Israel, podemos decir que se la tenían creída, los llevó a pensar que Dios nunca los abandonaría, el pueblo dio las espaldas a Dios y les sobrevino la desgracia, el destierro. De allí, salvó Dios al resto plantándolo de nuevo en su tierra, de la que habían sido despojados y arrancados “También yo había escogido una rama de la cima del alto cedro y la había plantado”.

 El profeta se dirige a los judios de su tiempo, desanimados por tantas desgracias políticas, económicas y religiosas. Para infundirles esperanzas, compara al pueblo con un árbol, pero no como el de mostaza del evangelio, sino con un frondoso y majestuoso cedro, del que Dios arranca un esqueje para plantarlo.

Así crecerán, como dice el salmo en una de sus estrofas, “El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios”

San Pablo nos advierte del riesgo de no ver los frutos, debido a nuestros sentimientos de fracaso ante la evangelización; llega incluso a suponer que sufrimos la lejanía de Dios, sentimos algo así como le ocurrió al pueblo de Israel, nos sentimos como si hubiésemos sido desarraigados de nuestra tierra, aquella en la que Dios nos plantó, “Siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor, caminamos en fe y no en visión”. Con todo, S. Pablo insiste en que continuemos creciendo, viviendo, y esforzándonos por agradar a Dios “en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo”. Los obstáculos del ambiente no nos deben desanimar, aunque veamos en nuestra sociedad signos semejantes, o iguales, a los del tiempo de San Pablo. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestra mano, aunque nos parezca poca cosa, tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza, porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto dará sus frutos.

En el evangelio narra dos parábolas del crecimiento del Reino, en la primera el Reino sigue creciendo mientras el campesino duerme, nos viene a decir que a pesar de todo el Reino crecerá, sólo debemos sembrar, Él ya se encarga del crecimiento.

En la segunda advierte que, a pesar de su pequeñez y modestia, el grpano de mostaza llega hacerse un árbol donde también anidan los pájaros, “echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra” pero sin la majestuosidad, frondosidad y la grandiosidad del cedro de la primera lectura.

Señor, que no pierda la confianza en el crecimiento del Reino, y que añada mi insignificante gota de agua.

Feliz domingo y feliz semana.

DOMINGO DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO. CORPUS CHRISTI

Hoy es la Solemnidad del Corpus Christi, como una prolongación del misterio que nace el Jueves Santo, la Iglesia manifiesta este domingo su fe en la presencia real y verdadera de Jesús en este sacramento admirable.

Es la veneración pública y solemne de la Eucaristía, como memorial de la entrega pascual de Jesús, y testimonio de su victoria final y su Resurrección. Es uno de los días más gozosos y festivos del calendario litúrgico, es uno de esos días que reluce más que el sol. Dios es Amor y su Hijo Jesús, su imagen perfecta, también es Amor. A partir de este hecho, entendemos que todo lo que hace Jesús brota de su ser Amor. La iglesia celebra una de sus prodigiosas obras de amor: el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

La Eucaristía es el sacramento del inmenso amor del Señor en el que se conmemoramos su Pascua. Su Cuerpo y su Sangre quieren ser recuerdo permanente de lo que fue su vida, muerte y resurrección.

Las lecturas de hoy centran la atención en el compromiso del cristiano con Dios, sellado con el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La primera lectura narra el momento culminante de la experiencia del pueblo de Israel en el monte Sinaí. Después de escuchar la proclamación de la voluntad de Dios manifiesta su voluntad de cumplirla “Haremos todo lo que dice el Señor” y se establece una alianza entre el Señor y el pueblo que es refrendado por un rito con sangre. En el mismo sentido de cumplir la voluntad de Dios nos habla el salmo “Cumpliré al Señor mis votos” La segunda lectura se centra en la sangre, el perdón y la nueva alianza. Esta sangre ya no es de becerros ni de machos cabríos, ahora es la “la suya propia” y “Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza” El evangelio comienza con la comida y termina aludiendo a la sangre de la nueva alianza “Después, tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.” Y con ello Jesús sella una nueva alianza.

En la lectura del Éxodo relata una liturgia sagrada, un banquete que quiere ratificar la Alianza que Dios ha hecho con el pueblo que liberado de la esclavitud.

“Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo: Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras.” El misterio de la sangre, de su aspersión, expresan el misterio de comunión de vida entre Dios y su pueblo ya que, según se pensaba, la vida estaba en la sangre. Poe eso este texto se considera como prefiguración de la Nueva Alianza que Jesús adelanta en la última cena.

La carta a los Hebreos, que es uno de los escritos más denso de todo el Nuevo Testamento, el texto de hoy pone de manifiesto que los sacrificios de la Antigua alianza no pudieron conseguir lo que Jesucristo consigue con el suyo, con la entrega de su propia vida. Y esto lo ha realizado “una vez para siempre” en la cruz, de tal manera que los efectos de la muerte de Jesús, la redención y el amor por los hombres, se hacen presentes en la celebración de este sacramento. Es en la propia vida entregada como se logra la comunión más intima con lo divino, sin necesidad de sustitutos de ninguna especie. La muerte de Jesús, su vida entregada a los hombres y no a Dios, es el Testamento verdadero del que hacemos memoria.

El evangelio expone la preparación de la última cena de Jesús con los suyos y la tradición de sus gestos y sus palabras en aquella noche, antes de morir.

Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Después, tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.”

“ Aquella noche, independientemente de que fuera o no una cena ritualmente pascual, Jesús hizo y dijo cosas que quedaron grabadas en la conciencia de los suyos y que aún siguen grabadas en nosotros “haced esto en memoria mía” Sus palabras sobre el pan y sobre el cáliz expresan la magnitud de lo que quería hacer en la cruz: entregarse por los suyos, por todos los hombres, por el mundo, con un amor sin medida. Con ello nos demuestra que solo desde el amor hay futuro. La Eucaristía es el sacramento que nos une a ese misterio de la vida de Cristo, de Dios mismo.

Señor, que por medio de la Eucaristía seamos miembros activos de tu pueblo y testimoniemos con nuestras vidas la alianza de Amor que has realizado en cada uno de nosotros.

Feliz domingo de la Santísima Sangre y Cuerpo de Cristo y feliz semana.

 

 

 

 

DOMINGO DE LASANTÍSIMA TRINIDAD

Comenzábamos el año litúrgico con el Adviento y la Navidad, celebrando como Dios Padre envía a su Hijo al mundo. El domingo pasado, el de Pentecostés, celebramos el envío del Espíritu Santo, que nos prepara para celebrar a los tres en una sola fiesta.

En este, ya tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, tenemos a la Trinidad, por eso hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, culminado el tiempo pascual y retomando el tiempo ordinario.

Celebramos también la vida contemplativa, la jornada “Pro Orantibus”.

Las lecturas escogidas para hoy se relacionan con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En la primera lectura pasa revista a los grandes acontecimientos que le han dado al pueblo de israel una identidad: Dios Padre los libera la esclavitud en Egipto, se manifiesta en el Sinaí, les da la tierra prometida, Canaán. La antífona del salmo nos recuerda precisamente la elección del pueblo “Dichoso el pueblo que el Señor eligió como heredad” En la segunda lectura el Espíritu Santo nos lleva a invocar a Dios, como lo hizo Jesús, el Hijo, como “Abbá, Padre”. En el evangelio es el Hijo el que nos envía a hacer discípulos, además de ser el texto más claro de todo el Nuevo Testamento en la formulación trinitaria.

La lectura del libro del Deuteronomio, escrito siglos antes de Jesús, no habla de la Trinidad. La revelación de Dios es progresiva a lo largo de la historia. El texto se limita a hablar de Dios y busca inculcar en los israelitas tres actitudes: primero, la admiración ante lo que Dios ha hecho por ellos “¿Intentó jamás un dios venir a escogerse una nación entre las otras mediante pruebas, signos, prodigios, y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?”; segundo, el reconocimiento de que es el único Dios y no hay otro, “el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra” esto es algo que a nosotros nos puede parecer normal, pero en esa época no lo era tanto, los pueblos tenían muchos dioses, algo similar ocurre en nuestra sociedad, tiene muchos dioses, tenemos nuestros panteones particulares, en los que encontramos al dios dinero, al dios poder, etc.; y tercero, Dios les pide fidelidad a sus preceptos, “Observad los mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy”

En Romanos, Pablo, subraya, no solo que Dios es Padre de Jesús, sino que es Padre de cada uno de nosotros, porque nos adopta como hijos. Y el Espíritu Santo nos libra del miedo y nos hace gritarle “¡Abbá, Padre!”, nos hace coherederos con Cristo

“Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, de modo que, si sufrimos con él, seremos glorificados también con él”

La formulación de la Trinidad que hace Pablo no es tan clara como la que hace el evangelio, pero Pablo menciona expresamente al Espíritu de Dios, al Padre y a Cristo, y pone de relieva la relación de cada una de las personas de la Trinidad con nosotros.

En el evangelio se muestra la formula trinitaria de forma clara: “…bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” Jesús después de su muerte adquiere pleno poder en el cielo y en la tierra, y puede garantizar a los discípulos que estará con ellos hasta el fin del mundo. Nos lanza a la misión de hacer nuevos discípulos por todo el mundo. Esta misión se lleva a cabo bautizando y enseñando. Mientras en la primera lectura, Dios exigía a los israelitas que cumplan y guarden los preceptos que les entregó, en el evangelio Jesús hace hincapié en la importancia de “guardar todo lo que os he mandado”

Señor, haznos conscientes de que nos has pasado el testigo.

Feliz domingo de la Santísima Trinidad y feliz semana.